Marcos

Cap’tulo 1

 
1 Este es el comienzo de las buenas nuevas acerca de Jesœs, el Ungido. 2 Tal y como se escribi— [en el libro del] profeta Isa’as: ÁMiren! Estoy enviando mi mensajero delante de tuyo, para prepararte el camino. 3 ÁEscuchen! Alguien que grita en el desierto: ÒPreparen el camino de [Jehov‡], ustedes gentes, hagan rectos sus caminos.
 
4 Juan se encontraba en el desierto y vino bautizando, predicando un bautismo de arrepentimiento para el perd—n de los pecados. 5 Y virtualmente todos aquellos en Judea y de JerusalŽn, salieron para ser bautizados por Žl en el r’o Jord‡n, a la vez que confesaban abiertamente sus pecados.
 
6 Juan vest’a ropa hecha con pelo de camello y un ancho cinto de cuero alrededor de su cintura. Su dieta consist’a de langostas y miel silvestre. 7 TambiŽn predicaba: ÒAlguien m‡s fuerte viene despuŽs de m’, cuyas sandalias, yo no soy digno de agacharme y desamarrar. {m‡s precisamente: ÒCuyos lazos de sus sandalias.Ó} 8 Yo los he bautizado con agua, pero Žl los bautizar‡ con el Aliento [de Dios].Ó
 
9 Para ese entonces, Jesœs vino de Nazaret de Galilea, donde fue bautizado por Juan, en el Jord‡n. 10 E inmediatamente despuŽs de salir fuera del agua, vio el cielo abierto, y el Aliento [de Dios] bajando sobre Žl en forma de paloma. 11 Entonces una voz vino del cielo; la cual dijo: ÒTu eres mi amado Hijo. Yo te he aprobado.Ó
 
12 Desde entonces, El Aliento [de Dios] inmediatamente lo forz— a ir al desierto. 13 De modo que permaneci— cuarenta d’as en el desierto con animales salvajes, mientras estaba siendo tentado por el Opositor. No obstante, los mensajeros [de Dios] le serv’an [en lo que necesitaba].
 
14 Ahora, despuŽs que Juan fue arrestado, Jesœs entr— en Galilea a predicar las buenas nuevas de Dios, 15 diciendo: ÒEl tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios est‡ cerca. Por lo tanto, arrepiŽntanse y crean en las buenas nuevas.Ó
 
16 Mientras caminaba a lo largo del Mar de Galilea, vio a Sim—n y a su hermano AndrŽs, metiendo sus redes en el mar (ellos eran pescadores). 17 As’, Jesœs les dijo: ÒVengan y s’ganme, y yo los convertirŽ en pescadores de hombres.Ó 18 E inmediatamente, dejaron ir sus redes y le siguieron.
 
19 Entonces, avanzando un poco m‡s, vio a Santiago, el hijo de Zebedeo, y su hermano Juan. Ellos se encontraban en su bote remendando sus redes. 20 E inmediatamente los llam—. Por tanto, ellos dejaron a su padre, Zebedeo, en el bote con un empleado y lo siguieron.
 
21 Entonces ellos entraron en Capernaœm. Y muy pronto, mientras el s‡bado se acercaba, Žl fue a la sinagoga y empez— a ense–ar. 22 [Todos y cada uno de ellos] se asombraron de la forma en que ense–aba, porque ense–aba con autoridad; no como los escribas.
 
22 Para aquel tiempo, hab’a un hombre en la sinagoga, que estaba bajo la influencia de un esp’ritu sucio, de modo que grit—: 24 ÒÀQuŽ tratos tenemos contigo, Jesœs de Nazaret? ÀAcaso viniste a destruirnos? Yo sŽ quiŽn eres; [eres] El Santo de DiosÓ
 
25 Pero Jesœs lo reprendi—, diciendo: ÒÁPonte una mordaza, y sal de Žl!Ó 26 Entonces el esp’ritu sucio lo hizo convulsionarse y gritar muy alto, [para] luego salir [de Žl].
 

Capitulo 2

 
1 Cuando [Jesœs] entr— a Capernaœm algunos d’as despuŽs, se corri— la voz de que estaba en casa. 2 Y, tanta gente vino a Žl, que no hab’a lugar libre alrededor de la puerta. Entonces, empez— a predicarles la palabra.
 
Mientras tanto, le trajeron un hombre paralizado, a quien cargaban cuatro personas. 4 Pero, a causa de la gran muchedumbre, ellos no lo pudieron traer directamente a [Jesœs]. As’ que, removieron parte del techo donde Žl se encontraba, y abrieron un hueco para poder bajar la camilla en que estaba el paral’tico. 5 Y cuando Jesœs vio la fe de ellos, dijo al paral’tico: ÒHijo, tus pecados te son perdonados.Ó
 
6 Ahora bien, algunos de los escribas que estaban sentados all’, razonaban en sus corazones: 7 ÒÀPor quŽ habla este hombre de esta forma? ÁEst‡ blasfemando! ÀQuiŽn puede perdonar pecados, sino solamente uno, Dios?Ó
 
8 Pero Jesœs (quien inmediatamente se dio cuenta en su esp’ritu que ellos hablaban de esa manera en su interior) pregunt—: ÒÀPor quŽ est‡n pensando estas cosas en sus corazones? 9 ÀQuŽ es m‡s f‡cil, decir al paral’tico: ÔTus pecados te perdonados, o lev‡ntate, agarra tu camilla, y camina?Õ 10 Pero, [yo dije esto para que] ustedes, hombres, sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad para perdonar pecados en la Tierra.Ó
 
Entonces dijo al paral’tico: 11 ÒTe digo: Lev‡ntate, recoge tu camilla, y vete a casa.Ó
 
12 Y este se levant—, tom— su camilla, y camin— enfrente de todos ellos. Por esta raz—n, todos estaban, simplemente, fuera de s’ mismos y glorificaban a Dios, diciendo: ÒÁNunca hab’amos visto algo como esto!Ó
 
13 As’, Žl sali— nuevamente hacia la orilla del mar, donde grandes muchedumbres vinieron a Žl, y les dio instrucci—n.
 
15 Mientras iba pasando por la oficina de impuestos, vio sentado all’ a Lev’, el hijo de Alfeo. Y le dijo: ÒSŽ mi seguidor.Ó As’, el se levant— y lo sigui—.
 
15 M‡s tarde [aquella noche], Jesœs estaba reclin‡ndose a la mesa en la casa de Lev’, y muchos recaudadores de impuestos y pecadores estaban reclinados a la mesa all’ con Žl y sus disc’pulos; porque algunos de ellos hab’an empezado a seguirle. 16 Pero, cuando los escribas [que pertenec’an a los] fariseos se dieron cuenta que estaba comiendo con los pecadores y los recaudadores de impuestos, preguntaron a sus disc’pulos: ÒÀCome Žl con los recaudadores de impuestos y los pecadores?Ó
 
17 Habiendo escuchado esto, Jesœs les dijo: ÒAquellos que est‡n fuertes no necesitan un doctor, pero aquellos que est‡n enfermos s’. No vine a llamar a los justos, sino solamente a los pecadores.Ó
 
18 Ahora bien, los disc’pulos de Juan, y los disc’pulos de los fariseos practicaban el ayuno. As’ es que, ellos vinieron a Žl, y le preguntaron: ÒÀPor quŽ es que los disc’pulos de Juan y los disc’pulos de los fariseos ayunan, pero tus disc’pulos no?Ó
 
19 Y Jesœs respondi—: ÒÀPueden los mejores amigos del novio ayunar mientras el novio se encuentra con ellos? Mientras el novio se encuentre con ellos, ellos no pueden ayunar. 20 Pero, vienen los d’as en que el novio les ser‡ quitadoÉ, y entonces ellos ayunar‡n.
 
21 ÒNadie cose un parche no encogido en ropa vieja; porque si as’ lo hace, la fuerza del encogimiento de la [tela] nueva jalar‡ la [tela], vieja y la rotura se har‡ peor. 22 TambiŽn, nadie pone vino nuevo en odres de piel viejos. Si as’ lo hace, el vino [nuevo] reventar‡ las pieles, y ambos, tanto el vino como las pieles, se perder‡n. [Por el contrario], la gente pone vino nuevo en odres de piel nuevos.Ó
 
23 Un d’a, [Jesœs] se encontraba viajando durante un S‡bado, a lo largo de los campos de grano y sus disc’pulos empezaron a arrancar las cabezas de grano mientras caminaban. 24 [Por eso], los fariseos le preguntaron: Ò{ÁMira!} PorquŽ hacen ellos cosas ilegales en el S‡bado?Ó
 
25 Pero Žl respondi—: ÒÀNo han le’do lo que hizo David cuando estaba en necesidad y Žl y sus hombres sintieron hambre; c—mo entr— en la casa de Dios ( en el relato acerca de Abiatar, el Sumo Sacerdote), y comi— el pan de la presentaci—n, lo cual es ilegal para cualquiera, excepto para los Sacerdotes... y c—mo tambiŽn dio un poco a los hombres que estaban con Žl?Ó
 
27 Entonces [Jesœs] dijo esto: ÒEl S‡bado vino a existir a favor de los hombres, no hombres por el S‡bado. 28 El Hijo del Hombre es tambiŽn el Se–or del S‡bado.Ó
 

Capitulo 3

 
1 Nuevamente, entr— en la sinagoga y un hombre con una mano seca estaba all’. 2 Ellos estaban mirando a [Jesœs] muy de cerca, para ver si Žl curaba al hombre en el S‡bado; para entonces poder acusarlo de algo. 3 Entonces dijo al hombre que ten’a la mano seca: ÒLev‡ntate y ven hacia el centro.Ó 4 Y pregunt—: ÒEn el S‡bado, Àes legal hacer algo bueno o malo, salvar una vida o destruirla?Ó
 
Pero ellos permanecieron en silencio.
 
5 Entonces, despuŽs de mirarlos con coraje (porque se sent’a triste por la insensibilidad de sus corazones), le dijo al hombre: ÒAlarga tu mano.Ó As’, [el hombre] alarg— su mano y esta le fue restaurada.
 
6 Ante esto, los fariseos salieron y fueron inmediatamente a reunirse con los seguidores de Herodes, para discutir formas de destruirlo.
 
7 Entonces Jesœs y sus disc’pulos caminaron hacia el mar, seguidos por una enorme muchedumbre de Galilea y de Judea. 8 Al o’r de las cosas que estaba haciendo, hasta gentes de JerusalŽn y e Idumea, al otro lado del Jord‡n, y de alrededor de Tiro y Sid—n (un nœmero muy grande), vinieron a Žl.
 
9 Para mantener a las muchedumbres a distancia, Jesœs hab’a instruido a sus disc’pulos, que siempre tuvieran lista una barquilla para Žl. 10 Esto era porque cur— a tanta gente, que aquellos con enfermedades terribles  virtualmente ca’an sobre Žl tan solo para tocarlo.
 
10 A verlo, los esp’ritus sucios se prosternaban ante Žl y gritaban: ÒTœ eres el Hijo de Dios.Ó 12 Pero Žl los reprend’a, diciŽndoles que no lo expusieran.
 
13 [Jesœs] estaba escalando la monta–a, entonces llam— a aquellos que deseaba, y vinieron a Žl. 14[De esta manera] form— un grupo especial de doce, a quienes llam— ÒAp—stolesÓ. Estos habr’an de quedarse con Žl y Žl habr’a de enviarlos a predicar, 15 y [tambiŽn] habr’an de tener autoridad para expulsar demonios.
 
16 Pues bien, los nombres del grupo de los doce que Žl form— eran: Sim—n Pedro, 17 Santiago el hijo de Zebedeo y Juan su hermano (Žl los llam— Boanerges lo cual significa Hijos del Trueno), 18 AndrŽs, Felipe, BartolomŽ ([Natanael]), Mateo, Tom‡s, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo (Judas), Sim—n el Cananeo, 19 y Judas Iscariote (quiŽn m‡s tarde lo traicion—).
 
