Mateo 

Capitulo 1

1 Este es el libro sobre los or’genes de Jesœs, El Ungido, el hijo de David, el hijo de Abraham.

2 Abraham engendr— a Isaac, Isaac engendr— a Jacob. Jacob engendr— a Jud‡ y sus hermanos. 3 Jud‡ engendr— a PŽrez por medio de Tamar. PŽrez engendr— a Hezr—n. Hezr—n engendr— a Ram. 4 Ram engendr— a Aminadab. Aminadab engendr— a Nas—n. Nas—n engendr— a Salm—n, 5 Salm—n engendr— a Boaz mediante Rahab. Boaz engendr— a Obed mediante Rut. Obed engendr— a JesŽ. 6 JesŽ engendr— a David, el rey.

David engendr— a Salom—n mediante la esposa de Ur’as. 7 Salom—n engendr— a Rehoboam. Rehoboam engendr— a Abijah. Abijah engendr— a As‡. 8 As‡ engendr— a Jehosafat. Jehosafat engendr— a Jehoram. Jehoram engendr— a Uz’as. 9 Uz’as engendr— a Jot‡n. Jot‡n engendr— a Acaz . Acaz engendr— a Ezequ’as. 10 Ezequ’as engendr— a ManasŽs. ManasŽs engendr— a Am—n. Am—n engendr— a Jos’as. 11 Jos’as engendr— a Jecon’as y sus hermanos, antes de la deportaci—n a Babilonia.

12 DespuŽs de la deportaci—n a Babilonia, Jecon’as engendr— a Sealtiel. Sealtiel engendr— a Zorobabel. 13 Zorobabel engendr— a Abiœd. Abiœd engendr— a Eliaquim. Eliaquim engendr— a Azor. 14 Azor lleg— a ser padre de Sadoc. Sadoc lleg— a ser padre de Aquim. Aquim lleg— a ser padre de Eliud. 15 Eliud lleg— a ser padre de Eliazar. Eliazar lleg— a ser padre de Mat‡n. Mat‡n lleg— a ser padre de Jacob. 16 Jacob lleg— a ser padre de JosŽ, el esposo de Mar’a, de quiŽn naci— Jesœs, quien es llamado El Ungido.

17 De modo que hubo catorce generaciones desde Abraham hasta David, catorce generaciones desde David hasta la deportaci—n a Babilonia, y catorce generaciones desde la deportaci—n a Babilonia hasta [la venida] del Ungido.

18 Esta es la manera en que Jesœs, El Ungido, empez—: Mientras su madre hab’a sido prometida en matrimonio a JosŽ, se encontr— que ella estaba encinta mediante el Santo Aliento [de Dios] antes que el matrimonio hubiese sido consumado. 19 Sin embargo, dado que JosŽ, su esposo, era un hombre justo y no quer’a hacer [de Mar’a] un espect‡culo pœblico, planeaba despedirla secretamente.

20 Pero, despuŽs de haber llegado a esa conclusi—n, {miren!} El mensajero de [Jehov‡] se le apareci— en un sue–o, diciendo: ÒJosŽ, hijo de David, no te sientas atemorizado de tomar a Mar’a como tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Santo Aliento [de Dios.] 21 Ella dar‡ a luz un hijo y tœ lo llamar‡s Jesœs, porque el salvar‡ a su gente de sus pecados.

22 Todo esto sucedi— para que se cumpliera lo que fue hablado por Jehov‡ a travŽs del profeta: 23 Ò(ÁMiren!) La virgen llegar‡ a estar encinta y dar‡ a luz un hijo, y ellos le pondr‡n por nombre Emmanuel (que se traduce, Dios con nosotros).Ó

24 DespuŽs de despertar, JosŽ hizo lo que el mensajero de [Jehov‡] le dijo, y tom— a la mujer consigo. 25 Sin embargo, [JosŽ] no tuvo relaciones sexuales con ella sino hasta despuŽs que ella hubo dado a luz un hijo, a quien Žl llam— Jesœs.

Capitulo 2

1 DespuŽs de haber nacido Jesœs en BelŽn de Judea en los d’as del rey Herodes, {miren!} sacerdotes babilonios procedentes del este llegaron a JerusalŽn, 2 preguntando: ÒD—nde est‡ aquel que ha nacido rey de los jud’os? Nosotros vimos su estrella en el este y vinimos a inclinarnos ante Žl.Ó

3 Al o’r esto, el rey Herodes se perturb— mucho, al igual que toda JerusalŽn. 4 Entonces reuni— a todos los sacerdotes principales y los escribanos de la gente y les pregunt— donde hab’a de nacer este Ungido. 5 Ellos contestaron: ÒEn BelŽn de JudeaÓ, porque fue escrito por medio del profeta: 6 ÒY tœ, OH BelŽn del pa’s de Judea no eres ciertamente el menor entre los gobernantes de Jud‡. Porque un gobernante saldr‡ de ti para pastorear a mi pueblo, Israel.Ó

7 Entonces, Herodes, secretamente llam— a los sacerdotes babilonios y cuidadosamente determin— de parte de ellos cu‡ndo hab’a aparecido la estrella. 8 Y mientras los envi— a BelŽn, dijo: ÒBusquen con cuidado al ni–ito; y cuando lo hayan encontrado, rep—rtense a m’ para que yo pueda ir, e inclinarme ante Žl tambiŽn.Ó

9 DespuŽs de escuchar lo que hab’a tenido que decir, ellos continuaron su camino. Y {Ámiren!} la estrella que ellos vieron en el este se puso delante de ellos hasta que se pos— directamente sobre el sitio donde se encontraba el ni–ito. 10 Cuando ellos vieron a la estrella hacer esto, se pusieron fuera de s’ por el gozo que sent’an. 11 Y cuando entraron a la casa, vieron al ni–ito con Mar’a su madre, y cayeron y se inclinaron ante Žl.
(ADDED COMENTARY) Proskuneo: se traduce adorar, inclinarse rostro a tierra, rendir homenaje que aplica a una autoridad muy elevada. La misma palabra que utiliz— Juan al referirse al acto de reverencia que el ‡ngel consider— inapropiado. Rev. 22:8,9).
Entonces abrieron sus tesoros y dieron al ni–o regalos en oro, incienso y mirra. 12 Sin embargo, debido a que recibieron advertencia divina mediante un sue–o, que no deb’an regresar a Herodes, regresaron a sus hogares por otra ruta.

13 DespuŽs de haber partido, {Ámire!} el mensajero de [Jehov‡] se le apareci— a JosŽ en un sue–o y dijo: ÒÁLev‡ntate! Toma al ni–o y a su madre, apresœrate a ir a Egipto, y quŽdate all’ hasta que te diga, porque Herodes va a buscar al ni–o para destruirlo.Ó

14 As’ es que se levant— por la noche, tom— al ni–o y a su madre, y parti— hacia Egipto 15 y se qued— all’ hasta que Herodes hubo muerto, para que se cumpliera lo dicho por Jehov‡ mediante el profeta: Ò de Egipto Yo llamŽ a mi hijo.Ó

16 Cuando Herodes vio que los sacerdotes babilonios hab’an sido m‡s listos que Žl, se enoj— much’simo. Por lo tanto, lanz— una [proclama] en BelŽn y sus distritos, que todos los ni–os varones, menores de dos a–os, deb’an ser destruidos, de acuerdo con el tiempo que este hab’a determinado por medio de los sacerdotes babilonios. 17 Fue entonces cuando se cumpli— lo dicho por el profeta Jerem’as, quie dijo: 18 ÒUna voz se escuch— llorando y lament‡ndose en Ram‡. Era Raquel llorando por sus hijos y ella no pod’a ser consolada, porque estos ya no son.Ó

19 Cuando Herodes muri—, {mire!} el mensajero de [Jehov‡] se apareci—  a JosŽ en un sue–o mientras este se encontraba en Egipto 20 y le dijo: ÒLev‡ntate! Toma al ni–o y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque aquellos que quer’an la vida del ni–o est‡n ahora muertos.Ó

21 Por lo tanto, JosŽ se levant—, tom— al ni–o y a su madre, y regres— a la tierra de Israel.

22 Pero cuando oy— que Arquelao hab’a asumido el poder en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir all‡ por una advertencia divina que le hab’a sido dada en un sue–o. Como resultado de esto, viaj— al territorio de Galilea 23 y se radic— en una ciudad llamada Nazaret, para que lo hablado mediante los profetas se cumpliera: El ser‡ llamado Nazareno.

Capitulo 3

1 Fue en aquellos d’as que Juan el Bautizante empez— a predicar en el desierto de Judea 2 diciendo: ÒArrepiŽntanse, porque el Reino de los Cielos se ha acercado.Ó 3 El es de quiŽn el profeta Isa’as habl— en estos tŽrminos: ÒUna voz est‡ clamando en el desierto:

Preparen la senda de Jehov‡! Hagan derechos los caminos para Žl.Ó

4 Juan vest’a prendas hechas de pelo de camellos, llevaba una correa gruesa de cuero en su cintura, y lo que com’a eran langostas y miel silvestre.

5. Entonces [gentes de] JerusalŽn, el resto de Judea, y toda el ‡rea alrededor del Jord‡n vinieron a Žl 6 para ser bautizados en el r’o Jord‡n, admitiendo abiertamente sus pecados.

7 Cuando el vio venir al bautismo a muchos de los fariseos y saduceos, Žl les dijo: ÒHijos de v’boras, quiŽn les ha mostrado la necesidad de escapar de la furia venidera? 8 Produzcan el tipo de frutos que muestren que son dignos de arrepentimiento. 9 No sean tan audaces para decir Abraham es nuestro padre. DŽjenme decirles que Dios puede hacer hijos de Abraham de estas piedras. 10 El hacha esta lista arrimada a las ra’ces de los ‡rboles y cada ‡rbol que no est‡ produciendo fruto ser‡ cortado y echado al fuego

11 De hecho, yo los bautizo en agua [para que puedan mostrar] su arrepentimiento. Pero, aquel que viene despuŽs de m’ es m‡s fuerte que yo. De hecho, yo no soy digno de sacarle sus sandalias. ƒl los bautizar‡ a ustedes con el Aliento Santo de Dios y con fuego. 12 ƒl tomar‡ la pala en la mano y limpiar‡ completamente su era. Entonces Žl almacenar‡ su trigo en el granero y quemar‡ el vano con un fuego que no se puede apagar.Ó

13 Entonces Jesœs vino de Galilea para ver a Juan en el r’o Jord‡n y para ser bautizado por Žl. 14 Pero Juan trat— de imped’rselo, diciendo: ÒÁYo soy el que deber’a ser bautizado por ti! ÀPor quŽ vienes tœ a m’?Ó  

15 Pero Jesœs dijo: ÒDeja que sea as’ por ahora. Esto es lo que nos es correcto hacer, para que podamos dar cumplimiento a todo lo que es justo.Ó

Ante esto, Juan trat— m‡s de imped’rselo.

16 DespuŽs de haberse bautizado, Jesœs sali— del agua. Entonces {ÁMiren!} los cielos se abrieron y vio el aliento de Dios bajando sobre Žl en forma de paloma. 17 Y {Ámiren}) hab’a una voz que ven’a del cielo, que dec’a: ÒEste es mi amado Hijo. Me complazco mucho en Žl.Ó

Capitulo 4

1 DespuŽs de eso, el Aliento de Dios condujo a Jesœs al desierto para que ser tentado por el Calumniador. 2 Y despuŽs que hubo ayunado por cuarenta d’as y cuarenta noches, sinti— hambre.

3 Entonces el Tentador vino a Žl y dijo: ÒSi eres el Hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en hogazas de pan.Ó

4 Y Jesœs respondi—: ÒEst‡ escrito, el hombre no necesita solamente pan para sobrevivir, tambiŽn necesita todo lo que es dicho por la boca de DiosÓ

5 Entonces el Calumniador lo llev— a la Ciudad Santa, lo puso sobre una de las altas torres de batalla del templo, 6 y dijo: ÒSi tu eres el Hijo de Dios, l‡nzate hacia abajo, porque est‡ escrito, El asignar‡ a sus mensajeros para que estŽn junto a ti, y ellos te alzar‡n en sus manos para que tu pie no se de con una piedra.Ó

7 Pero Jesœs le dijo: ÒOtra vez, est‡ escrito, ÔTu no debes poner a prueba a Jehov‡ tu Dios.ÕÓ

8 Nuevamente, el Calumniador lo llev— a una monta–a inusualmente alta y le mostr— todos los reinos del mundo y su gloria. 9 Entonces le dijo: ÒTe darŽ todo esto si solamente te inclinas y me muestras tu respeto.Ó

10 Pero Jesœs dijo: ÒVete Calumniador, porque est‡ escrito: ÔEs a Jehov‡ tu Dios a quien tienes que adorar, y ƒl es el œnico a quien debes servir.ÕÓ

11 Entonces el Calumniador lo dej—, y miren, los mensajeros [de Dios] vinieron y empezaron a servir [a Jesœs] en lo que necesitaba.

12 DespuŽs de o’r que Juan hab’a sido arrestado, Jesœs regres— a Galilea. 13 Se mud— de Nazaret y empez— a residir en Capernaœm (que queda junto al mar en los distritos de Zabul—n y Neftal’). 14 Esto se hizo as’ para que la profec’a que fue hablada a travŽs del profeta Isa’as pudiera cumplirse. 15 Esta dice: ÒOH tierras de Zabul—n y Neftal’ en el camino junto al mar al otro lado del Jord‡n, Galilea de las naciones, 16 la gente que estaba sentada en oscuridad ha visto una gran luz; y la luz ascendi— en aquellos que estaban sentados en la regi—n de la sombra de la muerte.Ó

17 Desde ese momento, Jesœs empez— a predicar diciendo: ÒArrepiŽntanse, porque el Reino de los Cielos se ha acercado.Ó

18 Fue despuŽs de estar caminando un rato a lo largo del Mar de Galilea, que vio a dos hermanos, Sim—n (a quien llaman Pedro) y su hermano AndrŽs; pescadores que estaban echando sus redes al mar. 19 Y Žl les dijo: ÒS’ganme y yo los convertirŽ en pescadores de hombres.Ó

20 Inmediatamente ellos soltaron sus redes y le siguieron.

21 Viajando de all’, Žl vio dos hermanos m‡s, Santiago el hijo de Zebedeo, y su hermano, Juan. Ambos estaban en el bote con Zebedeo, su padre, reparando las redes, cuando Žl los llam—, 22 y ellos inmediatamente dejaron el bote y a su padre, y lo siguieron.

23 Entonces Jesœs viaj— por toda Galilea, ense–ando en sus sinagogas, predicando las buenas nuevas del Reino, y curando todas las enfermedades y dolencias que padec’a la gente. 24 Porque hasta hab’an o’do de Žl por toda la tierra de Siria. Y esta gente tambiŽn le trajo sus enfermos- aquellos con varios tipos de enfermedades y dolencias, los pose’dos por demonios, as’ como tambiŽn los epilŽpticos y paral’ticos- y las cur— a todas. 25Como resultado de esto, grandes muchedumbres siguieron a Jesœs; de Galilea, Dec‡polis, JerusalŽn, (y el resto de Judea), y del otro lado del Jord‡n.

Capitulo 5

1 Cuando Jesœs vio las muchedumbres, se subi— a una monta–a y se sent—, y sus disc’pulos vinieron a Žl. 2 Entonces empez— a ense–arles, diciendo, 3 ÒLos pobres espiritualmente son benditos, porque el Reino de los Cielos les pertenece. 4 Los tristes son benditos, porque ellos ser‡n confortados 5 Los sumisos son benditos, porque ellos heredar‡n la tierra 6 Aquellos que tienen hambre y sed de justicia son benditos, porque ellos ser‡n satisfechos. 7 Los misericordiosos son benditos, porque a ellos se les mostrar‡ misericordia. 8 Aquellos con coraz—n puro son benditos, porque ellos ver‡n a Dios. 9 Los que hacen la paz son benditos, porque a ellos se les llamar‡ Hijos de Dios, 10 Aquellos que son perseguidos por hacer lo que es correcto son benditos, porque el Reino de los Cielos les pertenece.

11 ÔUstedes son benditos, cuando sea que la gente hable cosas malas acerca de ustedes, los persigan, y mientan sobre ustedes, o, por mi causa, digan cosas inicuas acerca de ustedes. 12 Griten de felicidad y salten de gozo, porque ustedes tienen una gran recompensa en los cielos, porque esta es la misma manera en que trataron a los profetas que vinieron antes de ustedes.

13 Ustedes son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su fuerza, Àen quŽ sabr‡ salada esta? No ser‡ fuerte en nada, y ser‡ arrojada afuera para ser pisoteada.

14 Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad no puede ser escondida en la cima de una monta–a, 15 tampoco la gente enciende una l‡mpara y luego la pone bajo una canasta. En vez de eso, la ponen en un pedestal donde pueda brillar para todos en la casa. 16 As’ es como ustedes deben dejar que su luz brille ante los hombres, para que estos puedan ver sus buenas obras y entonces den gloria a su Padre en el Cielo.

17 No piensen que vine a destruir la Ley o la palabra de los profetas. Yo no vine a destruir sino a cumplir. 18 Yo les digo la verdad; es m‡s probable que el cielo y la tierra se acaben que una iota o hasta una parte de una de las letras de la ley de la ley pasen, sin que antes todas estas cosas sucedan. 19 Por esta raz—n cualquiera que rompa el menor de los mandamientos y ense–e a otros a hacer lo mismo ser‡ llamado el menor en el Reino de los Cielos. Pero cualquiera que ense–e y tambiŽn siga la ley, ser‡ llamado grande en el Reino de los Cielos.

20 Yo les digo esto; si no son m‡s justos que los escribas y fariseos, no tendr‡n oportunidad de entrar en el Reino de los Cielos.

21 Ustedes han o’do lo que fue dicho hace mucho tiempo, que no deben asesinar; porque un asesino tiene que responder ante las cortes. 22 Sin embargo, yo les digo que cualquiera que continua enojado con su hermano, tendr‡ que responder ante el consejo supremo. Y cualquiera que llama a su hermano un estœpido, ser‡ sentenciado a botadero ardiente.

23 Si ustedes traen una ofrenda al altar de Dios, pero, mientras est‡n en camino se acuerdan que su hermano tiene algo contra ustedes, 24 dejen su ofrenda ante el altar y v‡yanse. Primero, hagan las paces con su hermano; y luego regresen a ofrecer su ofrenda.

25 Si alguien tiene un caso legal en su contra, lleguen a un acuerdo r‡pidamente antes de que vaya a corte. De esta manera, no haya oportunidad de que caigan en las manos de un juez, y del juez al alguacil, de modo que terminen siendo echados en prisi—n. 26 Les digo esto como un hecho: si esto pasa, ustedes no saldr‡n sino cuando hayan pagado hasta el œltimo centavo.

27 Ustedes han o’do que se dijo que no deben cometer adulterio. 28 Pero yo les digo que todo aquel que continœa mirando a una mujer y desarrolla un deseo por ella, ya ha cometido adulterio en su coraz—n.

29 Si su ojo derecho es una trampa para ustedes, arr‡nquenlo y b—tenlo. Porque es mucho mejor perder una parte del cuerpo a que todo su cuerpo sea arrojado en el botadero ardiente. 30 TambiŽn, si su mano derecha es una trampa para ustedes, c—rtenla y b—tenla, porque es mucho mejor perder una parte del cuerpo, a que todo su cuerpo sea tirado al botadero de basura.

31 TambiŽn se dijo: ÔCualquiera que se divorcie de su esposa debe darle un certificado de divorcio.Õ 32 Sin embargo, yo les digo que cualquiera que se divorcie de su esposa por otras razones que no sean inmoralidad sexual, la expone al adulterio. Y cualquiera que se case con una mujer divorciada, comete adulterio.

33 Nuevamente, oyeron que fue dicho hace mucho tiempo: Ôno deben jurar falsamenteÕ. Ustedes deben cumplir cualquier cosa que juren delante de Jehov‡. 34 Sin embargo, Yo digo: ÔNo juren por nada. No juren por el cielo, porque es el trono de Dios, 35 o por la tierra, porque es el banquillo para sus pies, tampoco por JerusalŽn, porque es la ciudad del gran rey. 36 No juren por su cabeza, porque no pueden cambiar ni un solo cabello a blanco o negro. 37 Que solamente su si signifique si y su no signifique no, porque cualquier cosa m‡s all‡ de esto, proviene del inicuo.Õ

38 Ustedes oyeron que fue dicho, ojo por ojo y diente por diente. 39 Sin embargo, yo digo: No peleen con una persona inicua. Si alguien les pega en su mejilla derecha, vuelvan la otra mejilla hacia Žl tambiŽn. 40 Y si una persona quiere llevarlos a corte para quitarles su ropa interior, dejen que se lleve tambiŽn el resto de su ropa. 41 Y si alguien los obliga a una milla de servicio, caminen con Žl dos millas. 42 Den liberalmente a los que piden cosas, y no se nieguen ante aquellos que quieren pedirles prestado.