Cuando sea que entraba en una casa, 20 tantos se llegaban, que ni siquiera pod’an servirse una comida. 21 Y cuando sus parientes oyeron acerca de esto, trataron de llev‡rselo, porque ellos aseguraban que hab’a perdido el sentido.
 
22 Los escribas, quienes vinieron de JerusalŽn, dec’an que estaba bajo la influencia de Belcebœ, y que expulsaba los demonios por medio del gobernante de estos. 23 As’, despuŽs de llamar a los escribas hacia Žl, razon— con ellos usando ilustraciones: ÒÀC—mo puede el Opositor expulsar al Opositor? 24 Porque, si un reino se divide contra s’ mismo, este reino no podr‡ mantenerse. 25 Y si una casa se divide contra s’ misma, esa casa no podr‡ mantenerse. 26 Y si el Opositor se encuentra dividido contra s’ mismo, Žl no puede permanecer de pie, sino que, m‡s bien, est‡ llegando a su fin. 27 Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y robarle, a no ser que primero ate al hombre fuerte primero. Entonces, la casa se puede echar a perder.
 
28 Yo les digo la verdad, los hijos de los hombres ser‡n perdonados por todo, sin importar quŽ pecados ellos cometan o quŽ cosas terribles digan como blasfemias. 29 pero, cualquiera que diga una blasfemia contra el Aliento Santo [de Dios], no ser‡ perdonado en aquella era y permanece como pecado a travŽs de las eras.Ó 30 [Jesœs les dijo] esto, porque ellos estaban diciendo que ten’a un esp’ritu inmundo.
 
31 Ahora, la madre de [Jesœs] y sus hermanos vinieron, y se encontraban de pie afuera, y ellos le pidieron a alguien que lo llamara, y estos dijeron: Ò{ÁMira!} Tu madre y tus hermanos est‡n fuera busc‡ndote.Ó
 
33 Pero, Žl respondi—: ÒÀquiŽnes son mi madre y mis hermanos?
 
34 Entonces mir— hacia aquellos que estaban sentados a su alrededor en un c’rculo, y dijo, ÒÁMiren! ÁMi madre y mis hermanos! 35 Cualquiera que hace lo que Dios quiere, este es mi hermano, hermana, y mi madre.Ó
 

Capitulo 4

 
1 Nuevamente empez— a ense–ar a la orilla del mar. Y vino a Žl una multitud tan grande que Žl entr— en un bote en el mar y se sent—, mientras la multitud permanec’a de pie en la orilla. 2 As’, empez— a ense–arles usando muchas ilustraciones.
 
Dijo: 3 ÒPresten atenci—n. {ÁMiren!} Un granjero sali— a plantar. 4 Y mientras esparc’a las semillas, algunas de estas cayeron a un lado del camino, las cuales fueron devoradas por los p‡jaros que aparecieron. 5 Otras semillas cayeron en las rocas, donde no hab’a mucha tierra, y germinaron inmediatamente. Pero, porque no ten’an suficiente tierra, 6 cuando el sol sali—, se chamuscaron. Y porque no ten’an ra’ces, se marchitaron. 7 Otras semillas cayeron entre los espinales, los cuales crecieron y las ahogaron, as’, estas no produjeron fruto. 8 Pero otras cayeron en tierra buena donde crecieron y florecieron, llevando fruto de a treinta, sesenta y hasta de a cien por uno.Ó 9 Entonces el a–adi—: ÒQue aquel que tenga o’dos escuche.Ó
 
10 Sin embargo, aquellos que lo rodeaban, y los doce, preguntaron acerca de las ilustraciones. 11 Y el les dijo: ÒEl misterio del Reino de Dios les ha sido dado a ustedes. Pero aquellos de afuera solamente oyen las ilustraciones. 12 As’, aunque estos pueden mirar, no pueden ver. Y aunque pueden o’r, no escuchan y entienden, de manera que nunca pueden cambiar y ser perdonados.Ó
 
13 Entonces Žl pregunt—: ÒSi ustedes no entienden esta ilustraci—n, Àc—mo pueden entender todas las otras ilustraciones?Ó
 
14 ÒAquel que esparce [semilla] est‡ sembrando la Palabra. 15 Y para quienes la Palabra es sembrada a un lado del camino, tan pronto la escuchan, el Opositor viene y arrebata la Palabra que fue plantada en ellos. 16 Lo mismo es cierto de aquellos que son plantados entre las rocas. Tan pronto escuchan la Palabra, la aceptan con gozo. 17 Sin embargo, debido a que no tienen ra’ces, solo duran un corto tiempo. Cuando alguna dificultad o persecuci—n viene por causa de la Palabra, ellos son atrapados.Ó
 
18 ÒAquellos que son plantados entre los espinos, son los que oyen la Palabra, 19 pero las preocupaciones de la vida, y las tentaciones de las riquezas, y el deseo por otras cosas viene, y ahoga la Palabra, y esta se vuelve infruct’fera. 20 Finalmente, aquellos que est‡n plantados en tierra buena son aquellos que escuchan la Palabra, la aceptan, y producen fruto de a treinta, sesenta, y de a ciento por uno.Ó
 
21 Entonces el continu— diciŽndoles: ÒUna l‡mpara no se pone bajo una canasta de medida o bajo una cama, Àno es verdad? ÀNo deber’a ser puesta en un pedestal? 22 Nada ha sido convertido en un secreto, que no haya de hacerse saber, y nada se ha escondido que no deba ser revelado. 23 ÒCualquiera que tenga o’dos, que oiga.Ó
 
24 El continu—: ÒÁPresten atenci—n a lo que est‡n oyendo! Para que, cualquiera sea la cantidad que [midan para otros], sea la cantidad que [se medir‡ para ustedesÉ, y m‡s se a–adir‡ a ello. 25 Porque, aquel que tiene, le ser‡ dado aœn m‡s. Pero a cualquiera que no tiene, todo le ser‡ quitado.Ó
 
26 El sigui— diciendo: ÒEl Reino de Dios es justamente como un hombre que tir— semillas en el suelo. 27 Se va a dormir por la noche y se levanta en el d’a para encontrar que las semillas han germinado y crecido. Solo que no sabe c—mo. 28 Porque la tierra produce fruto por s’ misma; primero el reto–o, luego la planta tierna, y finalmente el grano completamente desarrollado. 29 Entonces, tan pronto ha madurado, Žl viene con una hoz, porque es tiempo de cosechar.Ó
 
30 Y pregunt—: ÒÀA quŽ podemos comparar el Reino de Dios, quŽ ilustraci—n podemos usar para describirlo? 31 Es como un grano de mostaza, el cual, cuando se planta en el suelo, es la m‡s peque–a de las semillas de la tierra. 32 Pero despuŽs que es plantada, crece y se hace m‡s grande que todos los otros vegetales, produciendo grandes ramas, para que los p‡jaros del cielo encuentren lugares donde vivir bajo su sombra.Ó
 
33 Esta es la manera en que les ense–— la Palabra, usando muchas ilustraciones, por tanto tiempo como les fuera posible poner atenci—n. 34 De hecho, sin el uso de ilustraciones, no les hablaba. Sin embargo, cuando estuvieron solos, les explic— todo a sus disc’pulos.
 
35 Aquella noche les dijo: ÒCrucemos a la otra orilla.Ó 36 As’, despuŽs de haber despachado a las muchedumbres, lo llevaron en el mismo bote desde el cual hab’a estado ense–ando. TambiŽn hab’a otros botes con ellos.
 
37 Ahora, vino un tif—n con vientos violentos; y las olas estaban llenando el bote, al punto que este estaba a punto de zozobrar. 38 Sin embargo, [Jesœs] estaba en la popa, durmiendo en una almohada. As’, ellos lo despertaron y le preguntaron: ÒMaestro, Àno te preocupa que estemos a punto de morir?
 
39 Entonces se levant— y reprendi— al viento, y le orden— al mar: ÒÁC‡lmate! ÁSilencio!Ó Ante eso, el viento desmay— y sobrevino una gran calma. 40 Entonces les pregunt—: ÀPor quŽ son tan cobardes? ÀEs que no tienen fe todav’a?Ó
 
41 Esto realmente los atemorizaba y se preguntaban unos a otros: ÒÀQuiŽn realmente es este, porque hasta el viento y el mar le obedecen?Ó
 

Capitulo 5

 
1 Pues bien, cuando llegaron al otro lado del mar, al pa’s de los Gadarenos, 2 [Jesœs] sali— del bote e inmediatamente fue confrontado por un hombre con un esp’ritu sucio, quiŽn sal— de entre las tumbas. 3 ƒl viv’a all’, entre las tumbas, y absolutamente nadie hab’a sido capaz de contenerlo, ni siquiera con cadenas. 4 De hecho, hab’a sido atado muchas veces con barras de hierro y con cadenas, pero romp’a las cadenas y doblaba las barras de hierro. Nadie ten’a suficiente fuerza para sostenerlo. 5 Todo el d’a y toda la noche, continuaba gritando alocadamente entre las tumbas y monta–as, mientras se golpeaba a s’ mismo con rocas.
 
6 Pero, cuando vio a Jesœs a la distancia, corri— y se prostern— ante Žl. 7 Entonces grit—: ÒÀQuŽ tratos tengo contigo, Jesœs, Hijo del Dios m‡s Alto? Yo te pongo bajo juramento por Dios, que no me atormentesÓ 8 (porque Jesœs le hab’a dicho [al esp’ritu]: ÒSal del hombre, esp’ritu sucioÓ). 9 Entonces [Jesœs] le pregunt—: ÒÀCu‡l es tu nombre?Ó Y este respondi—: ÒMi nombre es Legi—n, porque somos muchos.Ó 10 Y le rog— [a Jesœs] muchas veces que no expulsara a los esp’ritus.
 
11 Ahora, hab’a una gran piara de cerdos comiendo en la monta–a. 12 De modo que los demonios le rogaron diciendo: ÒM‡ndanos a los cerdos, para que podamos entrar en ellos.Ó 13 Y Žl les dio permiso. Por lo tanto, los esp’ritus sucios salieron y entraron en los cerdos. Entonces, la piara corri— y cay— al mar por un precipicio. Unos dos mil de ellos se ahogaron en el mar.
 
14 Ante esto, los criadores se fueron y reportaron [a quienes] se encontraban en la ciudad y en los campos. [Por esto] la gente vino a ver quŽ pasaba. 15 Cuando ellos vinieron a Jesœs, notaron que el hombre endemoniado, quiŽn hab’a estado pose’do por una legi—n [de demonios], estaba sentado, vestido, y completamente cuerdo, y esto los asust— mucho. 16 Aquellos que lo vieron, les dijeron lo que hab’a ocurrido al endemoniado, y [tambiŽn] acerca de los cerdos. 17 As’, ellos empezaron a rogarle [a Jesœs] que se fuera de sus distritos.
 
18 Ahora, cuando [Jesœs] subi— al bote, el hombre que hab’a estado endemoniado le rog— que lo dejase acompa–arlos. 19 Sin embargo, [Jesœs] no lo permiti—, pero dijo: ÒRegresa a tu casa y tu familia y cuŽntales todas las cosas que [Jehov‡] ha hecho por ti, y acerca de la misericordia que te ha mostrado.Ó

20 As’, [el hombre] se fue a Dec‡polis, y empez— a decirle a todo mundo acerca de las muchas cosas que Jesœs hizo por Žl, lo cual asombr— a todo [mundo].
 