43 Ustedes oyeron que se dijo, ustedes deben amar a su vecino y repudiar a su enemigo. 44 Sin embargo, yo digo: Amen a sus enemigos y oren por aquellos que los persigan. 45 Por hacer esto ustedes probar‡n que son hijos de su Padre que est‡ en los cielos, porque El permite que el sol salga sobre los malos y los buenos, y El hace llover sobre los justos y los injustos.

46 ÀSi ustedes solamente aman a aquellos que los aman, d—nde est‡ su recompensa? ÀNo hacen lo mismo los recaudadores de impuestos? 47 Y si ustedes solamente saludan a sus hermanos, ÀquŽ es lo inusual en cuanto a esto? ÀNo hace lo mismo la gente de las naciones? 48 Sean perfectos tal como su Padre es perfecto.Ó 

Capitulo 6

1 ÒTengan cuidado de no hacer cosas justas delante de los hombres, con el prop—sito de que ellos vean lo que ustedes est‡n haciendo, porque no recibir‡n recompensa de su Padre que est‡ en los cielos. 2 Y cuando den regalos a los necesitados, no toquen trompeta delante de ustedes en las sinagogas y en las calles, tal como lo hacen los hip—critas, para que los hombres puedan alabarlos. Yo les digo la verdad; ellos ya est‡n recibiendo su recompensa completa. 3 Pero cuando den sus regalos a los necesitados, no dejen que su mano izquierda sepa lo que su mano derecha est‡ haciendo, 4 para que sus regalos a los necesitados puedan ser dados secretamente. Entonces su Padre que est‡ mirando secretamente se los pagar‡.

5 TambiŽn, cuando oren, no sean como los hip—critas. A ellos les gusta orar parados en las sinagogas y en las esquinas de las calles principales, para que los otros hombres los noten. Yo les digo la verdad; ellos ya est‡n recibiendo su recompensa completa. 6 Sin embargo, cuando oren, vayan a su cuarto privado, y, despuŽs de cerrar la puerta, oren a su Padre en secreto. Entonces su Padre que mira secretamente se los pagar‡.

7 Cuando estŽn orando, no balbuceen las mismas expresiones repetidamente, tal como lo hacen las gentes de las naciones, porque ellos piensan que por repetirlas ser‡n escuchados. 8 No actœen como ellos, porque su Dios y Padre sabe las cosas que ustedes necesitan antes de que siquiera se las pidan.

9 Oren de esta manera: Nuestro Pare en el cielo, que tu nombre sea Santo; 10 que tu Reino venga; que todo lo que te complace suceda en la tierra tal como en el cielo. 11 Que recibamos el pan que necesitamos hoy, 12 y perd—nanos por las cosas que debemos, tal como nosotros hemos perdonado a aquellos que nos deben. 13 TambiŽn, no permitas que seamos tentados, pero resc‡tanos del Inicuo. 14 Porque, si ustedes pasan por alto los errores de otros hombres, entonces su Padre Celestial tambiŽn pasar‡ por alto sus errores. 15 Pero si ustedes no pasan por alto los errores de ellos, su Padre no pasar‡ por alto los de ustedes.

16 Cuando ayunen, no muestren una cara triste tal como lo hacen los hip—critas, porque ellos deforman sus caras para mostrar a otros hombres que est‡n ayunando. Yo les digo la verdad; ellos ya est‡n recibiendo su recompensa completa. 17 Pero cuando ayunen, p—nganse grasa en su cabeza y l‡vense la cara, 18 para que otros hombres no vean que est‡n ayunando, sino solamente su Padre que mira secretamente. Entonces, su Padre, que est‡ mirando secretamente, se los pagar‡.

19 Dejen de guardar tesoros en la tierra, los cuales pueden ser devorados por el moho y el —xido, y donde los ladrones pueden irrumpir y rob‡rselos.21 Porque, donde est‡n tus tesoros, all’ estar‡ tu coraz—n.

22 La l‡mpara del cuerpo es el ojo, y si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo brillar‡. 23 Pero si tu ojo es inicuo, tu cuerpo entero estar‡ en oscuridad. Y si la œnica luz en ti es oscuridad, cu‡n grande oscuridad es esta.

24 Nadie puede ser un esclavo de dos amos; porque no le importar‡ uno de ellos y amar‡ al otro, o se quedar‡ con uno y abandonar‡ al otro. No pueden servir como esclavos a Dios y a la riqueza 25 Esta es la raz—n por la cual les estoy diciendo que no se preocupen por sus vidas respecto a quŽ comer‡n o quŽ beber‡n... o respecto a sus cuerpos en cuanto a quŽ vestir‡n. ÀNo es la vida de ustedes m‡s importante que la comida y sus cuerpos m‡s importantes que la ropa?

26 Presten cuidadosa atenci—n a los p‡jaros en el cielo, ellos no plantan semillas, o cosechan, o almacenan en graneros; no obstante su Padre Celestial los alimenta. ÀNo son ustedes m‡s importantes que ellos? 27 ÀQuien de ustedes por preocuparse puede a–adir una pizca a la duraci—n de su vida?

28 TambiŽn, en lo referente a la ropa, ÀPor quŽ se preocupan? Aprendan de los lirios en el campo y de la forma en que crecen. Estos no trabajan, ni tampoco fabrican ropa. 29 Pero les digo, ni siquiera Salom—n en toda su gloria fue vestido tan bien como ellos [se visten]. 30 As’ es que si Dios viste a las plantas en el campo tan bien (las cuales est‡n aqu’ hoy y ma–ana se echan al horno), Àno los vestir‡ mejor a ustedes, hombres de poca fe?

31 As’ es que, nunca se preocupen ni pregunten, ÀquŽ comeremos? O, ÀquŽ vestiremos? 32 Estas son las cosas que las naciones persiguen. Su Padre celestial ya sabe que ustedes necesitan estas cosas.

33 Si ustedes ponen en primer lugar el Reino y la justicia, entonces todas estas otras cosas les ser‡n dadas. 34 De modo que, nunca se preocupen por el ma–ana, porque el ma–ana tendr‡ sus propias preocupaciones. Cada d’a tiene suficiente de su propia maldad.Ó

Capitulo 7

1 ÒNo juzguen [a otros], para que ustedes no sean juzgados. 2 Porque las leyes que ustedes usan para juzgar a otros son las mismas que ser‡n usadas para juzgarlos a ustedes, y los criterios que ustedes impongan, son los mismos criterios que se les impondr‡n a ustedes.

3 ÀPor quŽ buscan paja en el ojo de su hermano cuando no pueden ver la viga en su propio ojo? 4 ÀC—mo pueden decirle a su hermano, dŽjame remover esta paja de tu ojo, cuando Ámiren! ÀUstedes tienen una viga en el suyo? 5 ÁHip—critas! Primero remuevan la viga de su propio ojo, y entonces podr‡n ver claramente la paja en el ojo de su hermano.

6. No den las cosas santas a los perros, ni tiren las perlas a los cerdos. Porque las pisotearan y vir‡ndose los embestir‡n.

7 Sigan pidiendo y les ser‡ dado. Sigan buscando y hallar‡n. Sigan tocando y se les abrir‡. 8 Porque, todo aquel que sigue pidiendo recibir‡, y todo aquel que sigue buscando hallar‡, y la puerta se abrir‡ para quien siga tocando. 9 DespuŽs de todo, Àde quŽ hombre no es cierto esto?... cuando su hijo le pide pan, no le dar‡ una piedra, Àverdad? 10 O si le pide un pescado, el no le dar‡ una serpiente, Àverdad? 11 Por lo tanto, si ustedes, en su maldad, saben c—mo dar buenos regalos a sus hijos, Àcu‡nto m‡s dar‡ su Padre en el cielo cosas buenas a quienes continœan pidiŽndole?

12 Lo que sea que ustedes deseen que los hombres hagan por ustedes es lo que deben hacer por ellos. Es un hecho que esto es lo que significan la Ley y los Profetas.

13 Entren por la puerta angosta, porque el camino que conduce a la destrucci—n es muy ancho y por all’ es donde va la mayor’a. 14 Pero la puerta que lleva a la vida es estrecha y angosta, y no muchos la encuentran.

15 Cu’dense de los falsos profetas, quienes vienen vestidos como ovejas, porque en su interior son lobos hambrientos. 16 Ustedes los reconocer‡n por su fruto: La gente no recoge uvas de espinos o higos de cardos, Àverdad? 17 Todos los ‡rboles buenos producen buen fruto; pero aquellos que est‡n podridos producen fruto malo. 20 Realmente entonces, ustedes los reconocer‡n por su fruto.

21 No todo aquel que me dice Se–or, Se–or, entrar‡ en el Reino de los Cielos; [sino] solamente aquellos que hacen la voluntad de mi Padre en el cielo. 22 En aquel d’a, muchos me dir‡n, Se–or, Se–or, no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, e hicimos grandes obras en tu nombre? 23 Entonces admitirŽ ante ellos: ÁNunca los conoc’! Ap‡rtense de mi infractores de la leyÕ.

24 Todo aquel que escucha las cosas que estoy diciendo y las hace se parece al hombre sabio que construy— su casa sobre un fundamento de roca s—lida. 25 La lluvia cay— y las inundaciones vinieron, y el viento sopl— y golpe— contra esa casa, pero esta no cay—, porque estaba construida sobre roca. 26 Sin embargo, todo aquel que oye las cosas que estoy diciendo y no las hace, es como el tonto que construy— su casa sobre la arena. 27 La lluvia cay— y las inundaciones vinieron, y el viento sopl— y golpe— contra aquella casa, hasta que esta cay— en un gran colapso.Ó

28 Ahora bien, para cuando Jesœs hubo terminado de decir estas cosas, las multitudes quedaron asombradas por su forma de ense–ar, 29 porque, al contrario de sus escribas, Žl ense–aba con autoridad.

Capitulo 8

1 Cuando baj— de la monta–a, grandes muchedumbres lo siguieron. 2 Entonces, {Ámiren!} un hombre con lepra vino, y se prostern— diciendo: ÒSe–or, si solamente lo quieres, puedes limpiarme.Ó

3 Y alargando su mano, Žl lo toc— diciendo: ÒYo quiero. Se limpioÓ Inmediatamente [el hombre] fue limpiado y qued— libre de su lepra.

4 Entonces Jesœs le dijo: ÒNo le cuentes a nadie [acerca de esto], pero anda, muŽstrate ante los sacerdotes, y presenta la ofrenda que MoisŽs especific—, para que ellos puedan dar testimonio de lo que ha sucedido.Ó

5 Cuando Žl entr— en Capernaœm, un centuri—n [romano] vino a Žl rog‡ndole, y dijo: ÒSe–or, mi siervo est‡ tan paralizado que no puede dejar la casa, 6 y se encuentra con mucho dolorÓ

7 Est‡ bien, dijo (Jesœs): ÒLo curarŽ cuando llegue all’Ó

8 Sin embargo, el centuri—n dijo: ÒSe–or, no soy digno de que entres en mi casa. Solamente di la palabra y yo sŽ que mi siervo se curar‡. 9 Mira que yo tambiŽn soy un hombre a quien se le ha dado autoridad, porque tengo soldados bajo mi mando. I si yo le digo a este, ponte en camino, Žl se pone en camino; o a otro, ven, Žl viene; o a mi esclavo, haz esto, Žl lo haceÓ

10 Pues bien, Jesœs estaba asombrado, y dijo a aquellos que lo segu’an: ÒYo les digo la verdad; no he encontrado a nadie en Israel con una fe tan grande. 11 Por tanto les digo que muchos del sol naciente y del poniente vendr‡n y se reclinar‡n [a la mesa] con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos. 12 Sin embargo, los Hijos del Reino ser‡n arrojados en la oscuridad de afuera; all’ es d—nde ellos llorar‡n y se amolar‡n los dientesÓ

13 Entonces Jesœs le dijo al centuri—n: ÒÁAnda! Y que sea exactamente como lo has cre’do.Ó Y el sirviente fue sanado en esa misma hora.

14 Cuando lleg— a la casa de Pedro, Jesœs vio que la suegra [de este] estaba acostada, ardiendo en fiebre. 15 De manera que le toc— la mano y la fiebre la dej—. Entonces ella se levant— y empez— a servirle.

16 Aquella noche, la gente le trajo a muchos que estaban pose’dos por demonios. De modo que expuls— a los esp’ritus con una palabra, y as’ cur— a todos aquellos que ten’an mala salud, 17 para que las palabras dichas a travŽs del profeta Isa’as pudiesen cumplirse: ÒEl tom— nuestras enfermedades y carg— con nuestras plagas Žl mismo.Ó

18 Cuando Jesœs vio que la gente empez— a amontonarse a su alrededor, dio —rdenes de partir al otro lado [del mar de Galilea]. 19 Pero entonces un escriba vino y dijo: ÒMaestro, yo te seguirŽ donde quiera que vayas.Ó

20 Sin embargo, Jesœs le dijo, ÒLos zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo tienen nidos, pero el hijo del hombre no tiene un lugar para recostar su cabeza.Ó

21 Entonces otro disc’pulo le dijo: ÒSe–or, primero dŽjame ir y enterrar a mi padre.Ó

22 Pero Jesœs le dijo: ÒContinœa siguiŽndome y deja que los muertos entierren a sus propios muertos.Ó

23 Entonces Žl se subi— a un bote y sus disc’pulos lo siguieron. 24 Sin embargo, {miren!} el mar empez— a sacudirse y las olas comenzaron a golpear el bote fuertemente. Para entonces, (Jesœs) estaba durmiendo. 25 Por tanto (los disc’pulos) vinieron, lo despertaron y dijeron: ÒÁSe–or, s‡lvanos, porque estamos a punto de ser destruidos!Ó

26 Pero Jesœs pregunt—: ÒÀPorquŽ est‡n tan asustados, ustedes con tan poquita fe?Ó

Entonces se levant— y reprendi— a los vientos y al mar, y se estableci— una gran calma. 27 De manera que los [disc’pulos] empezaron a asombrarse y preguntar: ÒÀQuŽ clase de persona es esta? Porque hasta el viento y el mar le obedecen.Ó

28 Cuando ellos llegaron al otro lado [del mar] al pa’s de los gadarenos, lo encontraron dos hombres pose’dos por demonios que sal’an de entre las tumbas. Ellos eran tan inusualmente feroces, que nadie m‡s hab’a tenido el coraje de pasar por este camino. 29 Y {Ámiren!} ellos gritaron: ÒÀQuŽ es lo que quieres con nosotros, Hijo de Dios? ÀHas venido antes del tiempo determinado para atormentarnos?Ó

30 Pues bien, lejos de all’ estaba [pastando] una gran piara de cerdos. 31 As’ es que los demonios le rogaron: ÒSi nos expulsas, m‡ndanos dentro de esa piara de cerdos.Ó

32 As’, [Jesœs] les dijo: ÁVayan!

Entonces salieron y se metieron en los cerdos. Y {Ámiren!} toda la manada corri— por un barranco muy inclinado y cay— al mar, y se ahogaron. 33 Entonces, aquellos que estaban cuidando los cerdos en el pastizal huyeron. Y cuando llegaron a la ciudad, lo contaron todo, incluyendo la historia de los hombres pose’dos por los demonios. 34 Entonces {Ámiren!} Todos los que estaban en la ciudad vinieron para encontrarse con Jesœs. Y cuando lo vieron, le rogaron que regresara a la otra orilla, lejos de sus distritos.

Capitulo 9

1 As’, subiendo al bote, cruz— [el mar] y viaj— al pueblo donde se hospedaba. 2 All’, {Ámiren!} le trajeron a un hombre paralizado, acostado en una camilla. Al ver tal clase de fe, Jesœs le dijo al paral’tico: ÒSŽ valiente hijo, tus pecados son perdonadosÓ

3 Sin embargo, {Ámiren!}, algunos escribas (quienes hab’an escuchado esto) estaban pensando dentro de s’: ÒÁEst‡ blasfemando!Ó

4 Pero Jesœs, que conoc’a lo que estaban pensando, dijo: ÒÀPor quŽ tienen estos pensamientos inicuos en su coraz—n? 5 ÀEs m‡s f‡cil decir, tus pecados son perdonados, o simplemente lev‡ntate y camina? 6 Quiero que sepan que el Hijo del Hombre tiene el poder de perdonar pecados aqu’ en la tierraÓ

Entonces dijo al paral’tico: ÒLev‡ntate, recoge tu camilla, y vete a casa.Ó 7 Y con eso, Žl se levant— y se fue a su casa.

8 Cuando las muchedumbres vieron esto, se asustaron y alabaron a Dios quien da tal clase de poder a los hombres.

9 Mientras continuaban viajando desde all’, Jesœs vio un hombre llamado Mateo, sentado en la oficina de los impuestos, y le dijo: ÒSŽ mi seguidor.Ó Inmediatamente, [Mateo] se levant— y lo sigui—.

10 M‡s tarde, mientras [Jesœs] estaba reclinado a la mesa en la casa de Mateo, {Ámiren!} muchos cobradores de impuestos y pecadores vinieron y se reclinaron junto con Žl y sus disc’pulos. 11 Al ver esto, los fariseos preguntaron a sus disc’pulos: ÒÀPor quŽ el maestro de ustedes come con cobradores de impuestos y pecadores?Ó

12 Habiendo escuchado esto, [Jesœs respondi—]: ÒLa gente sana no necesita doctor, pero los enfermos s’. 13 As’ es que, vayan y aprendan el significado de las palabras: ÔQuiero misericordia y no sacrificio.Õ Yo no vine a llamar a justos, solo a los pecadores.Ó

14 Entonces algunos de los disc’pulos de Juan vinieron a Jesœs y preguntaron: Ò ÀPor quŽ es que, aunque los fariseos y nosotros ayunamos regularmente, tus disc’pulos no ayunanÓ?

15 Jesœs respondi—, ÒLos amigos del novio no tienen ninguna raz—n para estar tristes mientras el novio estŽ con ellos, Àno es cierto? Pero, vendr‡ un d’a, cuando el novio les ser‡ quitado... entonces si ayunar‡n. 16 Nadie cose un parche que no ha encogido todav’a, en ropa vieja, porque, la fuerza [del parche al encogerse] jalar’a la ropa y empeorar’a la rotura. Tampoco nadie pone vino nuevo en odres de piel viejos. Si lo hacen, las pieles se reventar‡n y se derramar‡ el vino, de modo que estas se arruinar‡n. Sin embargo, la gente pone vino nuevo en odres nuevos, as’, ambos se conservanÓ

18 Y Žl les dec’a: Ò{ÁMiren!}, cierto gobernante vino y se prostern— diciendo: ÒPara este momento mi hija ya debe estar muerta. Ven y pon tus manos en ella y volver‡ a vivirÓ

19 Entonces Jesœs se levant— y sigui— al hombre, y as’ mismo hicieron sus disc’pulos.

20 Y {ÁMiren!}, [estando en camino], una mujer que hab’a sufrido de un flujo de sangre por algo as’ como doce a–os, vino por detr‡s y toc— el flequillo de la ropa de Jesœs. 21 [Ella hizo esto] porque se dec’a a s’ misma: ÒSi solamente logro tocar su ropa, esto me librar‡ [de esta condici—n].Ó

21 Pues bien, Jesœs se dio la vuelta, la vio y le dijo: ÒSŽ valiente hija, tu fe te ha salvadoÓ Y desde aquella hora la mujer se puso bien.

23 Cuando entr— en la casa del gobernante y vio a los flautistas y una muchedumbre que se lamentaba, 24 Jesœs dijo: ÒÁV‡yanse! La ni–ita no muri—, ella solamente est‡ durmiendoÓ

Ante esto, todos ellos empezaron a re’rse y burlarse de Žl. 25 Pero despuŽs que la muchedumbre hubo sido enviada afuera, Jesœs entr—, tom— [a la ni–a] de la mano, y [esta] se despert—. 26 As’ pues, la noticia de este hecho se esparci— por toda aquella ‡rea.

27 Mientras Jesœs se iba de aquel lugar, dos hombres ciegos empezaron a seguirlo, gritando fuertemente: ÒTen piedad de nosotros, Hijo de DavidÓ

28 Y cuando entr— en la casa, estos hombres ciegos lo siguieron adentro. De modo que Jesœs pregunt—: ÒÀUstedes realmente creen que puedo hacer esto?Ó

Y ellos respondieron: ÒS’, Se–orÓ

29 Entonces les toc— los ojos mientras dec’a: ÒAs’ como han cre’do, que as’ les suceda.Ó 30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Entonces Jesœs les advirti— con firmeza: ÒAsegœrense que nadie oiga acerca de estoÓ 31 Pero una vez afuera, ellos esparcieron la noticia de lo que hab’a hecho por toda aquella ‡rea.

32 Ahora, mientras se iban, {Ámiren!} la gente le trajo a un hombre que no pod’a hablar, porque estaba pose’do por un demonio. 33 Sin embargo, despuŽs que el demonio hubo sido expulsado, el hombre pudo hablar. Pues bien, las muchedumbres estaban asombradas y dec’an: ÒNada parecido se ha visto alguna vez en Israel.Ó34 Pero los fariseos dec’an: ÒEl expulsa demonios por medio del gobernante de los demonios.Ó

35 Entonces Jesœs viaj— por todas las ciudades y aldeas, ense–ando en sus sinagogas, predicando las buenas nuevas del Reino, y curando toda clase de dolencia y enfermedad.

36 Al ver las muchedumbres, se sinti— triste por ellos, por cuanto estaban desolladas y golpeadas como ovejas sin pastor. 37 Entonces dijo a sus disc’pulos: ÒDe hecho hay una cosecha enorme, pero muy pocos trabajadores. 38 Por lo tanto, rueguen al Se–or de la cosecha que env’e m‡s obreros para hacer Su trabajo.Ó

Capitulo 10

1 Entonces llam— a sus doce disc’pulos y les dio el poder de dominar y expulsar esp’ritus sucios, y poder para curar toda clase de dolencia y enfermedad.

2 Estos son los nombres de los doce ap—stoles: Primero Sim—n (a quien laman Pedro), y AndrŽs su hermano. Y Santiago [el hijo] de Zebedeo y Juan, su hermano. 3 Felipe, BartolomŽ (Natanael), Tom‡s, Mateo el cobrador de impuestos, Santiago [el hijo] de Alfeo, Tadeo (Judas), 4 Sim—n el cananeo y Judas Iscariote (quien m‡s tarde lo traicion—).

5 Jesœs envi— estos doce, d‡ndoles —rdenes: ÒNo vayan a las naciones y no vayan a las ciudades samaritanas. 6 Solamente vayan a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Al ir por su propio camino, prediquen: ÔEl Reino de los Cielos est‡ cerca.Õ 8 Curen a la gente enferma, levanten muertos, limpien a los leprosos, y expulsen demonios. Recibieron gratis,  den gratis. 9 No reciban oro, plata, o cobre para llevar en sus bolsas de cintura, tampoco lleven tarrina de comida para el viaje, o dos pares de interiores, o sandalias o un bast—n, porque el obrero se merece su alimento.

11 Dondequiera que entren en una ciudad o aldea, busquen a aquellos que valen la pena, y hospŽdense donde ellos hasta que se vayan. 12 Cuando entren en una casa, ofrezcan a ese hogar un saludo de paz. 13 y si la casa se lo merece, dejen que la paz entre en ella. Pero si no se lo merece, dejen que la paz regrese a ustedes.

14 Cuando sea que alguien no preste atenci—n o escuche sus palabras, al dejar la casa o la ciudad, sacœdanse el polvo de sus pies. 15 Yo les digo, en el D’a de Juicio, ser‡ m‡s soportable la tierra de Sodoma y Gomorra que aquella ciudad.

16 Miren, los estoy enviando como ovejas en medio de lobos. Por lo tanto, demuestren ser cautelosos como serpientes pero inocentes como palomas. 17 Cu’dense de los hombres, porque los llevar‡n a las cortes locales y los azotar‡n en sus sinagogas.

18 Porque ustedes ser‡n llevados ante gobernadores y reyes por mi causa, como testimonio para ellos y las naciones. 19 Sin embargo, cuando estos los lleven a juicio, no se preocupen en cuanto a lo que dir‡n y c—mo lo dir‡n, porque lo que deber‡n decir, les ser‡ dado entonces. 20 Ustedes no ser‡n los œnicos que hablen; el Aliento de su Padre hablar‡ a travŽs de ustedes.

21 Hermanos traicionar‡n a muerte a hermanos, y as’ tambiŽn padres a sus hijos. Los hijos se levantar‡n contra sus padres y har‡n que se les dŽ muerte. 22 Todos los odiar‡n por causa de mi nombre. Pero quienquiera que llegue hasta el final ser‡ salvado.

23 Cuando ellos los persigan en una ciudad, corran a otra. Porque, yo les digo la verdad, no visitaran todas las ciudades de Israel antes que llegue el Hijo del Hombre.

24 Un disc’pulo no es mayor que su maestro, ni tampoco el esclavo que su amo. 25 Deber’a ser suficiente para un disc’pulo llegar a ser igual que su maestro y al esclavo ser igual a su amo. Si la gente ha llamado Belcebœ al maestro de la casa, Ácu‡nto m‡s hablaran de los dem‡s en su casa! 26 As’ es que, no los teman.

No hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, y no hay ningœn secreto que no haya de llegar a conocerse. 27 Lo que les digo en la oscuridad, Á[ustedes deben] decirlo en la luz! Y lo que se les murmura al o’do, Ádebe ser predicado en las azoteas de las casas!

28 No teman a aquellos que matan el cuerpo, pero que no pueden matar a la persona. M‡s bien, teman a Aquel que puede destruir a ambos, la persona y el cuerpo en el botadero de basura.

29 ÀNo se venden gorriones por muy poco? Sin embargo ni uno de ellos cae a la tierra sin que su Padre [se entere]. 30 Porque los cabellos de sus cabezas est‡n todos contados, 31 por tanto, no se atemoricen; porque ustedes valen m‡s que muchos gorriones.

32 Yo admitirŽ ante mi padre estar con todos aquellos que admiten estar conmigo. 33 Pero negarŽ ante mi Padre en los cielos, a cualquiera que niegue conocerme ante los hombres.

34 No piensen que vine a traer paz a la tierra. No vine a traer paz, sino espada.

35 Vine a dividir, y a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la novia contra su suegra. 36 Es un hecho que los enemigos del hombre ser‡ gente en su propia casa. 37 Pero aquellos que amen m‡s a su padre o madre que a m’, no son dignos de m’. 38 I cualquiera que no tome su madero de empalamiento y me siga siempre, no es digno de m’. 39 Aquellos que encuentren sus vidas las perder‡n, pero aquellos que pierdan sus vidas por mi causa, las hallar‡n.

40 Aquellos que los inviten a entrar, tambiŽn me est‡n invitando a entrar a m’. Y aquellos que me invitan a entrar, invitan a Aquel que me envi—. 41 Aquellos que invitan a pasar a un profeta porque ser un profeta, recibir‡n un galard—n de profeta. Y aquellos que inviten a pasar a un hombre justo por ser justo, recibir‡n la recompensa del hombre justo. 42 Y cualquiera que dŽ a uno de estos peque–os tan solo una taza de agua fr’a para tomar, porque ser este mi disc’pulo, no perder‡ su recompensa... yo lo prometo.Ó

Capitulo 11

1 Ahora, cuando Jesœs hubo terminado de dar estas instrucciones a sus doce disc’pulos, sali— a predicar y ense–ar en las ciudades de ellos. 2 Pero Juan [el bautizante], quien estaba en la c‡rcel oy— acerca de las cosas que el Ungido estaba haciendo, de modo que mand— a sus disc’pulos a preguntar: ÒÀEres tœ el que habr’a de venir, o debemos esperar a alguien m‡s?Ó

4 En respuesta, Jesœs les dijo: ÒRegresen y reporten a Juan lo que han visto y o’do. 5 Los ciegos ven, los lisiados caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, y se predican las buenas nuevas a los pobres. 6 Aquel que no tropieza por mi causa es bendecido.Ó

7 Entonces, una vez que [los disc’pulos de Juan] se hubieron ido, Jesœs pregunt— a la muchedumbre acerca de Juan: ÒÀQuŽ fueron a ver al desierto, ca–as volando en el viento? 8 ÀQuŽ fueron a ver: un hombre vestido con ropa suave? Aquellos que visten ropa suave viven en castillos. 9 Entonces, Àa quŽ fueron? ÀA ver a un profeta? ÁS’! Y yo les digo, Ámucho m‡s que un profeta!10 Este es aquel de quien se escribi—: Ô{ÁMiren!} ÁEstoy mandando a mi mensajero delante de ti para preparar el camino delante de ti!Õ

11 Les digo la verdad, de aquellos que han nacido de mujer, nunca ha [salido] uno mayor que Juan el Bautizante. Pero, el menor en el Reino de los Cielos es m‡s grande que Žl. 12 Desde el tiempo en que Juan (empez—) a bautizar, hasta ahora, el Reino de los Cielos es la meta que los hombres han estado tratando de alcanzar... y aquellos que sigan tratando de alcanzarla, lo lograr‡n. 13 Todos los profetas y la Ley profetizaron acerca de Juan. 14 Y aunque ustedes no lo crean, Žl es El’as, de quien [se profetiz—] que vendr’a. 15 Dejen que aquel que tiene o’dos, escuche.

16 ÀA quiŽn compararŽ esta generaci—n? Ustedes son como ni–os peque–os que se sientan en los mercados y gritan a sus compa–eros de juego: 17 ÔNosotros tocamos la flauta para ustedes, pero ustedes no bailaron. Nos lamentamos, pero ustedes no se golpearon [por la pena].Õ

18 Cuando Juan vino, no comi— comidas suculentas ni tom— [vino], por eso la gente dice que est‡ endemoniado. 19 Por otra parte, el Hijo del Hombre come buena comida y bebe [vino], y ahora la gente dice: {ÁMiren!} Es un glot—n y un alcoh—lico... amigo de cobradores de impuestos y pecadores. As’, la sabidur’a se prueba justa, por las cosas que hace.Ó

20 Entonces empez— a reprender a las ciudades donde hab’a hecho la mayor parte de sus obras poderosas, porque estas no se hab’an arrepentido. 21 ÒÁAy de ti Coraz’n y ay de ti Betzaida! Porque si los hechos poderosos que han sucedido entre ustedes hubiesen ocurrido en Tiro y Sid—n, estos se hubiesen arrepentido hace mucho tiempo, vistiendo saco y ceniza. 22 Por eso les digo, que el D’a de Juicio le ser‡ m‡s soportable a Tiro y Sid—n que a ustedes.Ó

23 Y tu Capernaœm, Àser‡s elevada al cielo? Ir‡s a tu tumba; porque si los hechos poderosos que ocurrieron en ti hubiesen ocurrido en Sodoma, esta todav’a estar’a aqu’ ahora. 24 Por esto yo les digo, el D’a de Juicio le ser‡ m‡s soportable a la tierra de Sodoma en que a ti.Ó

25 Fue respecto a esto que Jesœs or—: ÒTe alabo pœblicamente Padre, Se–or del Cielo y la Tierra, porque has escondido estas cosas de los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los que son como ni–os. 26 Si, padre, esta es la forma como Tu aprobaste.Ó

27 ÒMi Padre me lo ha dado todo... y nadie realmente conoce al Hijo como su Padre, ni tampoco nadie realmente conoce al Padre sino el Hijo (y cualquiera a quien el Hijo desea mostr‡rselo).

28 Todos ustedes, que trabajan [tan] duro y est‡n sobrecargados, vengan a m’ y yo les darŽ descanso. 29 P—nganse mi yugo y aprendan de m’, porque soy moderado, tengo un coraz—n gentil, y ustedes encontraran alivio para sus vidas, 30 porque mi yugo es suave y mi carga liviana.Ó

Capitulo 12

1 Durante ese tiempo, un s‡bado, Jesœs estaba transitando a travŽs de los trigales, y en el camino, los disc’pulos sintieron hambre y empezaron a recoger grano y comerlo. 2 Pues bien, cuando los fariseos vieron esto, ellos dec’an: ÒÁMira! Tus disc’pulos est‡n haciendo lo que no es legal en  S‡bado.Ó

3 Y Jesœs les respondi—: ÒÀNo han le’do lo que David hizo cuando Žl y sus hombres sintieron hambre; c—mo ellos entraron en la casa de Dios y comieron el pan de la demostraci—n, algo que no era legal que comiese, ya que este [estaba reservado para] los sacerdotes 5 O, ÀNo han le’do en la Ley que los sacerdotes en el templo pueden violar el S‡bado, y sin embargo no ser culpables? 6 Yo les digo que algo mayor que el Templo est‡ aqu’. 7 Si ustedes entendieran lo que las palabras: ÔYo quiero misericordia y no sacrificioÕ, ustedes probablemente no estar’an condenando a estos inocentes, 8 porque el Hijo del Hombre es el Se–or del S‡bado.Ó

9 DespuŽs de dejar ese lugar, Žl entr— en la sinagoga. 10 {ÁMiren!} All’ encontr— a un hombre con una mano seca. Entonces, [los fariseos] preguntaron [a Jesœs]: ÒÀEst‡ permitido curar en S‡bado?Ó

(Ellos dijeron esto para tratar de encontrar algo de que acusarlo)

11 Pero, Žl respondi—: ÒÀQuiŽn de ustedes tiene una oveja, y si esta cae en una zanja en S‡bado, no va y la rescata? 12 ÁCu‡nto m‡s valioso es un hombre en comparaci—n con una oveja! Por tanto es legal hacer cosas buenas en S‡bado.Ó

13 Entonces le dijo al hombre: ÒExtiende tu manoÓ De modo que Žl extendi— la mano, y esta san—, quedando igual que la otra.

14 Sin embargo, los fariseos salieron, llamaron a una junta y conspiraron para destruirlo.

15 Pero Jesœs lo sab’a, as’ es que dej— aquel sitio.

Muchos lo siguieron, y los cur— a todos. 16 Sin embargo les advirti— fuertemente que no lo expusieran, 17 para que las palabras habladas por medio del profeta Isa’as pudieran cumplirse, las cuales dec’an: 18 Ò{ÁMiren!} Mi hijo escogido... Mi amado, Áel cual es aprobado por mi vida entera! Yo pondrŽ mi aliento en Žl y Žl reportar‡ mis juicios a las naciones. 19 El no discutir‡ o gritar‡, ni tampoco nadie oir‡ su voz en las calles principales. 20 El no triturar‡ la ca–a lastimada, ni sacar‡ afuera una mecha humeante hasta que haga que el juicio triunfe. 21 Naciones pondr‡n su esperanza en su nombre.Ó

22 Entonces ellos le trajeron un hombre endemoniado, ciego y mudo, y lo cur— de tal manera que pod’a hacer ambas cosas, hablar y ver. 23 Pues bien, todas las muchedumbres estaban asombradas y empezaron a preguntar: ÒÀNo es este el Hijo de David?Ó 

24 Al o’r, esto los fariseos dijeron: ÒEl est‡ expulsando demonios por [el poder de] Belcebœ, el gobernante de los demoniosÓ

25 Porque sab’a lo que estaban pensando, [Jesœs] les dijo: ÒTodos los gobiernos que est‡n divididos caen, y las ciudades o casas que est‡n divididas no permanecen en pie, 26 por tanto si el Opositor expulsa al opositor, est‡ peleando contra s’ mismo, [entonces], Àc—mo puede su reino permanecer en pie? 27 Porque, si yo uso a Belcebœ para expulsar demonios, entonces, ÀquŽ mŽtodo utilizan sus hijos para expulsarlos? Por esta raz—n estos los condenar‡n a ustedes. 28 Sin embargo, si yo expulso demonios por el poder del Aliento de Dios, entonces el Reino de Dios los ha sobrepasado.

29 ÀC—mo puede alguien irrumpir en la casa de un hombre fuerte y robar sus cosas sin antes atar al hombre fuerte? Entonces Žl puede saquear la casa. 30 Aquellos que no est‡n conmigo, est‡n en mi contra, y todos aquellos que no est‡n de mi lado est‡n esparcidos.

31 As’ es que, yo les digo que los hombres pueden ser perdonados por todo tipo de pecado y blasfemia, excepto la blasfemia en contra del Aliento [de Dios]... esto no ser‡ perdonado. 32 Si alguien habla en contra del Hijo del Hombre, esto ser‡ perdonado. Pero si alguien habla en contra de Aliento Santo de Dios, este no ser‡ perdonado... no, no en esta era ni en la que viene. 33 As’ es que, declaren al ‡rbol y su fruto buenos, o declaren tanto al ‡rbol como a su fruto podridos, porque a los ‡rboles se los reconoce por la clase de fruto [que producen].

34 Hijos de serpientes, Àc—mo pueden ustedes hablar cosas buenas cuando son tan inicuos? Porque sus bocas hablan acerca de las cosas que llenan sus corazones. 35 Un hombre bueno, que tiene un buen tesoro [en su coraz—n], habla cosas buenas. Pero un hombre malo habla cosas malas debido a la maldad [en su coraz—n]. 36 Les digo que la gente tendr‡ que responder en el D’a de Juicio, por todo lo dicen para extraviar a otros. 37 Porque, o ser‡s encontrado justo o ser‡s condenado por las cosas que digas.Ó

38 Entonces algunos de los escribas y fariseos le dijeron: ÒMaestro, queremos ver una se–al de parte tuya.Ó

39 En respuesta Jesœs dijo: ÒUna generaci—n inicua y adœltera busca una se–al. Pero ellos no recibir‡n ninguna, salvo la se–al del profeta Jon‡s. 40 Porque, as’ mismo como Jon‡s estuvo en la barriga de la enorme criatura marina por tres d’as y tres noches, as’ mismo, el Hijo del Hombre permanecer‡ en el coraz—n de la tierra por tres d’as y tres noches.

41 En el D’a de Juicio, junto con esta generaci—n, los hombres de N’nive ser‡n resucitados, y la condenar‡n, porque ellos se arrepintieron ante lo que Jon‡s predic—. Pero miren, algo m‡s que Jon‡s est‡ aqu’.

42 La Reina del sur ser‡ resucitada en el Juicio junto con esta generaci—n y la condenar‡, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la Sabidur’a de Salom—n. Pero, miren, algo m‡s que Salom—n est‡ aqu’.

43 Cuando un esp’ritu sucio deja a un hombre, este viaja a travŽs de lugares secos, buscando un lugar de descanso, y no encuentra ninguno. 44 Entonces dice, volverŽ a la casa de donde me mudŽ. Y cuando llega all‡, encuentra [la casa] vac’a, barrida, y decorada. 45 Por tanto, se muda, y junto con Žl [vienen otros] siete esp’ritus, que son todav’a m‡s malos. Y, despuŽs de entrar, viven all’. De modo que, al final, el hombre queda en peor condici—n que al comienzo. As’ suceder‡ con esta generaci—n inicua.Ó

46 Mientras Žl estaba todav’a hablando a las muchedumbres, {Ámiren!} su madre y sus hermanos estaban afuera, esperando para hablarle. 47 De modo que, alguien le dijo [a Jesœs]: ÒMira, tu madre y tus hermanos est‡n afuera parados, esper‡ndote. Ellos quieren hablarte.Ó

48 Pero Žl pregunt— a esa persona: ÒÀQuiŽn realmente es mi madre y quienes son mis hermanos?Ó 49 Entonces extendi— su mano hacia sus disc’pulos y dijo: ÒMiren...mi madre y mis hermanos, 50 porque, cualquiera que hace todo lo que mi Padre en los cielos desea, [ese] es mi hermano, hermana, y madre.Ó

Capitulo 13

1 En ese d’a, Jesœs estaba sentado afuera, cerca del mar 2 y enormes muchedumbres se reunieron a su alrededor. De modo que subi— a un bote y se sent—, mientras la muchedumbre permanec’a parada en la playa. 3 Entonces empez— a hablarles con ilustraciones, diciendo: Ò{ÁMiren!} Un granjero, sali— a sembrar. 4 Mientras estaba sembrando, algunas [semillas] cayeron junto al camino y los p‡jaros vinieron y se las comieron. 5 Otras cayeron en las rocas, donde no hab’a mucha tierra fŽrtil, pero crecieron r‡pidamente debido a la tierra superficial. 6 Sin embargo, cuando el sol sali— las quem—, y, porque no ten’an ra’z, se marchitaron.7 Otras cayeron entre espinos, los cuales crecieron y las ahogaron. 8 Pero otras m‡s cayeron en terreno bueno, y comenzaron a producir fruto, esta sesenta, la otra treinta. 9 E que tenga o’dos, que escuche.Ó

10 Pues bien entonces los disc’pulos vinieron y preguntaron: ÒÀPor quŽ les hablas mediante ilustraciones?Ó

11 ƒl respondi—: ÒA ustedes se les ha permitido entender los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. 12 Cualquiera que tiene algo, m‡s le ser‡ dado, y este tendr‡ m‡s que suficiente. Pero hasta las cosas que poseen, les ser‡n quitadas a aquellos que no tienen. 13 Es por esto que yo les habl— en ilustraciones, porque cuando ellos miran, no ven, y cuando oyen, no escuchan ni entienden el significado. 14 La profec’a de Isa’as se est‡ cumpliendo en ellos, la cual dice: ÔAl escuchar ustedes oir‡n, pero no entender‡n, y al mirar mirar‡n, pero no ver‡n.Õ

15 Los corazones de esta gente se han enfermado, sus o’dos oyen pesadamente, y sus ojos est‡n tan cerrados que nunca ver‡n con sus ojos, ni oir‡n con sus o’dos, tampoco entender‡n con sus corazones, para que puedan volverse y yo pueda sanarlos. 16 Sin embargo, los ojos de ustedes son benditos, porque pueden ver, as’ mismo sus o’dos, porque pueden o’r. 17 Les digo la verdad, muchos de los profetas y hombres justos quisieron ver las cosas que ustedes est‡n viendo, y no las vieron; y quisieron tambiŽn o’r las cosas que ustedes est‡n oyendo, y no las oyeron. 