21 DespuŽs que Jesœs hab’a cruzado en bote, nuevamente al otro lado, una gran multitud se reuni— mientras estaba parado en la orilla. 22 Entonces uno de los principales de la sinagoga (llamado Jairo) lo vio y cay— ante sus pies. 23 El continuaba rog‡ndole, diciendo: ÒMi peque–a hija est‡ a punto de [expirar]. Ven y pon tus manos en ella para que se recupere y viva.Ó
 
24 Ante esto, [Jesœs] se fue con Žl y una gran muchedumbre los sigui—, todos arremolin‡ndose contra Žl.
 
25 Ahora bien, hab’a una mujer que hab’a [soportado] un flujo de sangre por doce a–os, 26 y hab’a sufrido mucho en manos de los curanderos, gastando todo lo que ten’a en vano (ella solamente se hab’a empeorado). 27 Pues bien, cuando ella oy— acerca de Jesœs, vino a [Žl] entre la muchedumbre y toc— sus ropas, 28 porque dec’a: ÒSi tan solo pudiera tocarlo, serŽ salvada [de esta condici—n]. 29 Inmediatamente, la fuente de su sangre se sec—, y ella se dio cuenta en su cuerpo que hab’a sido sanada de [la] plaga.
 
30 Jesœs, tambiŽn, inmediatamente se dio cuenta en s’ mismo que de Žl hab’a salido poder. As’, se volvi— a la muchedumbre y pregunt—: ÒÀQuiŽn toc— mi ropa?Ó
 
31 Pues bien, sus disc’pulos dijeron: ÒTœ ves a toda esta gente arremolinada contra ti y preguntas: ÔÀquiŽn me toc—?ÕÓ 32 Sin embargo, Žl continu— mirando alrededor para ver quiŽn lo hab’a hecho.
 
33 Entonces, la mujer, asustada y temblorosa, porque sab’a lo que le acababa de ocurrir, vino y cay— enfrente de Žl, diciendo la verdad acerca de todo el asunto. 34 Y Žl le dijo: ÒHija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y que esto sea lo œltimo de esta plaga.Ó
 
35 Sin embargo, mientras todav’a hablaba, un mensaje vino de la casa del jefe de la sinagoga: ÒÁTu hija ha muerto! ÀPara quŽ molestar [m‡s] al Maestro?Ó
 
36 Pero cuando Jesœs oy— esto, Žl le dijo al jefe de la sinagoga: ÒNo tengas miedo.
 
Pero cuando Jesœs escuch— esto, le dijo al jefe de la sinagoga: ÒNo tengas miedo, solamente ten fe.Ó 37 Entonces, no dej— que nadie lo siguiera, sino solamente Pedro, Santiago y Juan (el hermano de Santiago).
 
38 Cuando lleg— a la casa del jefe de la sinagoga y vio toda la confusi—n, el llanto y los lamentos, pregunt—: ÒÀPor quŽ est‡n creando tanto alboroto y tanto llanto? La ni–ita no est‡ muerta, [sino que] est‡ durmiendo.Ó
 
40 Entonces, ellos empezaron a burlarse de Žl; pero despuŽs de sacarlos a todos, tom— al padre, la madre, y aquellos [que estaban] con Žl, y los llev— consigo al cuarto donde se encontraba la ni–ita. 41 El tom— la mano de ella y dijo: ÒTalita cumiÓ, (que se traduce: Ò Ni–ita, yo te digo, despierta}.Ó 42 Y la ni–a, quien ten’a doce a–os de edad, se levant— inmediatamente y comenz— a caminar.
 
Pues bien, al instante los padres estaban estupefactos. 43 Entonces les dijo que dieran a la ni–a algo de comer, y les orden— repetidas veces que no contasen a nadie lo ocurrido.
 

Capitulo 6

 
1 El parti— de ese lugar, y viaj— con sus disc’pulos al lugar donde hab’a sido criado. Y cuando lleg— el s‡bado, empez— a ense–ar en la sinagoga.
 
La mayor’a de los que le escucharon se asombraron, y preguntaron: ÒÀDe d—nde obtuvo Žl estas cosas? ÀPor quŽ [raz—n] tal [clase] de sabidur’a le ha sido dada a este hombre, y por quŽ a travŽs de sus manos se ejecutan tantas obras poderosas? 3 Este es el carpintero, el hijo de Mar’a y el hermano de Santiago, JosŽ, Judas y Sim—n, Àno es cierto? Y, Àno est‡n sus hermanas aqu’ [mismo] con nosotros?Ó
 
As’ es como ellos estaban tropezados por causa de Žl. 4 Pero Jesœs les dijo: ÒUn profeta carece de honra, excepto en su localidad, entre sus parientes, y en su propia casa.Ó
 
5 Como resultado de esto, [Jesœs] no pudo realizar ningœn hecho poderoso all’, excepto curar a unos cuantos enfermos, mediante poner sus manos sobre ellos. 6 Y estaba asombrado por su falta de fe. Desde all’ fue ense–ando por las aldeas, en un circuito.
 
7 Entonces llam— a doce y empez— a enviarlos en pares, y les dio poder sobre esp’ritus sucios. 8 TambiŽn les orden— que no llevaran para el camino, excepto un b‡culo; ni pan, ni vianda, ni dinero de cobre en sus fajas. 9 [TambiŽn les dijo que] se ataran las sandalias y no usaran dos pares de interiores.
 
10 Entonces dijo: ÒDonde quiera que entren en una casa, quŽdense all’, hasta que estŽn listos para irse de aquel lugar. 11 Pero, dondequiera que no los reciban, o no los escuchen, al irse sacudan el polvo de sus pies, como un testimonio para ellos.
 
12 As’, ellos salieron y predicaron llamando a la gente al arrepentimiento. 13 Y expulsaron muchos demonios, y untaron a mucha gente enferma con aceite y los curaron.
 
Ahora bien, el Rey Herodes oy— acerca de c—mo el nombre de [Jesœs] cobraba fama. Y la gente dec’a: ÒJuan, el que bautizaba, ha sido levantado de entre los muertos. Y debido a esto, grandes poderes est‡n operando a travŽs de Žl.Ó 15 Pero otros dec’an: ÒEste es El’as; mientras todav’a otros dec’an: ÒÁEs un profeta! Tal como uno de los viejos profetas [de anta–o].Ó
 
16 Pero habiendo o’do esto, Herodes concluy—: ÒJuan, aquel que decapitŽ, ha sido levantado.Ó
 
17 Y fue Herodes mismo quien hizo arrestar a Juan y mand— encerrarlo en una prisi—n. Esto se debi— a que se cas— con Herod’as, la esposa de su hermano. 18 Juan de continuo le dec’a a Herodes: ÒNo es legal para ti tomar la esposa de tu hermano.Ó 19 Como resultado, Herod’as lo odiaba y quer’a matarlo, pero no pod’a.
 
20 Herodes tem’a a Juan, porque sab’a que era un hombre justo y santo. Por esto lo manten’a a salvo. Y despuŽs de escucharlo, no sab’a quŽ hacer, as’ que continu— escuch‡ndolo con agrado.
 
21 Pero, lleg— un d’a que result— favorable para Herodes, cuando convid— una cena para celebrar su cumplea–os. Hab’a invitado a hombres de alto rango, comandantes militares, y la gente m‡s sobresaliente de Galilea. 22 Entonces, la hija de Herodes con Herod’as vino y bail—. Esto complaci— de tal manera a Herodes, y a aquellos que estaban en la mesa, que el rey dijo a la peque–a ni–a: ÒP’deme lo que tœ quieras, y te lo darŽ.Ó 23 Si, Žl le jur—: ÒCualquier cosa que me pidas te la darŽ; Áhasta la mitad de mi reino!Ó
 
24 Pues bien, ella sali— y le pregunt— a su madre: ÒÀQuŽ debo pedir?Ó y [su madre] respondi—: ÒLa cabeza de Juan, el que bautiza.Ó
 
25 Entonces, ella corri— de vuelta al rey y dijo: ÒYo quiero que me des la cabeza de Juan el que bautiza, en un plato, Áahora mismo!.
 
26 A pesar de que esto perturb— profundamente al rey, no quiso ignorarla, debido a los juramentos [que hab’a hecho], y por causa de aquellos que estaban reclinados [con Žl] a la mesa. 27 De modo que el rey inmediatamente mand— a su guardaespaldas y le orden— que le trajese la cabeza [de Juan].
 
Ante aquello, [el guardia] fue y decapit— a Juan en prisi—n, trajo la cabeza en un plato y se la dio a la joven; la joven [a su vez], se la entreg— a su madre.
 
29 Cuando los disc’pulos [de Juan] oyeron acerca de esto, vinieron, se llevaron el cad‡ver, y lo colocaron en una tumba.
 
30 Todos los ap—stoles vinieron juntos a reunirse con Jesœs, para reportarle acerca de todo lo que ellos hab’an hecho y ense–ado. 31 Y Žl les dijo: ÒQuiero que vengan conmigo a un lugar privado donde puedan descansar por un tiempo.Ó Esto sucedi— debido a que hab’a tantos yendo y viniendo, que ellos pr‡cticamente no ten’an tiempo libre, ni siquiera para comer. 32 Por tanto, se fueron solos, en el bote, a un lugar remoto.
 
33 Sin embargo, la gente los vio mientras se iban y muchos otros [tambiŽn] llegaron a saberlo, y todos ellos corrieron de las ciudades y se les adelantaron. 34 Pues bien, al salir del bote, [Jesœs] vio una multitud enorme. Pero Žl sinti— pena por ellos, porque eran como ovejas sin pastor. Y empez— a ense–arles muchas cosas.
 
35 Para entonces era ya tarde, y sus disc’pulos vinieron a Žl y le dijeron: ÒEste es un lugar desolado, y se est‡ haciendo tarde. 36 M‡ndalos al campo y las aldeas cercanas para que puedan comprarse algo de comer.Ó
 
37 En respuesta [Jesœs] dijo: ÒUstedes denles algo de comerÓ 38 Entonces [Jesœs] pregunt—: ÒÀCu‡ntos panes tienen? ÁVayan y vean!Ó
 
DespuŽs de chequear, dijeron: ÒCinco y dos pescados.Ó
 
39 De modo que dijo a toda la gente que se reclinaran en el pasto, formando filas. 40 [Por tanto], se echaron al suelo en filas de cincuenta y cien. 41 Entonces [Jesœs] tom— los cinco panes y dos pescados, mir— hacia el cielo, y dijo una alabanza. Luego parti— los panes y dividi— los pescados, [mientras] se los entregaba a los disc’pulos, para que estos a su vez los pusieran enfrente de la gente. 42 Todos comieron y se satisficieron. 43 Y cuando ellos recogieron el sobrante, hab’a doce canastas llenas, Áa m‡s del pescado! 44 De hecho, fueron cinco mil hombres los que comieron el pan.
 
45 Pues bien, inmediatamente, [Jesœs] instruy— a sus disc’pulos que subieran al bote y se adelantaran a la orilla opuesta, en direcci—n a Betzaida, mientras Žl desped’a a la muchedumbre. 46 Entonces, luego de excusarse, se fue a la monta–a, a orar.
 
47 Era ya tarde por la noche y el bote estaba ya muy adentrado en el mar, habiendo dejado a [Jesœs] solo en tierra. 48 ƒl pod’a ver que estos estaban remando con todas sus fuerzas, porque ten’an fuertes vientos soplando en su contra.
 
Entonces, mientras todav’a estaba oscuro, a la ma–ana siguiente, vino hacia ellos caminando por el mar. Y empez— a pasarlos a pie.
 
49 Cuando ellos lo vieron caminando en el mar, ellos pensaron: ÒÁEs un fantasma!Ó Y empezaron a gritar de susto. 50 Todos ellos lo vieron y se perturbaron profundamente. Pero inmediatamente, [Jesœs] les habl— y dijo: ÒSean valientes, Ásoy yo! No se atemoricen.Ó 51 DespuŽs, se subi— al bote con ellos y el viento se calm—. Sin embargo, todos estos eventos los dejaron asombrados, 52 porque ellos realmente no entend’an el significado del pan; y sus corazones hab’an sido embotados.
 