18 As’ es que, ahora, escuchen con atenci—n [el significado de la ] ilustraci—n del granjero que plant—: 19 Cuando sea que alguien oye acerca del Reino, pero no entiende, el inicuo viene y arrebata lo que ha sido plantado en su coraz—n. Este es aquel que fue plantado al lado del camino.

20 Mientras que quien fue plantado entre las rocas, es el que oye la palabra e inmediatamente la acepta con gozo. 21 Pero debido a que no tiene ra’z, permanece solamente por un corto tiempo. Cuando, debido a la Palabra, vienen tiempos dif’ciles o persecuci—n, este es inmediatamente atrapado.

22 En cuanto al que fue plantado entre los espinos, este oye la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y lo enga–oso de las riquezas ahogan la palabra, y este no produce fruto. 23 Pero, en cuanto al que fue plantados en buen terreno, este oye la palabra, la entiende, y realmente comienza a producir fruto... este de a ciento, aquel de a sesenta, y el otro de a treinta.Ó

24 ƒl les dio otra ilustraci—n, diciendo: ÒEl Reino de los cielos se parece a un hombre que tiene buenas semillas plantadas en un campo. 25 Pero mientras sus hombres dorm’an, un enemigo vino y tir— [semillas de] hierba sobre el trigo y se fue. 26 Y cuando los tallos empezaron a brotar, la hierba apareci—.

27 Entonces, los esclavos principales vinieron a Žl y le preguntaron: ÔSe–or, Àno fue buena semilla [la que tu nos diste] para plantarla en tu campo? Entonces, Àpor quŽ hay tanta hierba?Õ

28 El respondi—: ÔUn enemigo hizo esto.Õ

Entonces ellos preguntaron: ÔEntonces, Àquieres que vayamos y arranquemos [la hierba]?Õ

29 Y Žl respondi—: ÔNo, porque al arrancar la hierba, puede ser que desarraiguen el trigo. 30 Dejen que ambos crezcan juntos hasta la cosecha. Y cuando sea el tiempo de cosechar, dirŽ a los cosechadoras que primero recojan la hierba en bandos y la quemen, para que luego recojan el trigo en mi granero.ÕÓ

31 ƒl les dijo otra ilustraci—n, diciendo: ÒEl Reino de los Cielos se parece a la semilla de mostaza que un hombre plant— en su campo, 32 De hecho, [esta semilla] es la m‡s peque–a de todas las semillas. Pero cuando crece, se convierte en uno de los vegetales m‡s grandes y de hecho, se convierte en un ‡rbol, de modo que los p‡jaros del cielo pueden venir y anidar en sus ramas.Ó

33 ƒl les dio otra ilustraci—n: ÒEl Reino de los Cielos se parece a la levadura que una mujer escondi— en tres grandes botes de harina, hasta que [toda la harina creci—] y se llen— de levadura.Ó

34 Jesœs dijo todas estas cosas a las muchedumbres en ilustraciones. Es un hecho que no les hablaba sino por medio de ilustraciones. 35 Esto se realiz— para que se cumpla lo que fue hablado mediante el profeta, quien dijo: ÒAbrirŽ mi boca con ilustraciones. HablarŽ acerca de cosas escondidas desde la fundaci—n [del mundo].Ó

36 Entonces, despuŽs de despedir a las muchedumbres, entr— a la casa. All’ sus disc’pulos vinieron a Žl y dijeron: ÒExpl’canos la ilustraci—n de la hierba en el campo.Ó

37 As’ es que [Jesœs] dijo: ÒAquel que planto las buenas semillas es el Hijo del Hombre, 38 y el campo es el mundo. En cuanto a las buenas semillas, estos son los hijos del Reino, pero la hierba son los hijos del inicuo, 39 y el enemigo que las planto es el Calumniador. La cosecha es el fin de la era, y los cosechadores son los mensajeros [de Dios].

40 De la misma manera que la hierba es recogida y quemada en un fuego, as’ es como ser‡ en el fin de la era. 41 El Hijo del Hombre enviar‡ sus mensajeros a recoger todos los tramposos y toda la gente sin ley y echarlos fuera de su Reino, 42 y ellos ser‡n tirados en el horno llameante. All’ es donde estos llorar‡n y amolaran sus dientes. 43 Entonces los justos brillar‡n tan brillantemente como el sol, en el Reino de su Padre. 9 (Dejen que el que tenga o’dos escuche)Ó

44 ÒEl reino de los Cielos se parece a un tesoro que un hombre encontr— y escond’a en un campo; y para [conseguir el tesoro], va y vende todo lo que ten’a para poder comprar el campo.Ó

45 ÒNuevamente, el Reino de los Cielos se parece a un mercader viajero que estaba buscando buenas perlas, 46 y cuando encontr— una perla muy valiosa, fue y r‡pidamente vendi— todo lo que ten’a y la compr—.Ó

47 ÒNuevamente, el Reino de los Cielos se parece a red que se lanz— al mar para recoger toda clase de [criaturas marinas]; 48 entonces, cuando estuvo llena, la llevaron a la playa y se sentaron a recoger los buenos en contenedores y a desechar los malos. 49 As’ es como ser‡ al final de la era. Los mensajeros ir‡n y separar‡n los inicuos de los justos; 50 y ellos tirar‡n [a los inicuos] al horno llameante. All’ es donde ocurrir‡ el llanto y el amolarse los dientes.Ó

51[El pegunt—]: ÒÀEntendieron todas estas cosas?Ó

Y ellos respondieron: ÒSi.Ó

52 Entonces Žl dijo: ÒAs’ es como cada instructor (mientras sirve como disc’pulo del Reino de los Cielos) es como un hombre, un amo de su casa, quien saca ambas, cosas viejas y cosas nuevas de su tesoro.Ó

53 Ahora bien, cuando Jesœs hubo terminado de explicar estas ilustraciones, dej— el ‡rea. 54 Y yendo al lugar donde fue criado, empez— a ense–ar en su sinagoga. Sin embargo, ellos estaban confundidos y preguntaron: ÒÀDe d—nde sac— este hombre tanta sabidur’a y poderes? 55 ÀNo es este el hijo del carpintero? ÀNo se llama su madre Mar’a, y no son sus hermanos Santiago, JosŽ, Sim—n y Judas? 56 Y sus hermanas... Àno est‡n todas ellas con nosotros? ÀDe d—nde consigui— Žl todas estas cosas?Ó

57 De esta manera, ellos quedaron atrapados por Žl. Pero Jesœs dijo: ÒUn profeta no deja de ser honrado, excepto en el ‡rea donde fue criado y en su propia casa.Ó 58 Y Žl no realiz— muchas obras poderosas all’, debido a su falta de fe.

Capitulo 14

1 Fue alrededor de este tiempo cuando Herodes, el gobernante del distrito, oy— acerca de Jesœs. 2 Y le dijo a sus muchachos: ÒEste es Juan el Bautizante. Fue levantado de entre los muertos, y es por eso que puede hacer tantas cosas poderosas.Ó

3 Herodes hab’a hecho arrestar y poner en prisi—n a Juan, por causa de la esposa de su hermano Felipe. 4 Porque Juan continuaba diciŽndole: ÒEs contra la Ley que la poseas.Ó

5 Aunque [Herodes] quer’a matar a [Juan], tem’a a las masas, porque estas cre’an que Juan era un profeta. 6 Pero durante la fiesta de cumplea–os de Herodes, la hija de Herod’as bail—, lo cual complaci— mucho a Herodes, tanto 7 que prometi— en juramento darle a ella cualquier cosa que pidiera. 8 As’ es que (aconsejada por su madre), ella dijo: ÒDame la cabeza de Juan el Bautizante en un plato.Ó

9 El rey se puso muy triste por esto, pero porque hab’a dado su palabra (y debido a aquellos que estaban comiendo en la mesa con Žl), dio la orden 10 que se decapitara a Juan en la prisi—n. 11 Cuando le trajeron su cabeza en un plato, esta le fue dada a la joven, y ella la tom— y se la llev— a su madre.

12 M‡s tarde, los disc’pulos [de Juan] vinieron y se llevaron el cuerpo y lo enterraron. Luego de esto, volvieron a Jesœs y se lo reportaron.

13 DespuŽs de o’r esto, Jesœs tom— un bote y se retir— a un lugar calmado donde pudiera estar a solas. Pero cuando las muchedumbres oyeron [a donde iba Jesœs]; lo siguieron a pie desde las ciudades. 14 Pues bien, cuando lleg— a aquel lugar, vio una muchedumbre enorme. Y sintiŽndose apenado por causa de ellos, les cur— a sus enfermos.

15 Aquella noche sus disc’pulos vinieron a Žl y dijeron: ÔEste es un sitio remoto y es realmente tarde. Despacha a las muchedumbres para que puedan ir a sus aldeas y comprar algo de comer.Õ

16 Pero Jesœs respondi—: ÒEllos no tienen que ir; ustedes denles algo de comer.Ó

17 Sin embargo, [los disc’pulos] dijeron: ÒTodo lo que tenemos son cinco hogazas de [de pan] y dos pescados.Ó

18 Entonces dijo: ÒTr‡iganmelasÓ

19 DespuŽs de eso, hizo que la gente se recostara en el pasto. Entonces tom— las cinco hogazas de pan y los dos pescados, y mirando al cielo, dijo una alabanza. Y parti— el pan, y se lo dio a sus disc’pulos, y los disc’pulos se lo pasaron a la muchedumbre. 20 De manera que todos comieron hasta llenarse. Y cuando recogieron los pedazos, hab’a doce canastas llenas. 21 De hecho, casi cinco mil hombres comieron, sin contar a las mujeres y a los ni–os.

22 Entonces [Jesœs] inmediatamente despach— a las muchedumbres, e hizo que sus disc’pulos tomaran el bote y fueran al otro lado [del mar] delante de Žl.

23 Una vez que las muchedumbres se hubieron marchado, subi— a un lugar privado en la monta–a para orar. Y a pesar de que estaba oscureciendo, permaneci— solo all’.

24 Para entonces, el bote ya se encontraba muy alejado de la ribera, luchando con las olas, porque [un fuerte] viento soplaba contra este. 25 Sin embargo, [algœn tiempo antes del amanecer, Jesœs] vino a ellos, caminando sobre el mar. 26 Y cuando los disc’pulos lo vieron caminando sobre el mar, se aterrorizaron y dijeron: ÒÁEs un fantasma!Ó Y ellos gritaron aterrorizados.

27 Pero, inmediatamente, Jesœs les dijo: ÒÁSean valientes! ÁNo se atemoricen! ÁSoy yo!Ó

28 En respuesta dijo Pedro: ÒSe–or, si eres tœ, ordena que vaya a ti sobre el agua.Ó

29 As’ es que [Jesœs] dijo: ÒÁVen!Ó.

Entonces Pedro sali— del bote y camin— a travŽs del agua hacia Jesœs. 30 Pero se distrajo por la tempestad y se atemoriz—, y entonces empez— a hundirse y gritar: ÒÁSe–or s‡lvame!Ó

31 Inmediatamente, Jesœs lo alcanz— con la mano y lo agarr—, para entonces decir: ÒÁTœ y tu poca fe! ÀPor quŽ empezaste a dudar?Ó

32 Y despuŽs que subieron al bote, la tormenta par—. 33 Entonces los dem‡s en el bote se prosternaron ante Žl diciendo: ÒTu eres realmente el Hijo de Dios.Ó

34 Finalmente, ellos terminaron de cruzar y llegaron a la tierra de Genesaret. 35 All’ unos hombres lo reconocieron y lo anunciaron por toda la comarca, y la gente le trajo quienquiera que no se sent’a bien. 36 Todos rogaban solamente poder tocar los flecos de su ropa. Y cualquiera que los tocaba se sanaba completamente.

Capitulo 15

Entonces algunos escribas y fariseos vinieron a Jesœs procedentes de JerusalŽn, a preguntar: 2 ÒÀPor quŽ es, que tus disc’pulos pasan por alto la tradici—n de los ancianos? Por ejemplo, ellos no se lavan las manos antes de comer pan.Ó

3 Pero [Jesœs] pregunt—: ÒÀPor quŽ es, que ustedes, con sus tradiciones, ponen a un lado los mandamientos de Dios? 4 Dios les mand— honrar a su padre y madre, y ejecutar a aquellos que hablen malamente de sus padres. 5 Pero ustedes dicen que est‡ bien decir a su padre y madre que cualquier cosa que ustedes tienen para ayudarlos ya ha sido dedicado [a Dios]. 6 As’ es que, [lo que realmente est‡n diciendo] es que del todo, ellos no deber’an honrar a sus padres. Y cuando ustedes hacen esto, est‡n anulando la Palabra de Dios con sus tradiciones. 7 ÁUstedes son unos hip—critas! Cu‡n adecuadamente profetiz— Isa’as acerca de ustedes cuando dijo: ÔEsta gente me honra con sus labios, pero sus corazones est‡n muy lejos de m’. 9 Es un desperdicio para ellos seguir ador‡ndome, porque predican las ense–anzas de hombres como mandamientos.ÕÓ

10 Con esto, el hizo que se acerquen las muchedumbres y les dijo: ÒEscuchen y entiendan: 11 No son las cosas que entran por la boca del hombre lo que lo ensucian, son las cosas que salen de su boca las que lo corrompen.Ó

12 Entonces los disc’pulos vinieron y le preguntaron: ÒÀTe diste cuenta que los fariseos estaban tropezados por lo que dijiste?Ó

13 Pero Žl respondi—: ÒCada planta que mi Padre no sembr—, ser‡ arrancada. 14 ÁDŽjenlos ir! ÁSon gu’as ciegos! Y si un ciego gu’a a [otro] ciego, ambos caer‡n en un hoyo.Ó

15 Entonces Pedro dijo: ÒExpl’canos esta ilustraci—n.Ó

16 Y Jesœs pregunt—: ÒÀNo entienden el punto? 17 ÀNo se dan cuenta que cualquier cosa que ustedes ponen en su boca va a la barriga y de all’ a la cloaca? 18 Pero las cosas que salen de la boca vienen del coraz—n... estas son las cosas que ensucian al hombre. 19 Porque del coraz—n provienen pensamientos inicuos, asesinato, adulterio, inmoralidad sexual, robos, falso testimonio, y blasfemia. 20 Estas son las cosas que corrompen al hombre. Pero comer con las manos sin lavar no ensucia al hombre.Ó

21 Al dejar aquel lugar, Jesœs viaj— a las ‡reas de Tiro y Sid—n. 22 Y {miren} una mujer fenicia vino y empez— a gritar: ÒTen misericordia de mi Se–or, Hijo de David. Mi hija est‡ muy endemoniadaÓ 23 Sin embargo, [Jesœs] no le respond’a.

Entonces sus disc’pulos le pidieron que [hiciera algo por ella], porque Ôella continœa siguiŽndonos y grit‡ndonos.Õ

24 Y Žl contest—: ÒNo fui enviado a [ayudar] a nadie m‡s, sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.Ó

25 Pero, cuando la mujer vino m‡s cerca, ella se inclin— ante [Jesœs] y le rog—: ÒSe–or, Áayœdame!Ó

26 As’ es que Žl le dijo a ella: ÒNo es correcto tomar el pan de los hijos y tir‡rselo a los perritos.Ó

27 Pero ella dijo: ÒSi, se–or, pero Àno se les permite a los perritos comer las migajas que caen de la mesa de sus amos?Ó

28 Entonces Jesœs respondi—: ÒOH mujer, tœ tienes mucha fe. Que sea como deseas.Ó Y su hija fue sanada desde aquella hora en adelante.

29 Yendo desde all’, a travŽs del pa’s, Jesœs viaj— cerca del mar de Galilea. All’ subi— a la monta–a y se sent—. 30 Entonces grandes multitudes vinieron a Žl, trayŽndole gente minusv‡lida, herida, ciega, y muda, junto con muchos otros. Ellos pr‡cticamente se los tiraron a sus pies, y Žl los cur—. 31 As’, las muchedumbres quedaron asombradas cuando vieron a los mudos hablar, a los cojos caminar, a los ciegos ver; y alabaron al Dios de Israel.

32 Finalmente, Jesœs llam— a sus disc’pulos hacia Žl y dijo: ÒMe dan pena las muchedumbres, porque ellos se han quedado conmigo por tres d’as y no tienen nada que comer. Yo, ciertamente no quiero despacharlos con hambre, porque ellos probablemente van a desfallecer en el camino.Ó

33 Sin embargo, los disc’pulos preguntaron: ÒÀDe d—nde vamos a conseguir suficiente pan para satisfacer a esta multitud tan grande, y en un lugar tan remoto?Ó

34 Entonces Jesœs pregunt—: ÒÀCu‡ntas hogazas de pan tienen consigo?Ó

Ellos dijeron: ÒSiete, y cinco pescaditos peque–os.Ó

35 De manera que hizo que la muchedumbre se recostara en el suelo. 36 Entonces, tom— las siete hogazas de pan y los pescados, y despuŽs de dar las gracias, los parti—, y se los dio a los disc’pulos, y los disc’pulos en su turno, se los dieron a la muchedumbre, 37 y todos comieron hasta quedar satisfechos. Y [luego] ellos recogieron siete canastas de provisiones llenas de pedazos sobrantes. 38 De hecho, fueron cuatro mil hombres, m‡s mujeres y ni–os, los que comieron.

39 Finalmente, despuŽs de despachar a la muchedumbre, se subi— en un bote y viaj— al ‡rea de Magadan.

Capitulo 16

1 Aqu’ los fariseos y los saduceos vinieron a [Jesœs] y trataron de tentarlo al pedirle una se–al del cielo. 2 Pero Žl les dijo: ÒEn la noche puede que ustedes digan, habr‡ buen clima, porque el cielo esta rojo encendido. 3 Y en la ma–ana, El clima va a estar fr’o y lluvioso hoy, porque el cielo est‡ rojo encendido, pero oscuro... Ustedes saben c—mo leer la apariencia del cielo, pero no pueden leer las se–ales de los tiempos. 4 Ustedes son una generaci—n adœltera e inicua, en busca de una se–al, pero no se les dar‡ ninguna se–al, excepto la se–al de Jon‡s.Ó Y Žl simplemente se fue caminando y los dej— all’.

5 Cuando los disc’pulos llegaron al otro lado [del mar] ellos [se dieron cuenta que] se hab’an olvidado de traer pan. 6 as’ es que, cuando Jesœs les dijo: ÒMantengan sus ojos abiertos y cu’dense de la levadura de los fariseos y los saduceos.Ó 7 Ellos se dijeron el uno al otro, Àpor quŽ? ÁNo hemos tra’do ningœn pan con nosotros!