53 Cuando hubieron cruzado a tierra, arribaron a Genesaret, y anclaron en las cercan’as. 54 Pero, tan pronto desembarcaron, la gente los reconoci—. 55 Y vinieron corriendo de toda el ‡rea, trayendo en camillas a personas que no se sent’an bien, al lugar donde oyeron que Žl estaba.
 
56 Y cuando sea que ellos entraban en una aldea, ciudad, o hasta en los campos, [la gente] pon’a a los enfermos en los mercados y le rogaban que los dejara tocar los flecos de sus ropas. Y todos los que los tocaron fueron sanados.
 

Capitulo 7

 
1 Ahora bien, algunos fariseos y escribas vinieron a JerusalŽn y se reunieron a su alrededor. 2 Esto fue porque hab’an visto a algunos de sus disc’pulos comiendo, sin haberse lavado las manos. 3 Ninguno de entre los fariseos, ni ninguno de los jud’os comer’a nada sin antes haberse lavado vigorosamente sus manos, porque ellos siguen las tradiciones de los mayores. 4 Tampoco comen nada que hubiesen tra’do del mercado, sin antes haberlo enjuagado. Y observan muchas tradiciones que les han sido transmitidas, tal como sumergir en agua las copas, jarras, y potes de cobre.
 
5 Por tanto, los fariseos y los escribas le preguntaron: ÒÀPor quŽ tus disc’pulos no siguen las tradiciones de los mayores? ÁEllos comen pan, con sus manos sin lavar!Ó
 
6 Pero [Jesœs] respondi—: ÒIsa’as profetiz— muy bien respecto de ustedes, hip—critas, cuando escribi—: ÔEste pueblo me honra con sus labios, pero sus corazones est‡n muy lejos de mi. 7 Es un desperdicio para ellos seguir ador‡ndome, porque ense–an mandamientos de hombres como doctrinas.Õ 8 Ustedes ignoran los mandamientos de Dios, pero se apegan a las tradiciones de los hombres.Ó
 
9 Entonces dijo: ÒUstedes se meten en muchos problemas al poner a un lado los mandamientos de Dios, para poder observar sus [propias] tradiciones. 10 Por ejemplo, MoisŽs dijo: ÒHonra a tu padre y madreÓ, y: ÒÁQue muera aquel que dice cosas malas de su padre o madre!Ó 11 Pero, tœ dices que si un hombre le dice a su padre o a su madre: ÒTodo lo que tengo para ayudarlos es una ofrenda dedicada a DiosÓ, 12 no est‡ obligado en lo absoluto a [ayudar] a su padre, ni a su madre. 13 De este modo ustedes invalidan la Palabra de Dios, mediante las tradiciones que ustedes transmitenÉ y ustedes hacen muchas m‡s cosas como estas.Ó
 
14 Entonces, llam— a la muchedumbre nuevamente, y les dijo: ÒTodos ustedes, escœchenme y asegœrense de entender. 15 No hay nada [del] exterior que entre en un hombre, que lo pueda volver inmundo. Mas bien, son las cosas que salen de la boca de un hombre las que lo vuelven inmundoÓ 16—
 
17 Ahora, despuŽs que dej— a la muchedumbre y entr— en la casa, sus disc’pulos le preguntaron acerca de la ilustraci—n. 18 De modo que les dijo: ÒÀNo entienden ustedes tampoco? ÀNo se dan cuenta de que nada de afuera, que entra en un hombre, puede hacerlo inmundo? 19 Porque no entra en su coraz—n, sino en su panza, y de all’ en la cloaca, y esto hace que sea limpio todo lo que se puede comer.Ó 20 Entonces a–adi—: ÒEs lo que sale de un hombre lo que lo vuelve inmundo. 21 Es de adentro, de sus corazones, [de donde] vienen los malos pensamientos; cosas como la inmoralidad, robos, asesinatos, adulterios, deseos ego’stas, acciones malŽvolas, enga–o, falta de control, ojos que son inicuos, blasfemias, arrogancia, falta de raciocinio. 23 Todas estas cosas inicuas salen de adentro y son las que vuelven a un hombre inmundo.Ó
 
23 Entonces se levant— y los dej—, viajando hacia el [norte] al ‡rea de Tiro y Sid—n. All’ entr— en una casa, y, a pesar de que no quer’a que nadie se enterara, no pudo pasar desapercibido.
 
25 Inmediatamente, una mujer cuya peque–a hija ten’a un esp’ritu inmundo, oy— acerca de Žl y vino, y se inclin— a sus pies. 26 La mujer era griega, de ascendencia sirio-fenicia. Y persist’a en pedirle a Jesœs que expulsara al demonio de dentro de su hija. 27 Pero Žl le dijo: ÒLos hijos deben satisfacerse primero. No est‡ bien que el pan de los hijos se tire a los cachorritos.
 
28 Pero, ella respondi—: ÒSi, Se–or, pero, Àno es cierto que los cachorritos comen de las migajas que los ni–itos dejan caer?
 
29 Por tanto Žl le dijo: ÒPor cuanto dijiste esto, Ávete! El demonio ha dejado a tu hija.Ó 30 De modo que ella regres— a casa y encontr— a la ni–a acostada en la cama, y el demonio se hab’a ido.
 
31 [DespuŽs de esto], dejo el ‡rea de Tiro, y viaj— a travŽs de Sid—n hacia el mar de Galilea, y para arriba a travŽs de la regi—n medianera llamada Dec‡polis. 32 All’ le trajeron a un hombre que estaba sordo y mudo, y le rogaron que pusiera sus manos sobre Žl.
 
33 Entonces [Jesœs] lo tom— y lo alej— de la muchedumbre hacia un lugar privado, y puso sus dedos dentro de sus o’dos. Y despuŽs de escupir, le toc— su lengua. 34 Entonces mir— hacia arriba al cielo, gimi— y dijo: ÒEphaphataÓ, (lo cual significa: ÔSŽ abiertoÕ) 35 Pues bien su sentido del o’do fue restaurado y lo que amarraba su lengua fue desatado; y empez— a hablar normalmente.
 
36 DespuŽs de esto orden— a la [muchedumbre] que no dijeran nada a nadie. Pero, cuanto m‡s el se los ordenaba, mas lo comentaban. 37 Todos y cada uno estaban admirados al punto de no creer, y dec’an: ÒHa hecho todo bien; hasta hace que los sordos oigan y los mudos hablen.Ó
 

Capitulo 8

 
1 En ese tiempo, hubo otra vez una muchedumbre que no ten’a nada que comer. Por tanto, Žl llam— a sus disc’pulos y les dijo, 2 ÒMe siento apenado por la muchedumbre, porque ellos se han quedado ya por tres d’as aqu’ conmigo, y no tienen nada que comer. 3 Si los despacho hambrientos, desfallecer‡n en el camino. Algunos de ellos, de hecho, han venido desde muy lejos.
 
4 Pero, sus disc’pulos dijeron, ÒÀD—nde puede alguien encontrar suficientes panes aqu’ en este lugar aislado, para satisfacer a toda esta gente?
 
5 Entonces pregunto: ÒÀCu‡ntos panes tienen?Ó
 
Ellos respondieron: ÒSiete.Ó
 
6. DespuŽs de eso, mand— a la muchedumbre a recostarse en el suelo. Entonces tom— los siete panes, dio gracias, los parti—, y se los dio a sus disc’pulos para que los sirvieran, y estos [a su vez], se los pasaron a la muchedumbre. 7 TambiŽn ten’an unos cuantos pescaditos. Y, despuŽs de ofrecer una oraci—n sobre estos, dijo a [los disc’pulos] que tambiŽn los sirvieran. 8 As’, todos quedaron satisfechos. Y cuando recogieron el sobrante, [llenaron] siete canastas de provisiones. 9 De hecho, [ellos alimentaron] aproximadamente cuatro mil hombres. Finalmente, los despach—.
 
10 E inmediatamente se subi— a un bote con sus disc’pulos y viaj— a partes de Dalmanuta. 11 All’, los fariseos se acercaron y empezaron a discutir con Žl, pidiŽndole una se–al del cielo, para probarlo. 12 As’, despuŽs de suspirar profundamente, les pregunt—: ÒÀPor quŽ es que esta generaci—n siempre busca una se–al? Les digo la verdad, esta generaci—n no recibir‡ ninguna se–al.Ó 13 Con esto, se alejo, regres— al bote, y viaj— al lado opuesto de la rivera.
 
14 Sin embargo, [los ap—stoles] olvidaron traer [suficientes] panes, y a excepci—n de un pan, no ten’an nada con ellos en el bote. 15 As’, cuando [Jesœs] empez— a advertirles diciendo: ÒMantengan sus ojos abiertos! Cu’dense de la levadura de los fariseos y la levadura de HerodesÓ, 16 ellos empezaron a discutir entre ellos acerca, del hecho de que no ten’an ningœn pan con ellos.
 
17 Pues bien, cuando se dio cuenta de esto, les pregunt—: ÒÀPor quŽ est‡n ustedes discutiendo acerca de no tener pan? ÀEs que no entienden todav’a, y no ven el significado? ÀEst‡n sus corazones romos respecto a entender? 18 Ustedes tienen ojos; Àpueden ver? Y ustedes tienen o’dos, Àes que no pueden o’r? ÀNo se acuerdan de cuando part’ los cinco panes [para alimentar] a cinco mil hombres?, ÀCu‡ntas canastas llenas de sobrante recogieron?
 
Ellos respondieron: ÒDoce.Ó
 
20 ÒLuego cuando part’ siete panes para [servir] a cuatro mil hombres; ÀCu‡ntas canastas de provisiones, llenas de sobrantes, recogieron?Ó
 
Y ellos dijeron: ÒSiete.Ó
 
21 Ante eso les dijo: ÒÀNo se dan cuenta todav’a del significado?Ó
 
22 DespuŽs de esto se fue a Betzaida. All’ la gente le trajo un hombre ciego, y le rogaron que lo tocase. 23 As’ el tom— al ciego de la mano, lo llev— consigo fuera de la aldea, y escupi— en sus ojos. Entonces puso sus manos sobre Žl y pregunt—: ÒÀVes algo?Ó
 
24 De modo que el hombre alz— la mirada y dijo: Veo hombres. Se ven como peque–os ‡rboles, pero caminan de un lado a otroÓ
 
25 Entonces, nuevamente puso sus manos en los ojos del hombre y este empez— a ver. Finalmente [su visi—n] fue restaurada y empez— a ver todo claramente. 26 As’, [Jesœs] lo despach— con la advertencia: ÒNo vayas a la aldea.Ó
 
27 Jesœs y sus disc’pulos ahora se fueron a las aldeas de Cesarea de Filipo. En el camino pregunt— a sus disc’pulos: ÒÀQuiŽn dice la gente que yo soy?Ó
 
28 Ellos respondieron: Ò[Algunos dicen que eres] Juan el Bautizante, otros El’as, mientras que otros dicen que uno de los profetas.Ó
 
29 Entonces pregunt—: ÒEntonces, ÀquiŽn dicen ustedes que soy yo?Ó
 
y Pedro respondi—: ÒTu eres ÔEl UngidoÕÓ
 
30 Ante esto, les orden— que no dijeran a nadie acerca de Žl.
 
31 Entonces empez— a ense–arles que el Hijo del hombre tendr’a que sufrir muchas cosas y ser rechazado por los ancianos, los Sacerdotes Principales, y los escribas, y ser asesinado, y entonces despertado tres d’as despuŽs. 32 El les dijo francamente [lo que iba a ocurrir]. No obstante, Pedro lo llev— aparte y empez— a reprenderlo.
 
33 Sin embargo, [Jesœs] se volvi— y mir— a sus disc’pulos; luego reprendi— a Pedro diciendo: ÒPonte detr‡s de mi Opositor, porque no est‡s pensando los pensamientos de Dios, sino de hombresÓ
 
34 Entonces llam— a la muchedumbre y a sus disc’pulos y dijo: ÒSi alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, [tendr‡ que] negar sus propios deseos, tomar su madero de empalamiento, y caminar tras de m’ continuamente. 35 Porque, cualquiera que quiera salvar su vida, la perder‡. Pero cualquiera que pierda su vida por mi causa, y por [causa de las] buenas nuevas, la salvar‡.
 
36 ÒÀQuŽ bien le hace a un hombre el ganar el mundo entero si pierde su vida? 37 ÀQuŽ es lo que un hombre dar‡ a cambio de su vida? 38 Cualquiera que se avergŸence de m’ y mis palabras en esta generaci—n adœltera y pecadora, el Hijo del Hombre tambiŽn se avergonzar‡ de Žl cuando llegue en la gloria de su Padre con sus santos mensajeros.Ó
 

Capitulo 9

 
1. Entonces pas— a decirles: ÒYo les digo la verdad, algunos de ustedes que est‡n aqu’ parados, no gustar‡n la muerte antes de que vean que el Reino de Dios viene en poder.Ó
 
2. Y seis d’as despuŽs, Jesœs tom— consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los llev— a un lugar privado en una monta–a alta. All’, Žl cambi— de forma frente a ellos. 3 Sus ropas empezaron a brillar con una blancura mayor que la que ningœn blanqueador de ropa puede lograr.
 
4 Entonces El’as y MoisŽs tambiŽn se les aparecieron, y estaban habl‡ndole a Jesœs. 5 Reaccionando, Pedro dijo a Jesœs: ÒRab’, es bueno para nosotros estar aqu’, as’ que, dŽjame armar tres tiendas, una para ti, otra para MoisŽs y otra para El’as.Ó
 
6 Es un hecho que Žl no sab’a lo que hablaba, por cuanto todos estaban muy asustados.
 
7. Luego, una nube los cubri— y una voz vino de la nube y dijo: ÒEste es mi amado Hijo, Áescœchenle! 8. Entonces ellos vieron a su alrededor, y de repente, no vieron a nadie m‡s sino solamente a Jesœs.
 
9 Mientras bajaban de la monta–a, [Jesœs] les orden— que no contaran a nadie lo que vieron, sino hasta despuŽs que el Hijo del Hombre haya sido resucitado de entre los muertos.10 Ellos  tomaron estas palabras en su coraz—n, pero hablaban entre ellos acerca de lo que [hab’a querido decir con] Ôser resucitado de entre los muertosÕ.
 
11 Ellos entonces le preguntaron: ÒÀPor quŽ dicen los escribas que El’as debe venir primero?Õ
 
12 Y [Jesœs] respondi—: ÒEl’as si viene primero y restaura todo. Sin embargo, Àpor quŽ creen ustedes que se escribi— acerca del Hijo del Hombre; que ser’a probado, sufrir’a mucho, y ser’a tratado como un malhechor? 13 Yo les digo esto: El’as de hecho ya ha venido, y ellos hicieron lo que quisieron, tal como estaba escrito que le suceder’a.Ó
 
14 Cuando ellos bajaron a descansar con el resto de los disc’pulos, notaron una muchedumbre grande, parada alrededor de ellos y algunos de los Escribas discutiendo con ellos. 15 Sin embargo, tan pronto como la muchedumbre vio a [Jesœs], ellos se asombraron y corrieron hacia Žl y empezaron a saludarlo.
 
16 Entonces Žl pregunt— [a los disc’pulos]: ÒÀAcerca de quŽ estaban discutiendo?Ó
 
17 Y alguien en la muchedumbre respondi—: ÒMaestro, Yo te traje a mi hijo porque tiene un esp’ritu que no lo deja hablar. 18 Cuando sea que este toma control de Žl, lo arroja al suelo, entonces bota espuma [por la boca] y se amola los dientes; y despuŽs  queda desmayado. Yo ped’ a tus disc’pulos que lo expulsaran, pero ellos no pudieron.Ó
 
19 Pues bien,  Jesœs respondi—: ÒOH generaci—n falta de fe, Àcu‡nto m‡s tiempo tengo que estar con ustedes? Tr‡iganmelo.Ó
 
20 As’ es que le trajeron [el ni–o]. Sin embargo, al ver a [Jesœs], el esp’ritu inmediatamente  convulsion— [al ni–o]. [El ni–o] cay— al suelo y empez— a rodar, espumando [por la boca].
 
21 Entonces, [Jesœs] le pregunt— al padre: ÒÀDesde cu‡ndo le ha estado sucediendo esto?Ó  
 
El respondi—: ÒDesde que era un peque–o. 22 Lo ha arrojado al fuego y al agua repetidas veces, para destruirlo. Si puedes hacer algo [por favor] api‡date de nosotros y ayœdanos.Ó
 
23 Y Jesœs le dijo: ÒHas dicho ÔÁsi puedes!Õ Porque, cualquier cosa es posible para aquel que tiene feÓ
 
24 Entonces el padre del muchacho inmediatamente grit—: ÒÁYo tengo fe! ÁAyœdame donde necesito fe!Ó
 
25 Ahora, Jesœs vio que la muchedumbre estaba corriendo hacia [ellos], de modo que reprendi— al esp’ritu sucio diciendo: ÒTe ordeno que salgas de Žl, tœ, esp’ritu sordo y mudo, y no vuelvas mas nunca a Žl!Ó
 
26 Entonces, despuŽs de gritar y convulsionarse algunas veces, [el esp’ritu] sali—, y [el muchacho] qued— como muerto. Entonces, la mayor parte de la muchedumbre dec’a: ÒEst‡ muerto.Ó 27 Pero, Jesœs lo tom— de la mano, lo levant— y Žl se incorpor—.
 
28 DespuŽs que  [Jesœs] hubo entrado en la casa, sus disc’pulos vinieron y le preguntaron en privado: ÒÀPor quŽ no pudimos expulsarlo?Ó
 
29 Entonces [Jesœs] respondi—: ÒEsta es la clase que sale solamente mediante oraci—n.Ó
 
30 Pues bien, ellos dejaron aquel lugar y viajaron a  travŽs de Galilea. Pero [Jesœs] no quiso que nadie supiera [a d—nde iban], 31 porque estaba ense–ando a sus disc’pulos y diciŽndoles: ÒEl Hijo del Hombre va a ser traicionado en las manos de los hombres y estos lo asesinar‡n. Entonces, despuŽs de estar muerto por tres d’as, ser‡ resucitado.Ó 32 Sin embargo,  ellos simplemente no entend’an lo que Žl dec’a, y ten’an miedo de hacerle preguntas.
 
33 Pues entonces regresaron a Capernaœm. Y cuando Jesœs lleg— a casa, les pregunt—: ÒÀQuŽ es lo que discut’an en el camino?Ó
 
34 Ellos no respondieron, porque, mientras estaban en el camino hab’an estado discutiendo acerca de cu‡l de ellos es el m‡s grande. 35 As’, Žl se sent— y llamo a los doce, y les dijo: ÒSi alguno desea ser el primero, debe ser el œltimo de todos y el sirviente de todos.Ó
 
36 Entonces tom— a un ni–o peque–o, y lo hizo pararse en medio de ellos, puso sus manos alrededor de este, y dijo:  37 ÒCualquiera que da la bienvenida a alguien como este ni–ito en mi nombre, me est‡ dando la bienvenida a m’. Y cualquiera que me da la bienvenida, no solamente me da la bienvenida a m’, [sino que tambiŽn le da la bienvenida] a Aquel que me envi—.Ó
 
38 Juan le dijo: ÒMaestro, vimos a alguien expulsando demonios en tu nombre, y tratamos de imped’rselo porque no era uno de tus seguidores.Ó
 
39 Pero Jesœs le dijo: ÒNo se lo impidan, porque nadie que hace una obra poderosa en mi nombre, se apresurar‡ a hablar mal de m’. 40 Cualquiera que no est‡ en contra nuestra, est‡ a favor nuestro. 41 Porque, cualquiera que  les dŽ una taza con agua para tomar debido a que ustedes caminan en el nombre del Ungido, yo les digo la verdad, no perder‡ su recompensa. 42 Pero cualquiera que entrampa a uno de estos peque–os que creen, hubiera sido mejor que le hubiesen colgado una piedra de moler, del tipo que el burro hace girar, y haber sido tirado al mar.
 
43 ÔPorque, si sus manos los entrampan, c—rtenlas. Es mejor que vayan por la vida impedidos que tener dos manos e ir al botadero de basuraÉal fuego que no se puede apagar. 44 – 45 Si su pie los entrampa, c—rtenselo. Es mejor que vayan por la vida cojos, que tener  los dos pies, y terminar en el botadero de basura.
 
46—
 
47 ÒSi su ojo los entrampa, t’renlos lejos. Porque es mejor que entren el  Reino de Dios con un ojo, que tener dos ojos y ser arrojado al botadero de basura, 48 donde siempre hay gusanos y fuego nunca se apaga.
 
49 ÒTodos tienen que ser salados con fuego. 50 La sal es buena. Pero si la sal pierde su sabor salado, ÀquŽ usar‡n para sazonar? Tengan sal en ustedes mismos y estŽn en paz unos con otros.Ó
 

Capitulo 10

 
1 Desde all’ viaj— hacia la frontera de Judea y cruz— el Jord‡n. Nuevamente, las muchedumbres vinieron a Žl, y, como era su costumbre, empez— a ense–arles. 2 All’, llegaron los fariseos, y, para probarlo, le preguntaron si era legal que un hombre se divorcie de su esposa. 3 Por tanto [Jesœs] les pregunt—: ÒÀQuŽ mandamientos les dio MoisŽs?Ó
 
4 Ellos respondieron: ÒMoisŽs nos permiti— escribir un certificado de despido y divorcio a [ella].Õ
 
5 Entonces Jesœs dijo: ÒEl escribi— este mandamiento para ustedes, por ser ustedes tan duros de coraz—n. 6 Desde los [d’as] tempranos de la creaci—n, El los hizo macho y hembra, [y dijo]: 7 ÔPor esta raz—n un hombre dejara a su padre y a su madre, 8 Porque, los dos llegar‡n a ser una sola carne. Ya no son m‡s, dos, sino una carne. 9 As’, lo que Dios ha puesto junto bajo el mismo yugo, ningœn hombre lo debe separar.Õ
 
10 Cuando regresaron a la casa nuevamente, los disc’pulos le preguntaron acerca de esto. 11 Y Žl les dijo: ÒCualquiera que se divorcie de su esposa y se case con otra comete adulterio contra ella. 12 Y si una mujer que se ha divorciado de su esposo, alguna vez se casa con otro, comete adulterio.Õ
 
13 Ahora bien, la gente empez— a traerle sus ni–os peque–os para que [Jesœs] los tocase, pero los disc’pulos se lo imped’an. 14 Pues bien, cuando vio esto Jesœs, se irrit— y les dijo: ÒÁDejen que los ni–itos vengan a m’! ÁNo traten de imped’rselo! Porque, el Reino de Dios le pertenece a gente como esta. 15 Yo les digo la verdad, cualquiera que no reciba el Reino de Dios como un ni–ito, nunca entrar‡ en este. 16 Entonces tom— a los ni–os en sus brazos y empez— a alabarlos, poniendo sus manos sobre estos.
 
17 Pues bien, mientras Jesœs iba saliendo, alguien corri— y se arrodill— enfrente de Žl, y le pregunt—: ÒBuen maestro, ÀquŽ debo hacer para heredar la vida en aquella Žpoca?Ó
 
18 Jesœs le respondi—: ÒNo asesines, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre.Ó
 
20 Entonces el hombre dijo: ÒMaestro, he hecho todas estas cosas desde jovenÓ
 
21 Pues bien, Jesœs vio lo que este era por dentro, y sinti— amor por Žl, y dijo: ÒEntonces solamente una cosa te falta. Ve y vende todas las cosas que tienes y d‡selas a los pobres, y tu tendr‡s un tesoro en el cielo. Entonces ven y sŽ mi seguidor.Ó 22 Pero el [hombre joven] se puso muy triste por lo que [Jesœs] le dijo y se fue lament‡ndose, porque era due–o de muchas cosas.
 