8 Sabiendo esto, Jesœs dijo: ÒUstedes con su poca fe, Àpor quŽ est‡n hablando de no tener pan? 9 ÀEs que no entienden el punto? ÀNo recuerdan c—mo [alimentamos] a cinco mil [con solamente] cinco hogazas de pan, y cuantas canastas recogieron? 10 O no recuerdan c—mo alimentamos cuatro mil con otras siete hogazas, y Àcu‡ntas canastas de provisiones recogieron? 11 As’ es que, Àpor quŽ no pueden reconocer que no estoy hablando acerca de pan? [Yo les estoy diciendo] que tengan cuidado de la levadura de los fariseos y los saduceos.Ó

12 Pues bien, con esto, ellos [finalmente se dieron cuenta que  no estaba diciŽndoles que se cuidaran de la levadura en el pan, pero de las ense–anzas de los fariseos y los saduceos.

13 Ahora, cuando Žl viaj— a Cesarea de Filipo, Jesœs les pregunt— a sus disc’pulos: ÀQuiŽn dice la gente que es el Hijo del Hombre?Õ

14 Ellos respondieron: ÒAlgunos dicen que eres tœ, otros que es Juan el bautizante, otros El’as, y hasta otros dicen que Jerem’as o uno de los profetas.Ó

15 Entonces pregunt—: ÒÀPero quiŽn dicen ustedes que soy yo?Ó

16 Sim—n Pedro respondi—: ÒTu eres el Ungido, el Hijo del Dios vivo.Ó

17 Entonces Jesœs le dijo a Žl: ÒEres bendito, Sim—n hijo de Juan, porque esto no te fue revelado por carne y sangre, sino por mi Padre que est‡ en los cielos.Ó

18 ÒYo tambiŽn te digo esto, Tœ eres Pedro, y yo construirŽ mi congregaci—n en esta piedra de fundamento para que las puertas de la tumba no la subyuguen. 19 Yo te darŽ las llaves del Reino de los Cielos, y, cualquier cosa que tœ ates en la tierra, ser‡ atado en los cielos. Y cualquier cosa que liberes en la tierra, ser‡ liberada en los cielos.Ó

20 Entonces advirti— fuertemente a los disc’pulos que no le digan a nadie que Žl es el Ungido.

21 Fue entonces que Jesœs, el Ungido, empez— a mostrar a sus disc’pulos que Žl tendr’a que ir a JerusalŽn y sufrir muchas cosas en [las manos] de los ancianos, Sacerdotes principales, y Escribas. Entonces ser’a asesinado, pero [ser’a] levantado [de entre los muertos] al tercer d’a.

22 Ante esto, Pedro lo apart— consigo a un lado y empez— a rega–arlo diciendo: ÒSe bueno contigo mismo Se–or, Áesto no te va a ocurrir a ti!Ó

23 Pero [Jesœs] se volvi— a Pedro, y le dijo: ÒÁPonte detr‡s de mi Opositor! Tœ me eres una trampa, porque no est‡s pensando los pensamientos de Dios, sino los pensamientos de los hombres.Ó

24 Entonces Jesœs dijo a sus disc’pulos: ÒSi alguien quiere seguirme, que niegue sus propias necesidades, cargue su poste de empalamiento, y camine detr‡s de m’. 25 Quienquiera que quiera salvar su vida la perder‡, pero cualquiera que pierda su vida por mi causa, la hallar‡. 26 Porque, ÀquŽ bien le hace  a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? O, ÀquŽ dar‡ un hombre para [salvar] su vida?Ó

27 ÒEl Hijo del Hombre est‡ a punto de entrar en la gloria de su Padre y sus mensajeros. Entonces pagar‡ a cada uno por las cosas que hicieron. 28 Les digo la verdad, algunos de ustedes que est‡n aqu’ parados no gustar‡n la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre viniendo en su Reino.Ó

Capitulo 17

1 Seis d’as despuŽs, Jesœs tom— a Pedro, Santiago, y Juan (el hermano de Santiago), y los llev— a un lugar privado en una monta–a alta. 2 Entonces  cambi— de forma enfrente de ellos; su cara se torn— tan brillante como el sol y su ropa era tan blanca como la luz. 3 Y {Ámiren!} Vieron a MoisŽs y El’as hablando con [Jesœs].

4 En reacci—n, Pedro dijo a Jesœs: ÒSe–or, es bueno para nosotros estar aqu’. Si tu quieres, yo puedo armar tres tiendas de campa–a, una para ti, una para MoisŽs, y otra para El’as.Ó

5 Pero mientras hablaba, {Ámiren!}, una nube brillante los cubri— por completo y {Ámiren!} una voz sali— de la nube diciendo: ÔEste es mi amado Hijo, a quien Yo apruebo. ÁEscœchenle!Õ

6 Al o’r esto, los disc’pulos se asustaron y cayeron sobre sus rostros. 7 Entonces Jesœs se acerc— a ellos y los toc—, diciendo: ÒLev‡ntense; no tengan miedo.Ó 8 Y cuando ellos alzaron a ver, vieron solamente a Jesœs.

9 Mientras caminaban monta–a abajo, Jesœs se acerc— a ellos y les advirti—: ÒNo cuenten a nadie lo que acaban de ver, sino hasta que el Hijo del Hombre haya sido levantado de entre los muertos.Ó

10 Entonces estos disc’pulos le preguntaron: ÒÀPor quŽ dicen los escribas que El’as tiene que venir primero?Ó

11 En respuesta, Žl dijo: ÒEl’as por cierto s’ viene, y Žl restaura todas las cosas. 12 sin embargo, yo les digo que El’as ya ha venido y ellos no lo reconocieron, por eso le hicieron cuanto quisieron. Esta es la misma manera en que el Hijo del Hombre pronto sufrir‡ en las manos de ellos.Ó 13 Entonces los disc’pulos se dieron cuenta de que hablaba de Juan el Bautizante.

14 Cuando se acercaron a una muchedumbre, un hombre se le acerc—, se arrodill—, y dijo: 15 ÒSe–or, ten misericordia de mi hijo. Tiene epilepsia y a menudo cae en el fuego o en el agua. 16 Lo traje a tus disc’pulos, pero no pudieron curarlo.Ó

17 Entonces Jesœs dijo: ÒOH generaci—n sin fe y torcida, Àpor cu‡nto m‡s [tiempo] debo estar con ustedes? ÀCu‡nto [tiempo] m‡s debo aguantarlos? Tr‡iganmelo aqu’ a m’.Ó 18 As’, Jesœs reprendi— al demonio y este sali—, y el joven qued— curado desde aquella hora en adelante.

19 M‡s tarde, los disc’pulos vinieron a Jesœs mientras Žl estaba solo y preguntaron: ÒÀPor quŽ no pudimos expulsarlo?Ó

20 ƒl respondi—: ÒPor su falta de fe. Yo les digo la verdad, si la fe de ustedes fuera del tama–o de una semilla de mostaza, ustedes podr’an decir a esta monta–a, muŽvete de aqu’ hacia all‡, y esta ir’a. Nada ser’a imposible para ustedes.Ó

2122 Fue mientras todos ellos estaban juntos reunidos en Galilea que Jesœs les dijo: ÒEl Hijo del Hombre est‡ a punto de ser traicionado, y entregado en las manos de hombres que lo asesinar‡n... pero Žl ser‡ levantado en el tercer d’a.Ó Esto los entristeci— much’simo a todos.

24 DespuŽs que hubieron llegado a Capernaœm, los hombres que cobraban el impuesto doble-plata, vinieron a Pedro y le preguntaron: ÒÀNo paga tu maestro [el impuesto] doble plata?Ó

25 ƒl respondi—: ÒS’Ó

Sin embargo, cuando el entr— a la casa, Jesœs ya estaba all’ delante de Žl y pregunt—: ÒÀQuŽ piensas, Sim—n? ÀDe quienes obtienen los reyes de la tierra sus impuestos o tributos individuales, de sus hijos o de extra–os?Ó

26 [Pedro] respondi—: ÒDe extra–os.Ó

Y Jesœs dijo: ÒÁEntonces los hijos est‡n realmente exentos de impuestos! 27 Pero, para que no nos entrampen, ve al mar, lanza el anzuelo, y saca el primer pez que agarres. Cuando abras su boca, encontrar‡s una moneda. T—mala y d‡sela a ellos tanto por ti como por m’.Ó

Capitulo 18

1 En menos de una hora, los disc’pulos vinieron a Jesœs y le preguntaron: ÒÀCu‡l de nosotros ser‡ el m‡s grande en el Reino de los cielos?Ó

2 Pues bien, [Jesœs] llam— a un ni–o peque–o, lo hizo pararse en medio de todos ellos, 3 y entonces dijo: ÒYo les digo la verdad, a menos que cambien su [forma de ser] y lleguen a ser como ni–itos, ni siquiera ser‡n capaces de entrar en el Reino de los Cielos. 5 Y cualquiera que, en mi nombre, de la bienvenida a un ni–ito como este, me da la bienvenida a m’. 6 Pero si alguien pone una trampa a uno de estos peque–os que creen en m’, ser’a mejor para Žl colgarse una piedra de moler, como las que hace girar un burro, y luego ser lanzado al mar.Ó

7 ÒÁAy del mundo debido a sus trampas! Por supuesto, las trampas estar‡n all’, pero, Áay del hombre que las instala! 8 Si tu mano o tu pie te entrampan, c—rtatelos y desŽchalos. Es mejor entrar en la vida manco o cojo que ser lanzado en el fuego de aquella era, con dos manos y dos pies. 9 TambiŽn, si tu ojo te es una trampa, arr‡ncatelo y t’ralo. Es mejor para ti entrar en la vida tuerto que ser echado con dos ojos al botadero ardiente.Ó

10 ÒAsegœrense de no aborrecer a ninguno de estos peque–os, porque yo les digo, los mensajeros de ellos miran el rostro de mi Padre en los cielos todo el tiempo.Ó 11-

12 ÒÀQuŽ [opinan]?, si un hombre llega a tener cien ovejas y una de ellas se pierde, Àno dejar‡ noventa y nueve en la monta–a y buscar‡ a la œnica que perdi—? 13 Y si llega a encontrarla, yo les digo, se alegra m‡s por esa sola [oveja] que por las noventa y nueve que no se perdieron. 14 Por tanto, mi Padre en los cielos no desea que ni siquiera una de estos peque–os se pierda.Ó

15 ÒSi tu hermano ha cometido un pecado, llŽvalo aparte y discœtelo con Žl a solas. Si el te escucha, has ganado a tu hermano. 16 Pero si Žl no escucha, trae contigo a uno o dos m‡s, para que cualquier cosa que se diga pueda probarse por la boca de dos o tres testigos. 17 Si Žl se rehœsa a escucharlos a ellos, habla con la congregaci—n. Y si Žl rehœsa escuchar hasta a la congregaci—n, entonces resulte ser para ti como un hombre de las naciones, o un recaudador de impuestos.Ó

18 ÒYo les digo la verdad; cualquier cosa que ustedes aten en la tierra ser‡ tambiŽn atado en el cielo. Y cualquier cosa que ustedes liberen en la tierra, tambiŽn ser‡ liberada en el cielo. 19 Nuevamente yo les digo verdaderamente, si dos de ustedes en la tierra acuerdan algo sobre lo cual en algœn momento necesiten pedir, esto suceder‡ debido a [la intervenci—n] de mi Padre que est‡ en los cielos. 20 Dondequiera que dos o tres estŽn reunidos en mi nombre, yo estarŽ entre ellos.Ó

21 Entonces Pedro vino a Žl y le pregunt—: ÒSe–or, Àcu‡ntas veces se requiere que perdone a mi hermano cuando este peca en mi contra?... Àhasta siete veces?Ó

22 Pero Jesœs le respondi—: ÒYo te los digo, no hasta siete veces, pero hasta setenta y siete veces. 23 Para ilustrar; el Reino de los cielos es como un hombre, un rey, quien quer’a hacer efectivas las promesas [de pago] que hab’an sido hechas por sus esclavos. 24 El empez— por traer a uno de ellos, quien le deb’a diez mil valiosas piezas de plata. 25 Pero, ya que este no pudo pagar, el amo orden— que este, su mujer y sus hijos, y todas las cosas que pose’a, fuesen vendidas para hacer el pago. 26 Entonces el esclavo cay— e inclin— su rostro delante [del amo], rog‡ndole: ÔSŽ paciente conmigo y te pagarŽ todo lo que te deboÕ

27 Ante esto, movido por la l‡stima, el amo lo perdon— y liber— de su deuda.Ó

28 ÒPero el esclavo sali— y encontr— uno de sus compa–eros esclavos, quiŽn le deb’a solamente cien peque–as monedas; entonces lo agarr— y empez— a ahorcarlo, mientras dec’a: ÔÁPaga todo lo que me debes!ÕÓ

29 ÒEl compa–ero esclavo cay— y empez— a rogarle, mientras dec’a: ÔSŽ paciente conmigo y te pagarŽ.Õ 30 Sin embargo, Žl no estuvo dispuesto, as’ es que hizo que lo metieran en prisi—n, hasta que pagase todo lo que deb’a.Ó

31 ÒCuando todos los dem‡s esclavos vieron esto, se enojaron mucho; as’ que fueron y le contaron al amo lo que hab’a ocurrido. 32 Entonces su amo lo mando llamar y dijo: ÔEsclavo inicuo, Yo te cancelŽ toda aquella deuda, debido a que me rogaste. 33 Pues, Àno viste la necesidad de mostrar la misma clase de misericordia que te mostrŽ a ti, a tu compa–ero esclavo?Õ 34 Y el amo se enfureci— tanto que lo hizo meter en prisi—n hasta que pagara todo lo que deb’a. 35 As’ es como mi Padre celestial tratar‡ con ustedes si no perdonan a sus hermanos de coraz—n.Ó

Capitulo 19

1 Cuando Jesœs hubo terminado de decir todas estas cosas, se fue a Galilea y viaj— a la frontera de Judea en el lado opuesto del Jord‡n. 2 Enormes muchedumbres lo siguieron y Žl las cur— all’. 3 Sin embargo, los fariseos vinieron [con el prop—sito] de probarlo y le preguntaron: ÒÀEs legal para un hombre divorciarse de su esposa por cualquier tipo de raz—n?Ó

4 [Jesœs] respondi—: ÒÀNo leyeron que Aquel que los cre— hace mucho tiempo, los creo macho y hembra, 5 y dijo: ÔEsta es la raz—n por la cual un hombre dejar‡ a su padre y madre y se apegar‡ a su esposa, porque los dos ser‡n una sola carne. 6 Ya no son dos, pero una carne.Õ As’ es que, lo que Dios ha juntado bajo el mismo yugo no debe ser separado por ningœn hombre.Ó

7 Entonces ellos preguntaron: ÒEntonces, Àpor quŽ dijo MoisŽs que podemos darle a ella un certificado de divorcio y despacharla?Ó

8 El respondi—: ÒMoisŽs, d‡ndose cuenta de cu‡n duro es su coraz—n, les permiti— divorciarse de sus esposas, pero esto no ha sido as’ siempre. 9 Yo les digo que quienquiera que se divorcie de su esposa (excepto por motivo de infidelidad sexual) y se casa con otra, es un adœltero.Ó

10 Entonces sus disc’pulos le dijeron: ÒSi esto es cierto acerca de un hombre y su esposa, entonces es mejor no casarse.Ó

11 Y Žl respondi—: ÒEsto es algo que no todo hombre puede hacer, solo aquellos que tienen el don. 12 Porque hay eunucos que nacen de esa manera, eunucos que fueron hechos de esa manera por los hombres, y aquellos que se han hecho a s’ mismos eunucos por el Reino de los Cielos. Dejen que aquellos que puedan hacerlo, lo hagan.Ó

13 Entonces [la gente] le trajo sus ni–os peque–os, para que pudiera poner sus manos sobre ellos y ofrecer una oraci—n, pero los disc’pulos los reprendieron. 14 Sin embargo Jesœs dijo: ÒDejen a los ni–os en paz y no les impidan venir a m’, porque el Reino de los Cielos es para gente  como ellos.Ó 15 Y despuŽs de haber puesto las manos sobre ellos, continu— su viaje.Ó

16 Ahora, {miren!} una persona se acerc— y pregunt—: ÒMaestro, que clase de cosas buenas debo hacer para obtener la vida en la era?Ó

17 Y [Jesœs] respondi—: ÒÀPor quŽ me preguntas acerca de hacer cosas buenas? Hay solamente Uno que es realmente bueno. Pero, si tœ quieres entrar en la vida, obedece los mandamientosÓ

18 ƒl respondi—: ÒÀCu‡les?Ó

Jesœs respondi—: ÒNo debes asesinar, no debes cometer adulterio, no debes robar, no debes dar falso testimonio, 19 honra a tu padre y a tu madre, y debes [amar a tu] pr—jimo como a ti mismo.Ó

20 El hombre joven le dijo a Žl: ÒYo he observado estas cosas, Àque m‡s me falta?Ó

21 Jesœs le dijo a Žl: ÒSi quieres ser perfecto, ve y vende tus posesiones y d‡sela a los pobres, entonces ven y sŽ mi seguidor, y tendr‡s tesoros en el cielo.Ó

22 DespuŽs que el hombre joven hubo o’do esto, se fue muy triste, porque el pose’a muchas cosas.

23 Entonces Jesœs dijo a sus disc’pulos: ÒYo les digo la verdad, ser‡ dif’cil para un hombre rico entrar en el Reino de los Cielos. 24 DŽjenme ponerlo de esta manera: Es m‡s f‡cil [ensartar] a un camello a travŽs del ojo de una aguja, que lo es para un hombre rico entrar en el Reino de Dios.Ó

25 Pues bien, los disc’pulos se sorprendieron mucho al o’r esto y preguntaron: ÒEntonces, ÀquiŽn puede realmente ser salvado?Ó

26 Mir‡ndolos directamente a sus rostros, Jesœs dijo: ÒCon hombres es imposible, pero con Dios, todas las cosas son posibles.Ó

27 Entonces Pedro le dijo: ÒMira, lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ÀQuŽ es lo que realmente obtendremos?Ó

28 Jesœs respondi—, ÒYo les digo la verdad, en el renacimiento- cuando el Hijo del hombre se siente en su glorioso trono- ustedes, quienes me han seguido, se sentar‡n en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. 29 Y cualquiera que ha dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o hijos, o tierras por la causa de mi nombre, recibir‡ muchas veces m‡s, y heredar‡ vida en la era. 30 Pero, muchos que son primeros ser‡n œltimos, y los œltimos ser‡n primeros.Ó

Capitulo 20

1 ÒPorque El Reino de los Cielos es similar a un hombre, el amo de su casa, quiŽn sali— afuera muy temprano por la ma–ana a contratar trabajadores para su vi–edo. 2 Cuando hubo acordado con los trabajadores una moneda de plata por d’a, entonces los envi— a su campo a trabajar. 3 Saliendo otra vez, aproximadamente a la tercera hora, Žl vio otros deambulando sin empleo en el mercado. 4 As’ es que dijo: ÔVayan al vi–edo tambiŽn y les pagarŽ lo que sea justo.Õ 5 Y entonces ellos fueron.