23 Pues bien, Jesœs mir— a su alrededor, y entonces les dijo a sus disc’pulos: ÒÁQuŽ cosa tan dif’cil es para aquellos que tienen dinero entrar el Reino de Dios!Ó
 
24 Pero, los disc’pulos se sorprendieron  ante estas palabras. As’, Jesœs a–adi—: ÒHijitos, es dif’cil entrar en el Reino de Dios. 25 Porque es m‡s f‡cil para un camello pasar a travŽs del ojo de una aguja que el que un hombre rico pueda entrar en el Reino de Dios.Ó
 
26 Ante esto, ellos quedaron aun m‡s at—nitos y preguntaron: ÒEntonces ÀquiŽn se puede salvar?Ó
 
27 Bien, pues, mir‡ndoles directamente, Jesœs dijo: Òcon los hombres, es imposible. Pero esto no es cierto con Dios, porque con Dios todas las cosas son posibles.Ó
 
28 Entonces dijo Pedro: {ÁMira!} Hemos dejado todo por seguirte.Ó
 
29 Y Jesœs dijo: ÒYo les digo la verdad, nadie ha dejado casa o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, por mi causa y por la causa de las buenas nuevas, 30 que no reciba cien veces ahora, en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos (junto con persecuci—n). Y en la era que viene [ellos recibir‡n] vida en aquella Žpoca. 31 Sin embargo, algunos que son primeros, ser‡n œltimos, y los œltimos ser‡n primeros.Ó
 

Capitulo 11

 
1 Ahora, cuando estaban ya cerca de JerusalŽn, BetfaguŽ y Betania, en el Monte de los Olivos, Žl envi— a dos de sus disc’pulos adelante, 2 diciŽndoles: ÒEntren en la aldea frente a ustedes. Y tan pronto como hayan entrado, encontrar‡n amarrado un burro joven, en el cual nadie se ha sentado jam‡s. Des‡tenlo y tr‡iganlo ac‡. 3 Entonces, si alguien les pregunta por quŽ lo hacen, digan: ÔEl Se–or lo necesita.Õ Y ellos inmediatamente los dejar‡n traerlo.Ó
 
4 As’, ellos fueron y encontraron el burrito atado frente a una puerta, en una calle secundaria; y ellos lo desataron. 5 Pero, algunos de los que estaban parados all’ preguntaron: ÒÀQuŽ est‡n haciendo desatando el burro?
 
6 Sin embargo, [los disc’pulos] hicieron tal como Jesœs dijo, y estos los dejaron llevarse [el burro].
 
7De esta manera ellos le trajeron el burro a Jesœs, pusieron una cuerda sobre este, y Žl se mont—. 8 TambiŽn, muchos [que estaban all’] tendieron sus prendas en la calle, mientras que otros cortaron ramas de ‡rboles en los campos. 9 Y aquellos que caminaron frente y detr‡s de Žl gritaban: ÒÁQue Dios lo salve! ÁAlabado sea el que viene en el nombre de [Jehov‡]! 10 ÁAlabado sea el Reino de nuestro padre David, el cual est‡ viniendo! ÁQue Dios en lo m‡s alto, lo salve!Ó
 
11 Entonces entr— cabalgando a JerusalŽn, entr— al templo, y mir— a todo en derredor, pero, porque era tarde, se fue a Betania con los doce.
 
12 A la siguiente ma–ana, mientras dejaba Betania, sinti— hambre. 13 Y al notar las hojas de un higo a la distancia, se acerc— para ver si pod’a encontrar algœn fruto en Žl. Pero, cuando se acerc—, no encontr— nada, a m‡s de hojas, por cuanto era [algo temprano en el a–o], para que hubiera higos. 14 Entonces [Jesœs] le dijo [al ‡rbol]: ÒQue nadie coma fruto de ti por el resto de esta era.Ó (Y sus disc’pulos lo escucharon decir esto).
 
15 Desde all’, fueron a JerusalŽn. Entonces [Jesœs] fue al templo y empez— a expulsar a los que estaban comprando y vendiendo. El tambiŽn empuj— las mesas de los cambistas de dinero, y los asientos de aquellos que vend’an palomas, 16 y no dej— que nadie lleve cosas dentro del templo. 17 El continu— ense–ando y diciendo: ÒÀNo est‡ escrito: Mi casa ser‡ llamada una casa de oraci—n para todas las naciones? Sin embargo ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.Ó
 
Pues bien, los sacerdotes principales y los escribas oyeron de aquello, y empezaron buscar la manera de destruirlo. Pero ellos le tem’an, porque su ense–anza siempre asombraba a la multitud.
 
19 DespuŽs que se hubo hecho tarde, dejaron la ciudad. 20 Pero, mientras viajaban, temprano en la ma–ana siguiente, vieron el higo marchito desde las ra’ces. 21 As’, Pedro record— y le dijo: ÒRab’, mira, el higo que maldijiste se ha marchitado.Õ
 
22 Entonces Jesœs dijo: ÒTengan fe en Dios. 23 Yo les digo la verdad, cualquiera que diga a esta monta–a lev‡ntate y se echada al mar- si no duda en su coraz—n, sino que tiene fe- cualquier cosa que diga que va a suceder, es lo que suceder‡. 24 Por esta raz—n les digo, tengan fe que recibir‡n todo por lo cual han orado y  pedido,  y lo obtendr‡n. 25 Y cuando sea que se paren para orar, perdonen cualquier cosa que tengan contra quien sea, para que su Padre, quien est‡ en los cielos, tambiŽn los perdone [a ustedes] por sus errores. 26—
 
Pues bien, ellos regresaron a JerusalŽn. Y mientras caminaban por el Templo, los sacerdotes principales, los escribas, y los ancianos, vinieron a Žl 28 y le preguntaron: ÀD—nde adquiriste tu autoridad para hacer estas cosas? ÀQuiŽn te dio esta autoridad?
 
29 Entonces Jesœs respondi—: ÒLes voy a hacer una pregunta. Y si me responden, entonces les dirŽ d—nde obtuve la autoridad para hacer estas cosas: ÀEl bautismo de Juan vino del cielo o de los hombres? ÁContŽstenme!
 
31 As’, comenzaron a razonar entre ellos diciendo: ÒSi decimos que vino del cielo, Žl preguntar‡: ÔEntonces Àpor quŽ no le creyeron?Õ 32 Pero si decimos de los hombres...Ó
 
Lo ven, ellos ten’an miedo de las muchedumbres, porque [la gente] cre’a que Juan hab’a sido un profeta. 33 As’ es que dijeron a Jesœs: ÔNo lo sabemos.Ó
 
Y Jesœs les dijo: ÒEn tal caso, no les digo de d—nde obtuve la autoridad para hacer estas cosas.Ó
 

Capitulo 12

 
1 Entonces empez— a ense–arles mediante ilustraciones: ÒUn hombre plant— un vi–edo. Puso una cerca alrededor de este, construy— un estanque para la prensa de vino, y una torre [para protegerla], [luego] contrat— unos granjeros para cuidarlo. Entonces viaj— al extranjero. 2 Ahora bien, cuando lleg— el tiempo de la [cosecha], mand— un esclavo a los granjeros, para obtener algo del fruto del vi–edo. 3 Pero estos agarraron [al esclavo], lo golpearon, y lo enviaron [de regreso] sin nada. 4 Nuevamente, les mand— otro esclavo. A este lo golpearon en la cabeza y lo deshonraron. 5 De modo que envi— otro. A este lo mataron. [Del mismo modo envi—] muchos otros, a algunos de los cuales azotaron y a otros mataron.
 
6 Pues bien, [el amo] ten’a uno m‡s, a quiŽn pod’a enviar, un hijo muy amado. Por œltimo  envi— [a su hijo], y dijo: ÔEllos respetar‡n a mi hijo.Õ
 
7 Pero aquellos granjeros se dijeron uno al otro: ÔEste es el heredero. MatŽmoslo y la herencia ser‡ nuestra.Õ 8 As’, lo agarraron y lo mataron, despuŽs arrojaron [su cad‡ver] fuera del vi–edo.
 
9 ÀQuŽ es lo que el due–o del vi–edo va a hacer? El vendr‡ y destruir‡ a los granjeros, y entonces confiar‡ su vi–edo a otros.
 
10 ÀNo leyeron alguna vez la escritura [que dice]: ÔLa piedra que los constructores rechazaron lleg— a ser la piedra angular, 11 vino por Jehov‡ y nos parece excelente.Õ?Ó
 
12 Pues bien, ellos reconocieron que aquella ilustraci—n les aplicaba, de modo que empezaron a buscar maneras de atraparlo. Sin embargo, tem’an a la muchedumbre, por tanto lo dejaron ir  y se fueron.
 
13 Luego de esto, enviaron a algunos de los fariseos y seguidores de Herodes para tratar de hacerlo decir algo [de lo cual poderlo acusar.] 14 Cuando llegaron le dijeron: ÒMaestro, sabemos que hablas la verdad y que no te dejas impresionar por nadie. Tœ no ves lo que los hombres son por fuera, sino que verdaderamente ense–as el camino de Dios. Por tanto, Àes legal pagar el impuesto principal a Cesar o no? 15 ÀDebemos pagar, o no debemos pagar?Ó
 
Notando su hipocres’a, dijo: ÒÀPor quŽ me ponen a prueba? Tr‡iganme una moneda de plata para verla.Ó
 
16 De manera que le trajeron una, y Žl pregunt—: ÒÀDe quiŽn es la imagen y la inscripci—n en esta?Ó
 
Ellos contestaron: ÒDe CŽsar.Ó
 
17 Entonces Jesœs dijo: ÒPaguen de vuelta a CŽsar las cosas de CŽsar, pero a Dios las cosas de Dios.Ó. Y [con esto] los dej— perplejos.
 
18 Ahora bien, los saduceos (quienes dicen que no existe tal cosa como una resurrecci—n), vinieron a Jesœs y le preguntaron: ÒMaestro, MoisŽs nos escribi— que si alguien tiene un hermano que muere y deja a su esposa sin hijo, [este] debe tomar la esposa [de su hermano], y levantar descendencia para [este]. 20 Pues bien, digamos que hubo siete hermanos. El primero tom— esposa, pero muri— sin dejar descendencia. 21 Entonces, el segundo la tom—, pero el tambiŽn muri— sin descendencia, [de igual forma] el tercero. 2 Ninguno de los siete  dejo descendencia. Finalmente, la mujer tambiŽn muri—. 23As’, en la resurrecci—n, Àde quiŽn ser‡ esposa esta, dado que todos la tuvieron como esposa?Ó
 
24 Entonces Jesœs respondi—: ÒEsta es la raz—n por la cual ustedes est‡n extraviados: ÁUstedes no entienden las escrituras o el poder de Dios!  25 Cuando los muertos sean resucitados, ellos no se casar‡n ni se dar‡n en matrimonio, ellos ser‡n como los mensajeros en el cielo.
 