ƒl sali— otra vez aproximadamente a la hora sexta y a la novena, e hizo lo mismo. 6 Finalmente, aproximadamente a la hora undŽcima sali— y encontr— m‡s trabajadores parados, y les pregunt—: ÔÀPor quŽ han estado parados aqu’ todo el d’a desocupados?Õ

7 Ellos respondieron: ÔPorque nadie nos ha contratado.Õ

As’ es que les dijo: ÔUstedes tambiŽn, vayan al vi–edo.Õ

8 Aquella noche, el amo del vi–edo dijo a su hombre encargado: ÔLlama a todos los trabajadores y p‡gales su salario. Sin embargo, procedan desde el œltimo hasta el primero.Õ

9 ÒCuando llegaron los trabajadores de la hora undŽcima, cada uno recibi— una moneda de plata, 10 as’ pues, cuando lleg— el momento de [pagarle] a los primeros, ellos pensaron que recibir’an m‡s, pero ellos tambiŽn recibieron una moneda de plata. 11 Mientras la recib’an, ellos empezaron a protestar en contra del amo 12 y dijeron: ÔÁEstos œltimos solamente pusieron una hora de trabajo; pero tœ les pagaste a ellos lo mismo que a nosotros que trabajamos todo el d’a en el calor ardiente!ÕÓ

13 ÒEn respuesta a uno de ellos, [el amo] dijo: ÔHombre, no te he hecho nada malo. ÀNo acordamos en una moneda de plata? 14 Toma lo que es tuyo y vete. Yo paguŽ a los œltimos lo mismo que a ti, porque quise. 15 ÀNo es legal para m’ hacer lo que yo quiera con mis cosas? ÀO es que est‡s viendo las cosas de forma inicua, porque yo soy bueno?Õ 16 As’ es como los œltimos ser‡n primeros y los primeros œltimos.Ó

17 Al entrar al camino hacia JerusalŽn, Jesœs sac— aparte a sus doce disc’pulos y privadamente les explic— esto: ÒMiren, estamos yendo a JerusalŽn donde el Hijo del Hombre ser‡ traicionado y entregado a los principales sacerdotes y los escribas, y ellos lo condenar‡n a muerte. 19 Entonces ellos lo entregar‡n a [hombres] de las naciones para que se burlen, para que lo azoten, y luego empalarlo. Y en el tercer d’a, Žl ser‡ levantado.Ó

20 DespuŽs de eso, la madre de los hijos de Zebedeo vino a Žl con sus hijos y se inclin— ante Žl como si quisiera pedirle algo. 21 As’ es que, Žl le pregunt—: ÒÀQuŽ es lo que quieres?Ó

Y ella dijo: ÒDa tu palabra de que mis dos hijos puedan sentarse, uno a tu derecha y uno a tu izquierda en tu Reino.Ó

22 Jesœs respondi—: ÒNo sabes lo que est‡s pidiendo. ÀPueden ustedes tomar de la copa que estoy a punto de beber?Ó

Y ellos respondieron: ÒPodemos.Ó

23 Por tanto les dijo: ÒUstedes verdaderamente beber‡n de mi copa, pero el sentarse a mi derecha e izquierda no me corresponde concederlo. Pertenece a aquellos para quienes mi Padre lo ha preparado.Ó

24 Cuando los otros diez [disc’pulos] oyeron acerca de esto, se irritaron con los dos hermanos. 25 Pero Jesœs los llam— y les dijo: ÒUstedes saben c—mo a los gobernantes de las naciones les gusta ser amos sobre [la gente], y cu‡nto les gusta a los hombres usar su poder, 26 pero ustedes no deber’an ser de esa manera. Cualquiera que desee ser grande entre ustedes debe ser su sirviente 27 y cualquiera que desee ser el primero entre ustedes debe ser su esclavo. 28 As’ es como el Hijo del Hombre vino, no para ser servido, sino para servir, y dar su cuerpo vivo como un rescate por muchos.Ó

29 Mientras iban dejando Jeric—, una muchedumbre grande lo segu’a. 30 Y {Ámiren!} cuando dos ciegos, que estaban sentados a lo largo del camino, oyeron que Jesœs estaba pasando, gritaron: ÒÁSe–or, ten misericordia de nosotros, Hijo de David!Ó 31 Ante esto la muchedumbre les dijo que se callaran. Sin embargo, ellos gritaron aœn m‡s fuerte: ÒÁSe–or, ten misericordia de nosotros, Hijo de David!Ó

32 As’, Jesœs par—, los mand— venir, y les pregunt—: ÒÀQuŽ es lo que quieren que haga por ustedes?Ó

33 Ellos le respondieron: ÒSe–or, queremos que nos abras los ojos.Ó

34 Movido por la l‡stima, Jesœs toc— sus ojos y ellos pudieron ver inmediatamente, y le siguieron.

Capitulo 21

1 Pues bien, cuando ellos se acercaron a JerusalŽn y llegaron a Botagua en el Monte de los Olivos, Jesœs envi— dos disc’pulos adelante, diciŽndoles: ÒVayan a la aldea, la que se encuentra enfrente nuestro, y ustedes inmediatamente encontrar‡n una burra que est‡ amarrada con su cr’o. Des‡tenlos y tr‡iganlos a m’. 3 Y si alguien dice algo, digan solamente que el Se–or los necesita, y Žl inmediatamente los enviar‡ con ustedes.Ó

4 La raz—n por la que esto sucedi— es para que lo que fue dicho a travŽs del profeta pudiera ser cumplido: 5 ÒDigan a la hija de Sion, {ÁMiren!} Su Rey est‡ viniendo a ustedes. [ƒl es] gentil y viene montado en el cr’o de una burra, el hijo de un animal de trabajo.Ó

6 Pues entonces, los disc’pulos fueron e hicieron exactamente lo que Jesœs les dijo. 7 Ellos trajeron a la burra y su cr’o, le pusieron una cuerda [alrededor del lomo del cr’o], y se sent— sobre este. 8 La mayor parte de la multitud tambiŽn extendieron sus ropas en el camino, mientras que otros cortaron ramas de los ‡rboles para ponerlas en el camino.

9 Una parte de la muchedumbre camin— delante de Žl, y aquellos que lo segu’an detr‡s gritaban: ÒÁQue Dios salve al Hijo de David! ÁAlabado sea el que viene en el nombre de Jehov‡! ÁQue Dios en los lugares m‡s elevados lo salve!Ó

10 Ahora, cuando el entr— en JerusalŽn, toda la ciudad se encontraba revuelta [mientras la gente se preguntaba]: ÒÀQuiŽn es este?Ó

11 Pero la muchedumbre [que estaba con Jesœs] respondi—: ÒÁƒl es el profeta Jesœs de Nazaret de Galilea!Ó

12 Entonces Jesœs fue al Templo y expuls— a todos aquellos que estaban comprando y vendiendo all’, y volte— las mesas de los cambistas de dinero y los bancos de aquellos que vend’an palomas. 13 ƒl les dijo: ÒEst‡ escrito, Mi casa ser‡ llamada una casa de oraci—n, pero ustedes la est‡n haciendo un escondite de ladrones.Ó

14 Entonces los que estaban ciegos y cojos vinieron a Žl en el Templo y los cur—.

15 Cuando el Jefe de los Sacerdotes y escribas vio las cosas maravillosas que Žl hizo y a los ni–os que gritaban en el Templo: Ò[Dios], salva al Hijo de David,Õ ellos se molestaron mucho 16 y dijeron, ÔÀEscuchan lo que est‡n diciendo?Ó

Jesœs respondi—: ÒSi. No han le’do esto: ÔTœ has provisto alabanza de la boca de infantes y bebes.ÕÓ 17 Y dej‡ndolos, sali— de la ciudad y fue a Betania, donde pas— la noche.

18 De regreso a la ciudad, temprano por la ma–ana, sinti— hambre. 19 Y vio un higo cerca del camino, pero cuando Žl se acerc—, no encontr— nada sino hojas. As’ es que dijo: ÒQue no salga nunca m‡s ningœn fruto de ti por el resto de la era.Ó Y el higo se marchit— instant‡neamente.

20 Cuando los disc’pulos vieron esto, se preguntaban: ÒÀC—mo puede un ‡rbol de higo marchitarse instant‡neamente?Ó

21 Jesœs les respondi—: ÒYo les digo la verdad; si ustedes tienen fe- y ustedes no deben dudar- no solamente har‡n esto al ‡rbol de higo, pero podr’an decir a esta monta–a, elŽvate y se arrojada al mar, y suceder‡. 22 Ustedes recibir‡n lo que sea que pidan en oraci—n, si tienen fe.Ó

23 Ahora, despuŽs de ir al Templo, los sacerdotes principales, y los ancianos de la gente vinieron a Žl mientras ense–aba y preguntaron: ÒÀDe d—nde obtuviste la autoridad para hacer estas cosas, y quiŽn es el que te dio esta autoridad?Ó

24 En respuesta, Jesœs dijo: ÒDŽjenme preguntarles algo, y si ustedes me responden, entonces les dirŽ d—nde obtuve la autoridad para hacer estas cosas. 25 ÀCu‡l era la fuente del bautismo de Juan? ÀVino de los cielos o de los hombres?Ó

As’ es que empezaron a razonar entre ellos y dec’an: ÒSi respondemos, del cielo, nos preguntar‡; ÀEntonces por quŽ no creyeron en Žl?Ó 26 De modo que le dijeron: ÒNo sabemos.Ó

Y Žl les dijo: ÒEntonces, no les voy a decir d—nde consegu’ la autoridad para hacer las cosas que estoy haciendo.Ó

28 ÒÀQuŽ piensan? Hab’a un hombre que ten’a dos hijos; fue al primero y dijo, Hijo, ve al trabajo en el vi–edo hoy. 29 Este entonces respondi—: ÔÁS’ se–or!Ó Pero no lo [hizo]. 30 Entonces se dirigi— al segundo hijo y le dijo la misma cosa. El respondi—: ÔNo quiero.Õ Pero m‡s tarde se sinti— mal [por lo que dijo] y sali— [a trabajar en el vi–edo.] 31 ÀCu‡l de los dos hizo lo que su padre quer’a?Ó

Ellos respondieron: ÒEl segundo.Ó

Entonces Jesœs les dijo: ÒYo les digo la verdad, los recaudadores de impuestos y las prostitutas est‡n yendo delante de ustedes al Reino de Dios, 32 porque Juan vino a ustedes [predicando] el camino de la justicia, pero ustedes no le creyeron. Sin embargo, recaudadores de impuestos y prostitutas le creyeron, y aunque ustedes vieron esto, no se sintieron mal despuŽs y empezaron a creer en Žl.Ó

33 ÒOigan otra ilustraci—n; hab’a un hombre -amo de su casa- que plant— un vi–edo, lo cerc—, cav— un lagar en Žl, construy— una torre [para protegerlo], y contrat— [gente] para cultivarlo, y luego se fue del pa’s. 34 Cuando lleg— la temporada de cosechas, envi— a sus esclavos a los granjeros para obtener de ellos la fruta. 35 Sin embargo, tomaron a sus esclavos y golpearon al uno, le tiraron piedras al otro, y mataron al tercero. 36 Entonces Žl envi— otros esclavos, m‡s que la primera vez, pero ellos hicieron lo mismo con estos.Ó

37 ÒFinalmente, envi— a su propio hijo a ellos, diciendo: ÔEllos respetar‡n a mi hijo. 38 Pero cuando vieron al hijo, los granjeros dijeron, ÁEste es el heredero! ÁMatŽmoslo y obtengamos su herencia! 39 As’ es que lo prendieron, y lo arrojaron fuera del vi–edo, y luego lo mataron.Ó

40 ÒAhora, cuando el due–o del vi–edo regrese, ÀquŽ les har‡ a estos granjeros?Ó

41 Ellos respondieron: ÒPorque son tan malos, los destruir‡ dolorosamente, entonces el contratar‡ otros para cultivar el vi–edo, quienes le dar‡n el fruto a su tiempo.Ó

42 Jesœs les dijo: ÒÀNunca leyeron en las escrituras: ÔLa piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la cabeza de la esquina... y es una cosa maravillosa a nuestros ojos?Õ 43 Esto es porque les digo a ustedes, el Reino de Dios les ser‡ quitado y dado a una naci—n que produce su fruto. 44 La persona que cae en esta piedra ser‡ hecha a–icos, y cualquiera cobre el cual esta caiga ser‡ aplastado.Ó

45 Ahora, cuando el Jefe de los Sacerdotes y los fariseos oyeron estas ilustraciones, ellos se dieron cuenta que estaba hablando acerca de ellos. 46 Pero, aunque estaban buscando aprenderlo, ellos tem’an a las masas, porque estas lo ve’an como a un profeta.

Capitulo 22

1 Entonces Jesœs les dio otra ilustraci—n: 2 ÒEl Reino de los Cielos se parece a un hombre, un rey, quien organiz— un banquete de bodas para su hijo. 3 Entonces envi— su esclavos a llamara a aquellos que estaban invitados. Sin embargo, [aquellos que estaban invitados] no quisieron venir.Ó

4 ÒNuevamente envi— otros esclavos, diciendo, di a aquellos que invitŽ: {Ámiren!} La cena est‡ preparada, toros y animales engordados han sido sacrificados, y todo est‡ listo. ÁVengan al banquete! 5 Pero, nadie prest— atenci—n. Uno se fue a su propio campo, otro a su negocio, 6 y el resto prendi— a sus esclavos, abus— de ellos y los asesin—.Ó

7 ÒEsto enfureci— mucho al rey, as’ es que envi— a su ejŽrcito para destruir a los asesinos y quemar su ciudad. 8 Entonces les dijo a sus esclavos: ÔLa fiesta de bodas est‡ de hecho lista, pero aquellos a quienes invitŽ no son dignos. 9 Por tanto, vayan a los caminos que conducen a las afueras de la ciudad e inviten al banquete de bodas a cualquiera que encuentren.ÕÓ

10 ÒAs’, sus esclavos salieron a los caminos y reunieron a cualquiera que pudieron encontrar, tanto a buenos como a malos, y el sal—n de bodas estaba lleno con aquellos, reclin‡ndose a la mesa.Ó

11 ÒCuando el rey vino a inspeccionar los invitados, observ— a un hombre que no estaba adecuadamente vestido para una boda. 12 De modo que le pregunto: ÔÀC—mo lograste entrar [vestido as’]?Õ

Pues bien, el hombre enmudeci—. 13 entonces el rey dijo a sus sirvientes: ÔÁAm‡rrenlo de pies y manos, y arr—jenlo afuera a la oscuridad. All’ es donde llorar‡ y amolar‡ sus dientes!Õ 14 Porque muchos son llamados, pero pocos son escogidos.Ó

15 Entonces todos los fariseos se fueron a reunirse [para discutir la forma] de atrapar [a Jesœs] en su [propia] habla. 16 As’, ellos mandaron algunos de sus disc’pulos y algunos de los seguidores de Herodes a preguntarle: ÒMaestro, sabemos que tœ dices la verdad, y que lo que ense–as acerca de los caminos de Dios est‡ bien. Y sabemos que nadie te impresiona demasiado, porque no ves lo que los hombres son por fuera. 17 As’ es que, dinos lo que piensas, ÀEs correcto para nosotros pagar el impuesto principal a Cesar o no?Ó

18 Pero Jesœs, (conociendo su iniquidad) dijo: ÒÀPor quŽ me ponen a prueba, hip—critas? 19 MuŽstrenme la moneda con la que pagan el impuesto principal.Ó As’ es que le trajeron una moneda de plata.

20 Y Žl les pregunt—: ÒÀLa imagen de quiŽn y la inscripci—n de quiŽn es esta?Ó

21 Ellos dijeron: ÒDe Cesar.Ó

Entonces Žl les dijo: ÒDevuŽlvanle al Cesar las cosas de Cesar, pero a Dios las cosas de Dios.Ó

22 Pues bien, cuando hubieron escuchado esto, quedaron desconcertados. De modo que se fueron.

23 En este mismo d’a, los Saduceos (quienes no creen en la resurrecci—n) se acercaron a [Jesœs] y preguntaron: 24 ÒMaestro, MoisŽs dijo que si un hombre muere sin hijos, su hermano debe casarse con la esposa y engendrar [hijos] para su hermano. 25 Ahora, digamos que fueron siete hermanos. El primero se cas— y muri— sin tener [hijos], dejando su esposa a su hermano. 26 Lo mismo les pas— al segundo, y el tercero, hasta que [ella pas— por todos los siete]. 27 Finalmente, la mujer muri—. 28 Pues, ÀCon cu‡l de los siete se casar‡ ella en la resurrecci—n, porque todos la tuvieron?Ó

29 Jesœs respondi—: ÒEsta es la raz—n por la cual ustedes van en la direcci—n equivocada. No entienden la escritura o el poder de Dios. 30 En la resurrecci—n, los hombres no se casar‡n ni las mujeres ser‡n dadas en matrimonio, mas bien ser‡n como los mensajeros en el cielo. 31 No han le’do lo que Dios les ense–— acerca de la resurrecci—n de los muertos, [al decir]: 32 ÔYo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob.Õ El no es el Dios de los muertos, sino de los que est‡n vivos.Ó

33 Al o’r esto, las multitudes quedaban asombradas por su ense–anza.

34 DespuŽs que los fariseos oyeron c—mo Žl hab’a amordazado a los saduceos, ellos vinieron a Žl como grupo. 35 y uno de ellos (quiŽn estaba bien versado en la ley) le pregunt— (para probarlo): 36 ÒÀMaestro, cu‡l es el mandamiento m‡s grande de la Ley?Ó

37 ƒl respondi—: ÒTienes que amar a [Jehov‡] tu Dios con todo tu coraz—n, vida y mente. 38 Este es el primero y m‡s grande mandamiento. 39 El segundo, as’ como el anterior, es, Ustedes tienen que amar a su vecino como a s’ mismo. 40 Estos dos mandamientos son la base de toda la Ley y de los Profetas.Ó

41 Ahora, mientras los fariseos estaban todos all’ enfrente de Žl, Jesœs pregunt—: 42 ÒÀQuŽ es lo que ustedes creen acerca del Ungido? ÀHijo de quiŽn es?Ó

Ellos contestaron: ÒDe David.Ó

43 As’ es que dijo: ÒEntonces, ÀPor quŽ David (mediante el Aliento [de Dios]) lo llama Se–or, diciendo, 44 [Jehov‡} dijo a mi Se–or, SiŽntate a mi mano derecha hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies? 45 Si David lo llam— Se–or, Àc—mo puede Žl ser su hijo?Ó

46 Y nadie era capaz de decir una palabra en respuesta a Žl, ni nadie se atrevi— a hacerle m‡s preguntas desde entonces en adelante.

Capitulo 23

1 Entonces Jesœs habl— a las muchedumbres y sus disc’pulos, diciendo: 2 ÒLos escribas y fariseos se han colocado ellos mismos en el asiento de MoisŽs. 3 Por tanto, hagan todo lo que les digan... Áh‡ganlo y presten atenci—n! Pero no hagan lo que ellos hacen, porque ellos hablan pero no actœan. 4 Ellos reœnen cargas pesadas y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos mismos no desean moverlas ni [siquiera] un poquito, con un dedo.Ó

5 ÒTodo lo que hacen es solamente para ser vistos por los hombres. Ellos ensanchan la [escritura-portando] cajas, y hacen m‡s grandes los flecos [de sus ropas]. 6 A ellos les gusta [sentarse en] el primer lugar en las comidas y en los asientos delanteros de las sinagogas, 7 y les gusta ser saludados en los mercados, y que la gente los llame Rab’. 8 ÁPero no ustedes! No [dejen que la gente] los llame Rab’, porque ustedes tienen un solo Maestro. Todos ustedes, todos son hermanos. 9 Y no se dirijan a nadie como Padre, porque solamente hay uno quiŽn es su Padre, el Celestial. 10 No deben tampoco ser llamados l’deres, porque ustedes solamente tienen un l’der, El Ungido. 11 Sin embargo, el mayor entre ustedes debe ser su sirviente. 12 Cualquiera que se promueva a s’ mismo ser‡ humillado y cualquiera que se humille ser‡ promovido.Ó

13 ÒÁAy de ustedes! Escribas y fariseos –hip—critas- porque ustedes bloquean el Reino de los cielos en frente de los hombres, pero no entran en Žl, y no dejan que otros, que est‡n en camino, entren en Žl.Ó 14--

15 ÒÁAy de ustedes! Escribas y fariseos –hip—critas- porque ustedes viajan tierra y mar para hacer un solo converso, y cuando este se convierte, ustedes lo hacen hijo del botadero dos veces m‡s que lo que ustedes mismos son.Ó

16 ÒÁAy de ustedes! Gu’as ciegos que dicen, que si alguien jura por el Templo [de Dios], no es nada. Pero que si alguien jura por el oro del Templo, este juramento lo obliga. 17 ÁEstœpidos y ciegos! ÀCu‡l es en realidad mayor, el oro o el Templo hace santo al oro?Ó

18 ÒUstedes tambiŽn dicen, si alguien jura por el altar, no es nada. Pero si alguien jura por la ofrenda en [el altar], el juramento lo obliga. 19 ÁCiegos! ÀCu‡l es realmente mayor, la ofrenda, o el altar que hace que la ofrenda sea santa? 20 Aquellos que juran por el altar, est‡n jurando por este y por todo lo que est‡ en este. 21Y aquellos que hacen un juramento por el Templo est‡n jurando por Aquel que vive all’. 22 Y aquellos que hacen un juramento por el cielo, est‡n jurando tanto por el trono de Dios como por Aquel que se sienta en este.Ó

23 ÒÁAy de ustedes! Escribas y fariseos-hip—critas- porque [cuando pagan el diezmo], ustedes hasta contribuyen un dŽcimo de[ hierbas como] la menta, el eneldo y el comino, pero ignoran las cosas m‡s profundas de la Ley, como la justicia, misericordia y lealtad. Ustedes deber’an hacer estas cosas tambiŽn, en adici—n al resto. 24 [Ustedes son] gu’as ciegos que ciernen los mosquitos pero se tragan camellos!Ó

25 ÒÁAy de ustedes! Escribas y fariseos –hip—critas- porque ustedes son como tumbas emblanquecidas que se ven bonitas por fuera, pero est‡n llenas de huesos de muertos y toda clase de corrupci—n en su interior. 28 De la misma forma, ustedes se ven como hombres justos por fuera, pero por dentro est‡n llenos de hipocres’a y desafuero.Ó

29 ÒÁAy de ustedes! Escribas y fariseos –hip—critas- porque ustedes construyen lugares para enterrar a los profetas y decoran las tumbas de los justos, 30 y luego dicen, si hubiŽsemos vivido en los d’as de nuestros antepasados, no hubiŽramos participado en [derramar] la sangre de profetas. 31 Pero cuando dicen esto, testifican en contra de ustedes mismos que son hijos de aquellos que mataron a los profetas. 32 Y ahora, llenen por completo la medida de sus ancestros.Ó

33 ÒÁSerpientes! Hijos de v’boras, Àc—mo pueden ustedes escapar del juicio del botadero? 34 ÁMiren! Les estoy enviando a ustedes profetas, hombres sabios, y escritores. Ustedes matar‡n y colgar‡n a algunos [de ellos] en postes, mientras azotar‡n a otros en sus sinagogas y los perseguir‡n de ciudad en ciudad. 35 Entonces llegar‡n a ser responsables por toda la sangre justa que fue derramada en la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacar’as (el hijo de Baraqu’as), a quien asesinaron entre el Lugar Santo y el Altar. 36 Yo les digo la verdad, toda esa culpa le ser‡ imputada a esta generaci—n.Ó

37 ÁJerusalŽn, JerusalŽn!... Asesina de profetas y que apedreaste a quienes te fueron enviados, cu‡n a menudo quise reunir a tus hijos, de la misma forma como la gallina reœne sus pollitos bajo sus alas. ÁPero ustedes no quisieron! 38 ÁMiren! Su casa les ha sido quitada. 39 Yo les digo la verdad, no me ver‡n otra vez sino hasta que digan: ÔÁAlaben al que viene en el nombre de [Jehov‡]!Õ

Capitulo 24

1 Mientras Jesœs caminaba (despuŽs de haber dejado el templo), sus disc’pulos vinieron a Žl, y se–alaban con admiraci—n los edificios del Templo. 2 Entonces Žl les dijo: ÒÀVen ustedes todo esto? Yo les digo la verdad, aqu’ no quedar‡ una piedra sobre otra piedra que no sea tirada abajo.Ó

3 Entonces mientras estaba sentado en un lugar quieto, en el Monte de los Olivos, los disc’pulos vinieron a Žl y le preguntaron: ÒDinos, Àcu‡ndo ocurrir‡n todas estas cosas? ÀCu‡les ser‡n las se–ales de que est‡s cerca y que esta era finalmente terminar‡?Ó

4 Jesœs contest—: ÒTengan cuidado que nadie los extrav’e, 5 porque muchos vendr‡n en mi nombre, diciendo, Yo soy el Ungido, y muchos se desviar‡n.Ó

6 ÒUstedes van a o’r de guerras y reportes de guerras, pero no dejen que esto los atemorice, porque estas cosas tienen que suceder, pero el fin todav’a no viene. 7 Porque naci—n se levantar‡ contra naci—n y reino contra reino, y habr‡ hambrunas y desastres naturales en muchos lugares. 8 Pero todas estas cosas son solamente las primeras etapas de los dolores de parto.Ó

9 ÒEntonces la gente los entregar‡ para que sean perseguidos y los matar‡n. Porque ser‡n odiados por todas las naciones por motivo de mi nombre. 10 Muchos tropezar‡n y se traicionar‡n unos a otros... y hasta se odiar‡n unos a otros. 11 Falsos profetas vendr‡n y extraviar‡n a mucha gente. 12 Y debido al aumento del desafuero, el amor de la mayor’a se enfriar‡, 13 pero aquel que aguante hasta el fin ser‡ salvado.Ó

14 ÒY estas buenas noticias del Reino ser‡n predicadas a travŽs de toda la tierra, como testimonio a todas las naciones, y entonces vendr‡ el fin.Ó

15 ÒPues, cuando vean al repugnante destructor (del cual se habl— mediante Daniel el Profeta) parado en el Lugar Santo (dŽjese al lector entender), 16 aquellos en Judea deben escapar a las monta–as. 17 El hombre que estŽ parado sobre su techo, no debe bajar a sacar nada de la casa, 18 y un hombre que estŽ parado en su campo no debe volver a recoger su ropa.Ó

19 ÒÁAy de aquellas que entonces estŽn encinta o dando de lactar a sus ni–itos! 20 Y, sigan orando que el tiempo de la huida no venga en el invierno o en un s‡bado. 21 Porque, entonces vendr‡ un tiempo de gran dificultad como nunca ha ocurrido uno desde los tiempos m‡s remotos del mundo, hasta ahora, ni tampoco volver‡ a suceder nuevamente. 22 Y si estos d’as no fueran acortados, nadie se salvar’a. Pero aquellos d’as ser‡n acortados por causa de los elegidos.Ó

23 ÒEntonces, si alguien les dice: ÔÁMiren! El Ungido est‡ aqu’ o all‡, no lo crean. 24 Porque surgir‡n ungidos falsos y falsos profetas, y estos ejecutar‡n grandes se–ales y presagios para desviar (si fuese posible) hasta a los elegidos. 25 Ahora, yo les he advertido; 26 por tanto, si la gente dice: ÔÁmiren!, est‡ en el desierto, no vayan all‡; o, Ámiren!, Žl est‡ en el almacŽn, Áno lo crean! 27 Porque, de la misma forma que un rayo relampaguea travŽs del cielo, de este a oeste, as’ es como ustedes sabr‡n que el Hijo del Hombre est‡ cerca. 28 Los buitres se reunir‡n dondequiera que se encuentre el cad‡ver.Ó

29 ÒEn los d’as que sigan, inmediatamente despuŽs de ese tiempo de gran dificultad, el sol se oscurecer‡, la luna no emitir‡ luz, las estrellas caer‡n del cielo, y los poderes de los cielos ser‡n sacudidos. 30 Entonces, la se–al del Hijo del Hombre aparecer‡ en el cielo, y todas las tribus de la tierra se golpear‡n por la pena, cuando vean al Hijo del Hombre en las nubes del cielo con poder y gran gloria. 31 Entonces Žl enviar‡ a sus mensajeros con un gran toque de trompeta, y [estos] reunir‡n a sus elegidos desde los cuatro vientos, de un extremo del cielo al otro.Ó

32 ÒAhora, aprendan este punto de la ilustraci—n del ‡rbol de higo: cuando sus ramas j—venes est‡n tiernas y comienzan a reto–ar, ustedes saben que el verano est‡ cerca. 33 De igual manera, cuando ustedes vean que todas estas cosas estŽn [ocurriendo], sepan que Žl est‡ cerca, a las puertas. 34 Yo les digo la verdad, aquel [lapso determinado] definitivamente no pasar‡, sino hasta que todas estas cosas sucedan. 35 El cielo y la tierra pasar‡n, pero mis palabras no pasar‡n.

36 ÒNadie sabe el d’a y la hora, no, ni los mensajeros del cielo ni el Hijo, sino solamente el Padre. 37 De la misma forma como fue en los d’as de NoŽ, as’ es como ser‡ cuando el Hijo del Hombre estŽ cerca. 38 Porque  la gente en los d’as previos al diluvio estaban comiendo y bebiendo, cas‡ndose y siendo dados en matrimonio, hasta el d’a en que NoŽ entr— en la gran arca. 39 Ellos estaban totalmente inconscientes hasta que el diluvio vino y los barri— a todos. As’ es como ser‡ cuando el Hijo del Hombre estŽ cerca.Ó

40 ÒEntonces, dos hombres estar‡n en el campo, uno ser‡ tomado y el otro abandonado. 41 Dos mujeres estar‡n moliendo en un molino, una ser‡ tomada y la otra abandonada. 42 As’ es que, mantŽnganse despiertos, porque ustedes no saben en quŽ d’a viene su Se–or.Ó

43 ÒYo quiero que ustedes se den cuenta de una cosa: Si el amo de la casa hubiese sabido cu‡ndo el ladr—n iba a venir, hubiera permanecido despierto y no hubiese permitido que [este] irrumpa en su casa. 44 Por esta raz—n, prueben que ustedes est‡n listos, porque el Hijo del hombre viene en un momento inesperado.Ó

45 ÒÀQuien realmente es el esclavo fiel y prudente, a quiŽn su amo ha puesto a cargo de los sirvientes de la casa para darles sus provisiones al tiempo apropiado? 46 El esclavo ser‡ bendecido si se lo encuentra haciendo esto cuando su amo llegue. 47 Yo les digo la verdad; Žl lo pondr‡ a cargo de todas sus posesiones. 48 Pero, si aquel esclavo malo alguna vez dice en su coraz—n, mi amo se est‡ tomando su tiempo conmigo, 49 y comienza a golpear a sus compa–eros esclavos, y come y bebe con los borrachos locales, 50 el amo de aquel esclavo llegar‡ en un d’a y hora que [este] no espera. 51 Entonces [su amo] lo cortar‡ y le asignar‡ un lugar con los hip—critas. All’ es donde ser‡ su llanto y el amolarse los dientes.Ó

Capitulo 25

1 ÒEl Reino de los Cielos se parece a diez v’rgenes que tomaron sus l‡mparas y salieron a encontrarse con el novio y su novia. 2 Cinco eran sabias, pero a cinco simplemente no les import—. 3 Las que no les import—, trajeron sus l‡mparas, pero fallaron al no traer ningœn aceite. 4 Sin embargo, las sabias trajeron tambiŽn envases con aceite para sus l‡mparas.Ó

5 ÒMientras el novio estaba tom‡ndose su tiempo, todas ellas cabecearon y se fueron a dormir. 6 Pero en la mitad de la noche, alguien grit—, Miren, Áel novio! ÁVamos a encontrarnos con Žl!Ó

7 ÒEntonces todas las v’rgenes se levantaron y empezaron a preparar sus l‡mparas, 8 y aquellas a quienes simplemente no les import— dijeron a las sabias, dennos algo de su aceite, porque nuestras l‡mparas se est‡n quedando vac’as.Ó

9. Pero las sabias les dijeron: ÒEs posible que no haya suficiente para todas. Es mejor que vayan a la tienda y compren lo suyo. 10 Y mientras iban saliendo a comprar el aceite, el novio lleg— y aquellas que estaban listas entraron a la boda con Žl. Entonces la puerta se cerr—.Ó

11 ÒM‡s tarde, el resto de las v’rgenes aparecieron diciendo: ÔSe–or, Se–or, Á‡brenos la puerta!ÕÓ

12 ÒEn respuesta Žl dijo: ÔLes digo la verdad, no las conozco.Õ

13 ÔAs’ es que mantŽnganse despiertos, porque no saben el d’a o la hora.ÕÓ

14 ÒEs tal como cuando un hombre que estaba a punto de viajar al extranjero, llam— a sus esclavos y les encarg— sus pertenencias. 15 A uno de ellos le dio cinco monedas [de plata], a otro dos, y todav’a a otro m‡s [le dio] una, a cada uno de acuerdo con sus habilidades; y se fue al extranjero. 16 Inmediatamente, aquel que recibi— las cinco monedas sali— y las puso a trabajar, ganando cinco m‡s. 17 Lo mismo fue cierto de aquel que recibi— dos. Este gan— dos m‡s. 18 Pero [el esclavo] que recibi— solamente una sali— y cav— un hoyo en el piso y enterr— la plata de su amo.Ó

19 ÒDespuŽs de un largo tiempo, el amo de estos esclavos regres— y los llam— a cuentas. 20 As’, aquel que recibi— cinco monedas, se acerc— y trajo cinco m‡s, diciendo: ÔAmo, tœ me diste cinco monedas. Como ves, he ganado para ti cinco m‡s.Õ

21 ÒSu amo le dijo: ÔÁHaz hecho bien, esclavo bueno y fiel! Fuiste fiel en unas cuantas cosas, por tanto, te nombrarŽ sobre muchas cosas. Disfruta del favor de tu amo.ÕÓ

22 ÒLuego de esto, aquel que recibi— dos monedas se acerc— y dijo: ÔMaestro, me diste dos monedas. Mira, he ganado dos m‡s.Õ

23 Su amo le dijo: ÔÁHaz hecho bien, mi esclavo bueno y fiel! Fuiste fiel en unas cuantas cosas, por tanto, te nombrarŽ sobre muchas cosas. Comparte el gozo de tu amo.ÕÓ

24 ÒFinalmente, el [esclavo] a quien se le dio una moneda se acerc— y dijo: ÔAmo, yo se que eres un hombre duro, que cosechas donde no has plantado y siegas donde no has esparcido [semillas]. 25 Y porque tuve miedo, escond’ tu moneda en la tierra... Á Mira, te doy lo que es tuyo!Ó

25 ÒEn respuesta, el amo le dijo: ÔEsclavo inicuo y perezoso, as’ es que tu sabes que cosecho donde no siembro y siego donde no planto. ÀNo es as’? 27 Entonces debiste haber depositado mi moneda con los banqueros, para que al regresar Áyo hubiese recibido lo que es m’o con interŽs! 28 As’ es que, toma la moneda y d‡sela al que tiene diez monedas. 29 Porque a cualquiera que tiene, m‡s se le dar‡, y tendr‡ mucho. Pero a aquellos que no tienen, todo se les quitar‡ 30 Tiren a este esclavo inservible a la oscuridad de afuera. All’ es donde llorar‡ y se amolar‡ los dientes.ÕÓ

31 ÒCuando el Hijo del Hombre llegue en su gloria junto con todos sus mensajeros, se sentar‡ en su glorioso trono, 32 y todas las naciones ser‡n guiadas delante de Žl. Entonces separar‡ a la gente tal como el pastor separa a las ovejas de las cabras. 33 Y pondr‡ a las ovejas a su derecha, pero las cabras a su izquierda.Ó

34 ÒEntonces el rey les dir‡ a los de su derecha: ÔVengan, ustedes que han sido alabadas por mi padre, hereden el Reino que ha sido preparado para ustedes desde la fundaci—n del mundo. 35 Porque cuando estuve hambriento, ustedes me dieron algo para comer. Cuando estuve sediento, me dieron algo para beber. Cuando fui un extra–o, me dieron hospedaje. 36 Cuando estuve desnudo, me vistieron. Cuando estuve enfermo, me cuidaron. Y cuando estuve en prisi—n, vinieron a m’.ÕÓ

37 ÒEntonces los justos responder‡n: ÔSe–or, Àcu‡ndo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos algo para beber? 38 ÀCu‡ndo te vimos extra–o y te hospedamosÉo desnudo y te vestimos? 39 ÀCu‡ndo te vimos enfermo o en prisi—n y fuimos a ti?ÕÓ

40 ÒY el rey les dir‡: ÔLes digo la verdad, cuando lo hicieron por uno de los menores de estos mis hermanos, lo hicieron por m’.Õ

41 Entonces el tambiŽn dir‡ a los de su izquierda, ap‡rtense de m’, ustedes han sido maldecidos para ser arrojados al fuego de la era, el cual ha sido preparado para el Opositor y sus mensajeros. 42 Porque, cuando estuve hambriento, ustedes no me dieron nada para comer. Cuando estuve sediento, ustedes no me dieron nada para beber. 43 Cuando fui extra–o, no me hospedaron. Cuando estuve desnudo, no me vistieron. Y cuando estuve enfermo y en prisi—n, no me cuidaron.

Entonces estos tambiŽn preguntar‡n: ÔSe–or, Àcu‡ndo te vimos hambriento, o sediento, o extra–o, o desnudo, o enfermo, o en prisi—n, y no atendimos tus necesidades?ÕÓ

45 ÒY Žl responder‡: ÔLes digo la verdad, cuando ustedes no lo hicieron por uno de los menores de estos, no lo hicieron por m’. 46 Entonces estos se ir‡n para ser atormentados en aquella era, pero los justos [recibir‡n] vida en la era.ÕÓ

Capitulo 26

1 Ahora, cuando Jesœs hubo terminado de decir todas estas cosas, les dijo a sus disc’pulos: 2 ÒUstedes saben que la Pascua estar‡ aqu’ en solamente dos d’as y que el Hijo del Hombre va a ser traicionado y colgado en un poste.Ó

3 Entonces los sacerdotes principales y los ancianos del pueblo se juntaron en el patio del Sumo Sacerdote (llamado Caif‡s) 4 y discutieron formas tortuosas de atrapar a Jesœs y matarlo. 5 Sin embargo, ellos decidieron [no hacerlo] en el festival, porque esto iba a crear [una] conmoci—n entre la gente.

6 Mientras Jesœs estaba en Betania, en la casa de Sim—n el curtidor, 7 una mujer, portando una costosa caja de alabastro con aceite perfumado, vino a Žl cuando estaba sentado en posici—n reclinada, y empez— a ponŽrselo en su cabeza. 8 Cuando los disc’pulos vieron esto, se irritaron y preguntaron: ÒÀPor quŽ todo este desperdicio? 9 Nosotros pudimos haberlo vendido por mucho [dinero], y habŽrselo dado a la gente pobre.Ó

10 Estando al tanto de esto, Jesœs les dijo: ÒÀPor quŽ est‡n molestando a esta mujer? Ella hizo algo bueno por m’. 11 Ustedes siempre tendr‡n a los pobres, pero no siempre me tendr‡n a m’. 12 Cuando esta mujer puso aceite en mi cuerpo, lo hizo para prepararlo para mi entierro. 13 Yo les digo la verdad, dondequiera que las buenas nuevas se prediquen en el mundo entero, lo que esta mujer hizo ser‡ relatado en su memoria.Ó

14 Entonces uno de los doce, el llamado Judas Iscariote, fue a uno de los sacerdotes principales 15 y pregunt—: ÒÀQuŽ me dar‡n si se los entrego a traici—n?Ó As’, ellos acordaron darle treinta monedas de plata. 16 Y desde este punto en adelante, continu— buscando una buena oportunidad para traicionarlo.

17 En el primer d’a de No Levadura, los disc’pulos vinieron a Jesœs y preguntaron: ÒÀD—nde quieres que hagamos los preparativos para que comas la Pascua?Ó

18 ƒl dijo: ÒVayan a la ciudad a cierta persona, y d’ganle a Žl que el Maestro dice: ÔMi tiempo determinado est‡ cerca y yo celebrarŽ la Pascua con mis disc’pulos en tu casa.ÕÓ 19 As’, sus disc’pulos hicieron justamente tal como Jesœs orden— y arreglaron todas las cosas para la Pascua.

20 Aquella noche, mientras Jesœs estaba reclinado a la mesa 21 comiendo con los doce, dijo: ÒLes digo la verdad, uno de ustedes me traicionar‡.Ó

22 Profundamente entristecidos por esto, todos ellos le preguntaron: ÒÀSe–or, no soy yo, [verdad]?Ó

23 Y Žl respondi—: ÒUno que ha que ha puesto su mano junto conmigo en este taz—n, me traicionar‡. 24 Es verdad, el Hijo del Hombre va a ser enterrado, justamente como se escribi— acerca de Žl. Pero, Áay de aquel a travŽs de quien el Hijo del Hombre es traicionado! Ser’a mejor para Žl nunca haber nacido.Ó

25 Entonces Judas, aquel que estaba a punto de traicionarlo, pregunt—: ÒÀEsto no es lo que yo soy, cierto Rab’?Õ

Y [Jesœs] le respondi—: ÒTœ mismo lo has dicho.Ó

26 Mientras com’an, Jesœs tomo una hogaza de pan, y despuŽs de dar gracias, la parti— y distribuy— a sus disc’pulos mientras dec’a: ÒTomen un poco y coman, porque este es mi cuerpo.Ó 27 El tambiŽn tom— una copa [de vino], y despuŽs de dar gracias, se las dio mientras dec’a: ÒTomen todos de ella, 28 porque esta es mi sangre del Nuevo Pacto Sagrado, la cual ser‡ derramada por muchos, para perd—n [de sus] pecados. 29 Pero yo les digo que yo definitivamente no tomarŽ de este producto de la vid sino hasta el d’a cuando lo tome nuevamente con ustedes en el Reino de mi Padre.Ó

30 Finalmente, despuŽs de haber cantado canciones de alabanza, salieron hacia el Monte de los Olivos.

31 Entonces Jesœs les dijo: ÒTodos ustedes tropezar‡n [por lo que me va a] suceder esta noche, porque est‡ escrito: ÔGolpearŽ al pastor y las ovejas del reba–o ser‡n esparcidas.Õ 32 Pero cuando despierte, irŽ delante de ustedes a Galilea.Ó

33 Sin embargo, Pedro le dijo, ÒAunque todos los dem‡s tropiecen, Áyo jam‡s serŽ entrampado!Ó

34 Entonces Jesœs dijo: ÒYo les digo la verdad, antes de que el gallo cante esta noche, tœ ya me habr‡s negado tres veces.Ó

35 Pero Pedro dijo: ÒAunque tenga que morir contigo, yo nunca negarŽ conocerte.Ó Y todos los dem‡s disc’pulos dijeron lo mismo.