26 Respecto a los muertos que son levantados, no leyeron en el libro de MoisŽs- en la historia del arbusto espinoso- c—mo Dios le dijo : ÔYo soy el Dios de Abraham, Isaac, y Jacob 27 El no es un Dios de muertos, sino de vivos... Si, ustedes est‡n extraviados.Õ
 
28 Ahora, uno de los escribas (quiŽn se hab’a acercado y escuchado la discusi—n), sab’a que Jesœs hab’a dado una buena respuesta. De modo que pregunt—: ÒÀCu‡l es el mandamiento principal?Ó
 
29 Jesœs respondi—: ÒEl principal es: ÔEscucha, OH Israel; Jehov‡ nuestro Dios es un solo Jehov‡, 30 y tienes que amar a Jehov‡ tu Dios con todo tu coraz—n, alma y fuerzas.Õ 31 El segundo es este: ÔDebes amar a tu vecino como a ti mismo.Õ Ningœn mandamiento es superior a estos.Ó
 
32 El escriba dijo: ÒÁBien! Has dicho la verdad, Maestro, cuando dijiste que ƒl es Uno, y que no hay otro. 33 Y que amarlo con todo tu coraz—n, entendimiento y fuerzas, y que amar a tus vecinos como a ti mismo vale m‡s que todas las ofrendas y sacrificios quemados juntos.Ó
 
34 As’, Jesœs (reconociendo que Žl hab’a respondido inteligentemente) le dijo: ÒNo est‡s muy lejos del Reino de Dios.Ó
 
Entonces, nadie tuvo el coraje de hacerle m‡s preguntas.
 
35 En respuesta a la pregunta que se formul— cuando Jesœs hab’a estado ense–ando en el templo, pregunt—: ÒÀPor quŽ dicen los escribas que el Ungido es hijo de David? 36 Porque, a travŽs del Aliento Santo [de Dios], David dijo esto: ÔJehov‡ dijo a mi Se–or, siŽntate a m’ diestra hasta que coloque a tus enemigos bajo tus pies.Õ 37 As’, dado que David lo llama Se–or, Àc—mo puede Žl ser su hijo?Ó
 
[Todo este tiempo], la enorme muchedumbre lo hab’a estado escuchando con mucho placer.
 
38 Mientras ense–aba, les advirti—: ÒCu’dense de los Escribas, quienes disfrutan de caminar por all’ en ropaje [costoso], y quieren ser saludados en los mercados. 39 [Ellos] desean los asientos de adelante en las sinagogas, y las posiciones principales en las cenas. 40 [Al mismo tiempo], devoran las casas de las viudas mientras dan un espect‡culo al hacer largas oraciones; por esto recibir‡n un juicio m‡s severo.Õ
 
41 Entonces se sent— frente al Tesoro Sagrado y se puso a observar a la muchedumbre poner monedas en las cajas. La gente rica pon’a muchas monedas. 42 Sin embargo, una viuda pobre vino y puso dos peque–as monedas de cobre que no val’an mucho. 43 Ante esto, [Jesœs] llam— a sus disc’pulos y dijo: ÒYo les digo la verdad, esta pobre viuda puso m‡s que todo el resto de los que tiraron dinero en las cajas del tesoro. 44 Porque, todos ellos tiraron lo que les sobraba, pero [esta mujer], quien est‡ en necesidad, puso todo lo que ten’a; todo su medio de vida.Ó
 

Capitulo 13

 
1 Mientras se iba del templo, uno de sus disc’pulos dijo: ÒÁMaestro, mira estas piedras y estos edificios!Ó
 
2 Sin embargo, Jesœs le dijo: ÒÀVes estos regios edificios? No habr‡ una piedra que haya sido puesta sobre otra, que no haya de ser derribada.Ó
 
3 Y mientras se encontraba sentado en un lugar tranquilo, en el Monte de los Olivos, al frente del Templo, Pedro, Santiago, Juan y AndrŽs preguntaron: 4 ÒDinos, Àcu‡ndo suceder‡n estas cosas, y cu‡l ser‡ la se–al de que estas cosas estŽn a punto de llegar a su fin?Ó
 
5 De manera que Jesœs respondi—: ÒTengan cuidado que nadie los haga extraviarse. 6 Porque muchos vendr‡n en mi nombre diciendo: ÔYo soy [aquel]Õ, y de este modo extraviar‡n a muchos.
 
7 Cuando oigan acerca de guerras y reportes de guerras, no tengan miedo, porque [estas cosas tienen que suceder; pero eso no es el fin.] 8 Porque naci—n guerrear‡ contra naci—n y reino contra reino. Habr‡ desastres naturales en un lugar tras otro, y habr‡ escasez de comida. Estas cosas son los comienzos de los dolores de parto.
 
9 Cu’dense, porque los traicionar‡n y los llevar‡n a las cortes locales y ser‡n azotados en las sinagogas y se les har‡ comparecer ante reyes y gobernadores por mi causa, como testigos para ellos. 10 TambiŽn, las buenas nuevas primero tienen que predicarse en todas las naciones. 11 Pero, mientras los llevan para ser acusados, no se preocupen de ante mano acerca de quŽ decir. Solamente digan lo que se les conceda en ese mismo momento, porque no ser‡n ustedes los que hablen, sino el Aliento Santo de Dios.
 
12 Hermanos traicionar‡n a muerte a hermanos... al igual que un padre a su hijo. Y los hijos se levantar‡n contra sus padres y har‡n que sean condenados a muerte. 13 Todo mundo los odiar‡ por causa de mi nombre. Pero, aquel que resista hasta el final ser‡ salvado.
 
14 Cuando sea que vean al destructor repugnante de pie donde no debe (que preste atenci—n el lector), entonces aquellos en Judea, deben correr a las monta–as. 15 Aquel que estŽ parado en su techo, no debe bajar o entrar a traer nada de su casa. 16 Y aquel que estŽ parado en su campo, no debe regresar por su ropa.
 
17 ÁAy de aquellas que estŽn en cinta, o cuidando un bebŽ durante aquellos d’as. 18 Y mantŽnganse orando que esto no suceda en invierno. 19 Porque, en aquellos d’as habr‡ un tiempo de dificultad  como nunca antes habr‡ ocurrido [uno] desde los albores de la creaci—n por Dios hasta ese entonces, (y no debe ocurrir de nuevo). 20 De hecho, si Jehov‡ no acorta aquellos d’as, lo m‡s probable es que ninguna carne se salve. Pero a causa de los escogidos que El eligi—, El ha acortado los d’as.
 
21 Entonces, si alguien les dice, aqu’ est‡ el Ungido, o Ámiren, est‡ all’!, no lo crean. 22 Porque, ungidos falsos y falsos profetas se levantar‡n  y dar‡n se–ales y augurios profŽticos para extraviar...si fuera posible, Áaœn hasta a los escogidos! 23 Tengan cuidado, porque les he advertido. 24 Pero, en los d’as despuŽs de aquel tiempo de dificultad, el sol ser‡ oscurecido, la luna no brillar‡, 25 las estrellas estar‡n cayendo del cielo, y los poderes de los cielos se sacudir‡n. 26 Entonces ellos ver‡n al Hijo del Hombre viniendo en las nubes con mucho poder y gloria. 27 y enviar‡ a los mensajeros para reunir a sus Escogidos, desde los cuatro vientos, desde los extremos de la tierra hasta los extremos del cielo.
 
28 Ahora bien, aprendan de la ilustraci—n del ‡rbol de higo; cuando sus ramas se vuelven tiernas y reto–an hojas nuevas, ustedes saben que el verano est‡ cerca. 29 As’, cuando ustedes vean ocurrir estas cosas, sepan que Žl est‡ cerca...a las puertas. 30 Yo les digo la verdad, Žste per’odo no pasar‡ sin que sucedan todas estas cosas. 31 El cielo y la tierra pasar‡n, pero mis palabras no pasar‡n.
 
32 Nadie sabe aquel d’a o aquella hora, ni los ‡ngeles en el cielo o el Hijo, solamente el Padre. 33 Por tanto, mantŽnganse despiertos y continœen atentos, porque no saben cu‡ndo llegar‡ el momento.
 
34 Es igual que un hombre, quien, antes de dejar su casa y viajar al extranjero, instruy— a cada uno de sus esclavos, que simplemente continuaran haciendo su trabajo. Pero encarg— al amo de llaves que permanezca despierto. 35 Por tanto, mantŽnganse despiertos, porque ustedes no saben cuando el Amo de la casa llega, 36 de manera que cuando llegue de improviso, no los encuentre dormidos. 37 Lo que digo, se lo digo a todos: ÁMantŽnganse despiertos!Ó
 

Capitulo 14

 
1 Ahora bien, faltaban solo dos d’as para la Pascua y el festival de No Levadura. Y los sacerdotes principales y los escribas estaban tratando de encontrar formas malŽvolas de atrapar a [Jesœs], y asesinarlo. 2 Pero dijeron: ÒÁNo durante el festival! No en ningœn momento en que se pueda formar un alboroto.Ó
 
3 Mientras Žl estaba reclinado para comer en la casa de Sim—n el leproso (en Betania), una mujer vino con una caja de alabastro muy costosa con  aceite perfumado... nardo genuino. Entonces, rompiendo el alabastro, lo verti— sobre su cabeza. 4 Pero algunos empezaron a murmurar entre ellos: ÒÀPor quŽ este desperdicio de aceite perfumado?  5 ÁEste ungŸento pudo haber sido vendido por trescientas monedas de plata y dado a los pobres!Ó Por esto estaban disgustados con ella.
 
6 Pero Jesœs dijo: ÁDŽjenla en paz! ÀPor quŽ quieren causarle problemas? Ella algo bueno por m’. 7 Siempre tienen a los pobres con ustedes, y cuando sea que ustedes lo quieran, podr‡n siempre hacerles cosas buenas. Pero no siempre me tendr‡n a m’. 8 Ella hizo lo que pudo. Ella puso el ungŸento perfumado en mi cuerpo, adelant‡ndose a mi entierro. 9 Yo les digo la verdad, donde sea que las Buenas Nuevas sean predicadas en el mundo entero, lo que esta mujer hizo ser‡ relatado en su memoria.Ó
 
[Mientras tanto], Judas Iscariote (uno de los doce) fue al Jefe de los Sacerdotes, [con el prop—sito de] traicionarlo. 11 Y cuando ellos escucharon [su oferta], les encant— y prometieron pagarle en plata. De modo que Žl empez— a buscar una oportunidad para traicionar [a Jesœs].
 
12 Ahora bien, en el primer d’a de No Levadura (cuando se ofrece el sacrificio de la Pascua), los disc’pulos [de Jesœs] le preguntaron: ÒÀD—nde deseas que te preparemos la Pascua para que comas?
 
13 Por tanto, Žl envi— a dos de sus disc’pulos, con la instrucci—n: ÒVayan a la ciudad, y encontrar‡n a un hombre cargando una vasija de barro, llena de agua. S’ganlo, 14 y dondequiera que entre, d’ganle al amo de la casa, el Maestro manda a preguntar: ÒÀCu‡l es el cuarto de huŽspedes,  donde puedo comer la Pascua con mis disc’pulos? 15 Y Žl les mostrar‡ un cuarto grande, arriba, el cual ya est‡ listo. Preparen la comida para nosotros all’.Ó
 
16 As’, los disc’pulos se fueron y entraron en la ciudad. All’ encontraron todo justamente como Žl lo hab’a dicho, y prepararon la Pascua.
 
17 Aquella noche, [Jesœs] vino con los doce. 18 Y mientras se reclinaban y com’an a la mesa, Jesœs dijo: ÒYo les digo la verdad, uno de ustedes que come conmigo, me traicionar‡.Ó
 
19 Ante esto, todos se entristecieron mucho y  preguntaron: ÒÀNo soy yo, [verdad]?
 
20 Entonces respondi—: ÒEs uno de los doce, que remoja el pan en el plato conmigo. 21 Es un hecho, el hijo del hombre va a ser raptado, tal como fue escrito acerca de Žl. Pero Áay de aquel que traiciona al Hijo del Hombre! ÁLe hubiera sido mejor nunca haber nacido!
 