36 Entonces Jesœs se fue con ellos al lugar llamado Getseman’, y dijo a sus disc’pulos: ÒSiŽntense aqu’ mientras voy all‡ a orar.Ó

37 Y llevando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, se puso muy triste y profundamente perturbado. 38 Entonces les dijo: ÒMi vida est‡ triste al punto de la muerte. Esperen aqu’, y mantŽnganse despiertos conmigo.Ó 39 Y adelant‡ndose un poco, cay— sobre su rostro orando y dijo: ÒPadre m’o, si es posible, deja que esta copa pase sobre m’, sin embargo, no mi voluntad, sino la Tuya.Ó

40 Cuando Žl retorn— a sus disc’pulos, los encontr— dormidos, y pregunt— a Pedro: ÒÀNo son lo suficientemente fuertes [como] para mantenerse despiertos conmigo por solamente una hora? 41 MantŽnganse despiertos y oren que no sean puestos a prueba. De hecho, el esp’ritu est‡ dispuesto, pero la carne es dŽbil.Ó

42 Nuevamente, se fue a orar por segunda vez, diciendo: ÒPadre m’o, si esto no puede evitarse y tengo que beberlo, entonces que se haga tu voluntad.Ó 43 Y Žl los volvi— a encontrar dormidos nuevamente, porque ten’an los ojos pesados.

44 As’, dej‡ndolos, se fue a orar por tercera vez, diciendo las mismas cosas otra vez. 45 entonces volvi— a sus disc’pulos y les dijo: ÒAqu’ est‡n ustedes descansando y durmiendo. ÁMiren! Se acerca el momento en que el Hijo del Hombre ser‡ entregado a los pecadores. 46 ÁDespierten... vamos! ÁMiren! ÁAqu’ viene el traidor!Ó

47 Y mientras todav’a estaba hablando, {ÁMiren!} Judas (uno de los doce) vino con una gran turba de sacerdotes principales y ancianos portando espadas y palos!

48 Ahora, el traidor les dio una se–al para que vean. ƒl dijo: ÒA quienquiera que bese, ese mismo es. ÁAtr‡penlo!Ó 49 Y yendo directamente hacia Jesœs, lo salud— con las palabras: ÒÁAlŽgrate, Rab’!Ó Y lo bes— tiernamente.

50 Pero Jesœs le dijo: ÒHombre, Àpor quŽ est‡s aqu’?Ó

Entonces [algunos de entre la muchedumbre] vinieron, y pusieron sus manos sobre Jesœs y lo atraparon. 51 Pero {ÁMiren!}, alguien que estaba all’ con Jesœs, se acerc—, desenvain— su espada, y atac— al esclavo del sacerdote principal, cort‡ndole la oreja. 52 Entonces Jesœs le dijo: ÒGuarda tu espada. Todo el que toma la espada ser‡ destruido por la espada. 53 Que, Àno piensan que puedo pedir a mi Padre que mande m‡s de doce legiones de mensajeros inmediatamente? 54 Pero si [lo] hiciera, Àc—mo se cumplir’an las escrituras que dicen que debe ocurrir de esta manera?Ó

55 Entonces Jesœs pregunt— a la turba: ÒÀHan venido con espadas y palos a arrestarme como a un ladr—n? ÀPorque no me atraparon cuando me sentaba a ense–ar en el templo todos los d’as? 56 Pero todo esto sucedi— as’ para que los escritos de los profetas se cumplieranÓ

Entonces sus disc’pulos huyeron y lo abandonaron.

57 Aquellos que atraparon a Jesœs, lo llevaron a [la casa de] Caif‡s el Sumo Sacerdote, donde los escribas y los ancianos ya estaban reunidos. 58 Pero Pedro lo sigui— de lejos, hasta que entr— en el patio del Sumo Sacerdote. All’ entr— y se sent— con el personal del supervisor del edificio, para ver c—mo resultaba todo.

59 Mientras tanto, los sacerdotes principales y la entera corte superior de Judea estaban buscando [gente que pudiera] mentir acerca de Jesœs, para poder condenarlo a muerte. 60 Sin embargo, de todos aquellos que se presentaron, ninguno quiso perjurar. M‡s tarde, dos se presentaron 61 y dijeron: ÒEse hombre dijo: ÔYo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres d’as.ÕÓ

Ante esto, el Sumo Sacerdote se incorpor— y dijo a [Jesœs]: ÒÀEs que no tienes una respuesta? ÀQuŽ es lo que esta gente est‡ diciendo para acusarte?Ó

63 Pero Jesœs se manten’a callado. As’ el Sumo Sacerdote le dijo, ÒPor el Dios Vivo, te pongo bajo juramento para que nos digas si eres el Ungido, Áel Hijo de Dios!Ó

64 Y Jesœs le respondi— ÒLo dijiste tœ mismo! DŽjame decirte algo: Desde este momento en adelante, ver‡n al Hijo del Hombre sentado a la mano derecha del poder y viniendo en las nubes del cielo.Ó

65 Entonces el Sumo Sacerdote se rasg— sus vestiduras, gritando: ÒÁHa blasfemado! ÀQuŽ m‡s necesidad tenemos de testigos? ÁLo ven! ÁAhora, ustedes han escuchado la blasfemia! 66 ÀCu‡l es su opini—n?Ó

Ellos respondieron: ÒÁCondŽnalo a muerte!Ó 67 Entonces le escupieron en la cara y lo golpearon con sus pu–os. Otros lo abofeteaban en la cara, 68 diciendo: ÒProfetiza ante nosotros, ÁOH Ungido! ÀQuiŽn te golpe—?Ó

69 Ahora, mientras Pedro estaba sentado afuera en el patio, una muchacha sirvienta, se acerc— y dijo: ÒÁTu tambiŽn estabas con Jesœs el Galileo!Ó

70 Entonces Žl neg— enfrente de todos, diciendo: ÒYo no sŽ de lo que est‡s hablando.Ó

71 Entonces, despuŽs que sali— a la garita, otra muchacha lo reconoci— y dijo a todo mundo all’: ÒEste hombre estaba con Jesœs el Nazareno.Ó

72 Nuevamente Žl lo neg— con un juramento diciendo: ÒÁYo nunca conoc’ al hombre!Ó

73 Un poco despuŽs, todos aquellos que estaban sentados alrededor se acercaron y dijeron a Pedro: ÒSeguro, tœ eres uno de ellos. Porque tu acento te delata.Ó

74 Entonces empez— a maldecirlos y jurar: ÒÁYo no conozco al hombre!Ó E inmediatamente un gallo cant—. 75 Entonces Pedro se acord— de las palabras de Jesœs: ÒAntes de que un gallo cante, negar‡s tres veces que me conoces.Ó Y se fue afuera y llor— amargamente.

Capitulo 27

En la siguiente ma–ana, todos los sacerdotes principales y los ancianos del pueblo, se reunieron para hablar acerca de dar muerte a Jesœs. 2 De modo que lo ataron y lo llevaron para ser entregado al gobernador Pilatos.

3 Entonces fue cuando Judas (quiŽn traicion— a [Jesœs]) se dio cuenta que estaba condenado. As’, sintiendo profundo remordimiento por lo que hab’a hecho, trat— de devolver las treinta piezas de plata a los sacerdotes principales y a los ancianos, diciendo: ÒHe pecado cuando traicionŽ sangre inocente.Ó

6 Pero los sacerdotes principales [recogieron] las treinta piezas y dijeron: ÒNo es legal ponerlas en el tesoro sagrado, porque son el precio de sangre.Ó 7 As’, despuŽs de discutirlo m‡s, decidieron comprar el campo de un alfarero como un lugar para enterrar a los extra–os. 8 Y hasta el d’a de hoy, ese campo ha sido llamado Campo de Sangre.

9 Fue entonces cuando las palabras profetizadas por medio de Jerem’as se cumplieron: ÒY ellos tomaron treinta piezas de plata, el precio que algunos hijos de Israel pusieron a un hombre. 10 Y estas fueron usadas para pagar por el campo del alfarero, tal como Jehov‡ me lo ha ordenado.Ó

11 Jesœs estaba ahora parado enfrente del gobernador, quien le pregunt—: ÒÀEres tu el rey de los jud’os?Ó

Jesœs respondi—: ÒTu lo est‡s diciendoÓ 12 No obstante, cuando los sacerdotes principales y los ancianos lo acusaban, no dijo nada.

13 Entonces Pilatos pregunt—: ÒÀNo escuchas todas las cosas que est‡n diciendo en tu contra?Ó

14 Pero [Jesœs] no le respond’a -ni una palabra- y esto realmente intrigaba al gobernador.

15 Ahora bien, era la costumbre del gobernador liberar a cualquier prisionero que las muchedumbres escogieran durante estos festivales. 16 Y para este tiempo, ten’an en prisi—n a un criminal particularmente notorio, llamado Barrab‡s. 17 As’, cuando la gente se hab’a reunido enfrente de Žl, Pilatos pregunt—: ÒÀA quiŽn desean que libere, a Barrab‡s o a Jesœs, el as’ llamado Ungido?Ó

18 [Pilatos] sab’a que la œnica raz—n por la que hab’an detenido a Jesœs era porque estaban celosos de Žl. 19 TambiŽn, mientras [Pilatos] estaba sentado en su asiento de juez, su esposa le envi— [un mensaje], que dec’a: ÒNo tengas nada que ver con este hombre justo, porque he sufrido mucho en un sue–o, a causa de Žl.Ó

20 Pero los sacerdotes principales y los ancianos persuadieron a la multitud para que pidan a Barrab‡s, y ellos demandaron que Jesœs sea destruido. 21 As’, cuando el gobernador pregunt— a cu‡l de los dos quer’an que libere, ellos gritaron, Áa ÔBarrab‡sÕ!

22 Y cuando Pilatos pregunt—: ÒEntonces, ÀquŽ debo hacer con Jesœs, el as’ llamado el Ungido?Ó Ellos dijeron: ÒÁCuŽlgalo en un poste!Ó

23 Y Žl pregunt—: ÒÀPor quŽ? ÀQuŽ cosa mala ha hecho?Ó Pero todos continuaron gritando cada vez m‡s fuertemente: ÒÁCuŽlgalo en un poste!Ó

24 Pues bien, cuando vio que no estaba logrando nada y que tan solo agitaba a la turba, Pilatos tom— agua y se lav— las manos frente a la multitud, mientras dec’a: ÒSoy inocente de la sangre de este hombre. H‡ganse ustedes responsables por esto.Ó

25 Ante eso, toda la gente dijo: ÒQue nosotros y nuestros hijos seamos responsables por su sangre.Ó

26 Entonces Žl les entreg— a Barrab‡s, pero hizo que azotaran a Jesœs y lo detuvieron para ser empalado.

27 DespuŽs de eso, los soldados del gobernador llevaron a Jesœs dentro del palacio y trajeron a todas las tropas.

28 Entonces le quitaron la ropa, lo envolvieron en un manto escarlata, 29 tejieron una corona de espinos, se la deslizaron en la cabeza, y pusieron un cetro en su mano derecha. Entonces, mientras se arrodillaban, se burlaban de Žl mientras gritaban el saludo: ÒÁAlŽgrate, rey de los jud’os!Ó 30 Entonces lo escupieron, y tomaron su cetro y empezaron a golpearlo en la cabeza. 31 Finalmente, despuŽs que se hubieron cansado de burlarse, le quitaron la capa, le volvieron a poner su ropa, y se lo llevaron para ser empalado.

32 Mientras lo conduc’an hacia fuera, encontraron un hombre de CirenŽ [Libia], cuyo nombre era Sim—n, y lo obligaron a llevar el poste. 33 Entonces cuando llegaron a un lugar llamado G—lgota o Lugar del Cr‡neo, 34 ofrecieron a [Jesœs] vino mezclado con algo muy amargo. Sin embargo despuŽs que lo hubo probado, no lo quiso beber.

35 DespuŽs de [clavarlo] en el poste, [los soldados] se dividieron su ropa tirando dados, 36 entonces todos ellos se sentaron alrededor para observarlo. 37 TambiŽn pusieron un letrero sobre su cabeza que mostraba la acusaci—n en su contra: ÒEste es Jesœs, el rey de los jud’os.Ó

38 Dos ladrones estaban colgados en postes a su lado, uno a su derecha y otro a su izquierda.

39 Aquellos que iban pasando le gritaban cosas terribles, sacudiendo sus cabezas 40 y dec’an: ÒOH tœ, quiŽn iba a derribar el Templo y reconstruirlo en tres d’as, Ás‡lvate a ti mismo! Si eres el Hijo de Dios, Ábaja del poste!Ó

41 De esa misma manera los sacerdotes principales, escribas y ancianos se burlaban de Žl, cuando dec’an: ÒEl salv— a otros, Ápero no se puede salvar a s’ mismo! Áƒl es el rey de Israel!, pues que baje del poste y le creeremos. 43 ƒl puso ha puesto su confianza en Dios, entonces que Dios lo rescate si as’ lo quiere. DespuŽs de todo, Žl dice: ÔYo soy el hijo de DiosÕÓ

44 De hecho, hasta los ladrones que estaban colgados junto a Žl empezaron a decirle cosas viles.

45 Entonces, desde la hora sexta hasta la novena, una oscuridad cubri— toda la regi—n. 46 Y aproximadamente a la hora novena, Jesœs llam— con voz alta: ÒEl’, El’, Àlama sabachtani?Ó Lo cual significa: ÒMi Dios, mi Dios, Àpor quŽ me has abandonado?Ó
47 Cuando algunos que estaban parados cerca escucharon esto, pensaron que estaba llamando a El’as. 48 E inmediatamente uno de ellos corri— y tomo una esponja, la embebi— en vinagre, la elev— en una ca–a, y se la dio de beber. 49 Pero el resto de ellos dijo: ÒÁDŽjenlo solo! Veamos si El’as viene a salvarlo.Ó

Finalmente, un hombre tom— una lanza, y se la clav— en el costado, y sangre mezclada con agua sali—. 50 Entonces Jesœs grit— fuertemente y dejo de respirar.

51 Ante esto, {ÁMiren!}, la cortina interior del templo se rompi— por la mitad de arriba abajo. La tierra se sacudi— y las rocas se partieron, 52 las tumbas se abrieron, y muchos cuerpos de los santos que se hab’an dormido, salieron. 53 Y saliendo de las tumbas, despuŽs de haber sido levantados por Žl, entraron en la Ciudad Santa donde muchas gentes los vieron.

54 Cuando vieron el terremoto y las cosas que pasaron, tanto el oficial del ejŽrcito como aquellos que estaban con Žl, vigilando a Jesœs, se atemorizaron mucho y dijeron: ÒEste realmente era el Hijo de Dios.Ó

55 Durante todo este tiempo, muchas mujeres estuvieron paradas mirando a la distancia. Eran aquellas que viajaban con Jesœs desde Galilea para servirle; 56 tales como Mar’a de Magdala, Mar’a la madre de Santiago y JosŽs, as’ como la madre de los hijos de Zebedeo.

57 Tarde en aquel mismo d’a, un hombre rico de Arimatea, llamado JosŽ (quiŽn tambiŽn era un disc’pulo de Jesœs), 58 fue a Pilatos y le pidi— el cuerpo de Jesœs. De modo que Pilatos orden— que le sea dado. 59 Entonces JosŽ tom— el cuerpo, lo arrop— con lino fino y limpio, 60 y lo recost— en una tumba nueva, la cual recientemente hab’a sido tallada en una roca. Entonces, despuŽs de rodar una gran piedra contra la puerta de la tumba, se march—. 61 Pero Mar’a de Magdala y la otra Mar’a solo se sentaron frente a la tumba.

62 Entonces al siguiente d’a, despuŽs de la Preparaci—n, los sacerdotes principales y los fariseos se reunieron enfrente de Pilatos, 63 y dijeron: ÒSe–or, hemos recordado que mientras Žl estaba vivo, este impostor dijo: ÔDe hecho, en tres d’as serŽ levantado.Õ 64 Por tanto, ordena que la tumba sea vigilada hasta el tercer d’a, para que sus disc’pulos no vengan, lo hurten, y entonces le digan la gente que ha sido levantado de entre los muertos. Porque, esto har’a que el œltimo enga–o sea mayor que el primero.Ó

65 Pero Pilatos respondi—: ÒUstedes tienen guardias; vayan y asegœrenla como ustedes saben.Ó 66 Por tanto, ellos fueron y aseguraron la tumba, sellando la piedra y apostando guardas.

Capitulo 28

1 DespuŽs del S‡bado, temprano por la ma–ana del primer d’a de la semana, Mar’a de Magdala, y la otra Mar’a vinieron a ver la tumba. 2 Y {ÁMiren!}, una gran conmoci—n hab’a ocurrido, porque el mensajero de {Jehov‡} hab’a bajado del cielo, removido la piedra, y estaba sentado en esta. 3 Se ve’a como el rayo, y sus ropas eran blancas como la nieve. 4 Esto hizo que los vigilantes temblaran de miedo y quedaran como muertos.

5 Pero el mensajero dijo a las mujeres: ÒNo se atemoricen, porque yo sŽ que est‡n buscando a Jesœs, quien fue empalado. 6 El no est‡ aqu’, porque ha sido levantado, tal como Žl dijo. Vengan y vean el lugar donde se encontraba, 7 y ahora apœrense y cuenten a sus disc’pulos que ha sido levantado de entre los muertos. Porque miren, Žl ha ido delante de ustedes a Galilea. Lo ver‡n all‡, {ÁMiren!}, tal como lo he dicho.Ó

8 As’, dejando la tumba con presteza (tanto con temor como con gran gozo), ellas corrieron a reportar de esto a los disc’pulos [de Žl]. 9 Entonces, {ÁMiren!} Jesœs las encontr—, salud‡ndolas con la palabra: ÒÁAlŽgrense!Ó De modo que ellas vinieron a Žl, lo agarraron de sus pies, y se inclinaron ante Žl. 10 Entonces Jesœs dijo, ÒÁNo tengan miedo! Vayan y reporten esto a mis hermanos, para que vayan a Galilea. Ellos me ver‡n all’.Ó

11 Mientras [las mujeres] estaban en camino, {ÁMiren!}, algunos guardas fueron a la ciudad a reportar todo lo ocurrido a los sacerdotes principales. 12 Y despuŽs de consultar y reunirse con los ancianos para buscar consejo, sobornaron a los guardas con suficiente plata 13 y dijeron: ÒDigan a la gente que sus disc’pulos vinieron por la noche y lo hurtaron mientras ustedes dorm’an. 14 Y si el gobernador oye acerca de esto, no se preocupen, lo persuadiremos de que los libere.Ó 15 Por tanto, [los guardias] tomaron la plata e hicieron segœn lo instruido. Y la historia que contaron se ha esparcido aœn hasta nuestros d’as.

16 Sin embargo, los once disc’pulos fueron a Galilea, a la monta–a, donde Jesœs hab’a acordado encontrarse con ellos. 17 Y cuando lo vieron, se prosternaron ante Žl... pero algunos dudaban. 18 Entonces, acerc‡ndose a ellos, Jesœs habl—, y dijo: ÒTodo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra. 19 Por lo tanto, vayan y hagan disc’pulos en todas las naciones, bautiz‡ndolos en [el nombre del Padre, el Hijo, y el Aliento Santo.] {El manuscrito en hebreo de Shem Tob omite: Padre, el Hijo, y el Aliento Santo y simplemente dice: (en mi nombre)} 20 EnsŽ–enles a obedecer todas las cosas que les he ordenado a ustedes. Y {ÁMiren!} Yo estarŽ con ustedes todos los d’as hasta el fin de la era.Ó

era.Ó