22 Y mientras com’an, [Jesœs] tom— un pan, luego or— y lo parti—. Se los reparti— mientras dec’a: ÒT—menlo. Este es mi cuerpo.Ó
 
23 Entonces tom— la copa, dio gracias, se las dio a ellos, y todos bebieron de ella. 24 Y les dijo: ÒEsta es mi sangre del Pacto Sagrado, la cual es derramada por muchos. 25 Yo les digo la verdad; definitivamente no beberŽ del producto de la vid, sino hasta el d’a cuando lo beba en el Reino de Dios.Ó
 
26Finalmente, despuŽs de cantar alabanzas, partieron hacia el Monte de los Olivos.
 
27 Entonces Jesœs les dijo: ÒTodos ustedes tropezar‡n, porque est‡ escrito: ÔGolpearŽ al pastor y las ovejas ser‡n esparcidas.Õ 28  Pero, despuŽs que sea levantado, me adelantarŽ a ustedes a Galilea.Ó
 
29 No obstante, Pedro le dijo: ÒAœn si los otros tropiezan, yo noÓ
 
30 Y Jesœs le dijo: ÒYo te digo la verdad; hoy...esta noche...antes que el gallo cante, tu negar‡s conocerme en tres ocasiones.Ó
 
31 Pero [Pedro] segu’a hablando: ÒAœn si tengo que morir contigo, definitivamente no te negarŽ.Ó Y todos los dem‡s dec’an lo mismo.
 
32 As’, cuando lleg— a un lugar llamado Getseman’, Žl dijo a sus disc’pulos: ÒSiŽntense aqu’ mientras oro.Ó 33 Entonces tom— consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y estos se perturbaron much’simo. 34 Por tanto, les dijo: ÒMi vida completa se ha entristecido al punto de la muerte. Esperen aqu’, y mantŽnganse despiertos.Ó
 
35 Ante esto, el se alej— un poco  y cay— al piso, orando que si fuera posible, se lo librase de aquella hora. 36 Y Žl dijo: ÁPap‡, Padre! ÁTodo te es posible! ÁRemueve de m’ esta copa! Sin embargo, no se haga lo que yo quiero, sino lo que Tœ quieres.Ó
 
37 Entonces, regres— y los encontr— dormidos. Y dijo a Pedro: ÒÀEst‡s durmiendo? ÀNo tuvieron suficiente fuerza para mantenerse despiertos por solamente una hora? 38 MantŽnganse despiertos, y continœen orando que nos se los ponga a prueba. De hecho, el esp’ritu est‡ listo, pero la carne es dŽbil.Ó 39 Entonces se fue y or— nuevamente, diciendo las mismas cosas [que antes].
 
40 Regres—, y otra vez los encontr— durmiendo, por cuanto sus ojos estaban pesados; y ellos, simplemente, no sab’an quŽ decirle. 41 Entonces regres— por tercera vez y les dijo: ÒAqu’ est‡n ustedes, descansando y durmiendo. ÁYa es suficiente! ÁEl tiempo ha llegado! ÁMiren! ÁEl hijo del Hombre es traicionado en las manos de pecadores! 42 ÁLev‡ntense y vamos! ÁMiren! ÁAquel que me traiciona est‡ cerca!Ó
 
43 E inmediatamente (mientras todav’a hablaba), Judas (uno de los doce) se apareci— con una turba, que inclu’a a los sacerdotes principales, escribas, y ancianos, y todos llevaban espadas y palos.
 
44 Ahora, el traidor dio [a la turba] una se–al que hab’an previamente acordado, al decir: ÒAquel que yo bese, ese es. Ag‡rrenlo y s‡quenlo con seguridad.Ó 45 As’, se acerc— [a Jesœs] inmediatamente y dijo: ÒÁRab’!Ó y entonces lo bes— tiernamente.
 
46 Ante esto, pusieron sus manos sobre Žl y lo agarraron. 47 Sin embargo, uno de aquellos, parado all’, sac— su espada y atac— al esclavo del Sumo Sacerdote, cort‡ndole la oreja.
 
48 Entonces Jesœs dijo [a la turba]: ÒÀVinieron a m’ con espadas y palos, para arrestarme como a un ladr—n? 49 Estuve con ustedes en el Templo, donde les ense–Ž por d’as, pero no me atraparon entonces. Sin embargo, esto sucede as’ para que se cumplan las Escrituras.Ó
 
50 Entonces [los ap—stoles], todos, lo abandonaron y corrieron. 51 Pero cierto hombre joven, quien se hab’a puesto un atuendo de noche sobre su cuerpo desnudo, empez— a seguirlos de cerca. Sin embargo, [la turba] intent— atraparlo, 52 de modo que escap— desnudo, dejando atr‡s su atuendo.
 
53 Entonces llevaron a Jesœs al Sumo Sacerdote, donde todos los sacerdotes principales, ancianos y escribas estaban reunidos. 54 Pero Pedro (quiŽn lo hab’a seguido a la distancia), entr— al patio del Sumo Sacerdote, y se sent— con los supervisores del edificio, calent‡ndose mientras le daba la cara al fuego.
 
55 [Adentro], los sacerdotes principales, y la entera corte religiosa jud’a, estaban tratando de encontrar testigos contra Jesœs, para poder matarlo, pero no pod’an encontrar ninguno. 56 Muchos vinieron a dar falso testimonio en su contra, pero sus historias no concordaban. 57 Entonces, algunos se levantaron y perjuraron con las palabras: ÒLo o’mos decir: ÔVoy a destruir este Templo hecho con manos, y voy a construir otro que no es hecho de manos, en tres d’as.ÕÓ 59 Pero estos testigos no concordaban.
 
60 Finalmente, el Sumo Sacerdote se puso de pie en medio e interrog— a Jesœs: ÒÀNo tienes una respuesta? ÀDe quŽ te est‡n acusando?
 
61 Pero [Jesœs] permaneci— en silencio, sin responder nada.
 
Nuevamente, el Sumo Sacerdote empez— a interrogarlo: ÒÀEres el Ungido, el Hijo del Alabado?Ó
 
62 Entonces Jesœs dijo: ÒÁYo soy! Y tœ ver‡s al Hijo del Hombre sentado a la mano derecha del Poder y viniendo en las nubes del cielo.Ó
 
63 Ante esto, el Sumo Sacerdote rasg— sus vestiduras y dijo: ÒÀPara quŽ necesitamos m‡s testigos? 64 ÁUstedes han escuchado la blasfemia! ÀQuŽ opinan?Ó
 
Pues bien, todos ellos lo condenaron a ser detenido para ser ejecutado. 65 Y algunos empezaron a escupirle y a cubrirle la cara, entonces lo golpeaban con sus pu–os, mientras dec’an: ÒÁProfetiza!Ó
 
Entonces los supervisores del edificio, despuŽs de cachetearlo, se lo llevaron preso.
 
66 Ahora bien, mientras Pedro estaba en  el patio de abajo, una de las sirvientas del Sumo Sacerdote 67 lo vio calent‡ndose.  [Esta] lo mir— con dureza, y le dijo: ÒÁTœ estabas con este Jesœs, el Nazareno!Ó
 
68 Pero Žl lo neg—, diciendo: ÒÁYo no lo conozco y no sŽ de quŽ hablas!Ó
 
Entonces se fue afuera, por la entrada del patio. All’ la [misma] sirvienta, cuando lo vio de nuevo, dijo a los que estaban con ella: ÒEste es uno de ellos.Ó 70 Y Žl lo neg— otra vez.
 
Entonces nuevamente, aquellos que estaban parados a su alrededor dijeron a Pedro: ÒÁSeguro que eres uno de ellos, porque tambiŽn eres galileo!Ó
 
71 Pero Žl empez— a insultar y jur—: ÒNo conozco al hombre del que hablas.Ó 72 E inmediatamente un gallo cant—. Entonces Pedro record— lo que Jesœs le hab’a dicho: ÒAntes que un gallo cante, tœ me negaras tres veces.Ó De modo que prorrumpi— en llanto.
 

Capitulo 15

 
1 Al amanecer [del siguiente d’a], los sacerdotes principales se sentaron con los ancianos y los escribas para consultar con la corte jud’a en pleno, y all’, ataron a Jesœs y lo tomaron para entregarlo a Pilatos. 2 As’, Pilatos pregunt—: ÒEres tœ el rey de los jud’os.Ó
 
El respondi—: ÒTœ mismo lo has dicho.Ó
 
3 Entonces, los sacerdotes principales fueron all‡ para acusarlo de muchas otras cosas.
 
4 Pues bien, Pilatos lo interrog— nuevamente diciendo: ÒÀNo tienes quŽ responder? ÁMira todos los cargos que est‡n presentando en contra tuya!
 
5 Pero Jesœs no respondi— m‡s, lo cual  causo admiraci—n a Pilatos.
 
6 Era la costumbre [de Pilatos] liberar cualquier prisionero que ellos pidiesen, [en la Žpoca] de los festivales. 7 Y en ese tiempo, un tal Barrab‡s se encontraba en la c‡rcel, quien hab’a estado con un grupo de rebeldes, que hab’an cometido asesinato, durante una rebeli—n. 8 Por lo tanto, la muchedumbre vino [a Pilatos] para pedirle que lo liberase, de acuerdo con la costumbre. 9 Y Pilatos respondi—: ÒÀQuieren que les libere al Rey de los Jud’os? Ò
 
10 El sab’a que los sacerdotes principales se lo hab’an entregado, solamente por estar celosos de Žl. 11 Pero los sacerdotes incitaron a la muchedumbre para que pidiesen [a Pilatos] que liberara a Barrab‡s [en lugar de Jesœs].
 
12 Por lo tanto, Pilatos pregunt—: ÒEntonces, ÀquŽ debo hacer con este, a quien ustedes llaman el Rey de los Jud’os?Ó
 
13 Nuevamente, ellos gritaron: ÒÁCuŽlgalo en el poste!Ó
 
14 Pero Pilatos pregunt—: ÀPor quŽ? ÀQuŽ cosa mala hizo?
 
Sin embargo, ellos gritaban cada vez m‡s fuerte: ÒÁPonlo en el madero!
 
15 Por tanto, para satisfacer a la muchedumbre, Pilatos les entreg— a Barrab‡s. Entonces, despuŽs de haberlo hecho azotar, se los entreg— para ser empalado.
 
16 A continuaci—n, los soldados lo sacaron al patio (del palacio del gobernador) y reunieron las tropas. 17 All’ lo cubrieron con un [vestido] pœrpura, y tejieron una corona de espinas y se la pusieron. 18 Entonces empezaron a saludarlo diciendo: ÒÁRegoc’jate, OH rey de los jud’os!Ó 19 Y lo golpeaban en la cabeza con una vara, y escup’an sobre Žl. Entonces, arrodill‡ndose, se inclinaban ante Žl.
 
20 Finalmente, despuŽs de haberse divertido, le quitaron la [vestidura] pœrpura, lo vistieron de nuevo con su ropa, y se lo llevaron afuera para colgarlo en el poste. 21 Luego,  trajeron a un hombre llamado Sim—n, de Cierne, quien llegaba del campo (el padre de Alejandro Rufo), para que cargue el poste.
 
22 Por tanto, lo llevaron al lugar del G—lgota (que se traduce lugar del Cr‡neo) All’ trataron de darle vino mezclado con mirra, pero Žl rehus— tomarlo. 24 Entonces lo colgaron en el poste, y jugaron un dado para determinar quiŽn se quedar’a con sus vestiduras.
 
25 Era la tercera hora cuando lo colgaron en el poste. 26 Y hab’a un letrero sobre Žl que mostraba el cargo en su contra: ÒEl rey de los jud’os.Ó
 
27 Hab’a tambiŽn dos ladrones colgando en postes junto a Žl, uno a su derecha y otro a su izquierda. 28—29 [La gente al pasar le dec’a cosas terribles, meneando sus cabezas, y gritando: ÒÁBah! El que iba a demoler el templo y reconstruirlo en tres d’as; 30 ÁS‡lvate a ti mismo! ÁBaja del madero!Ó
 
31 Esta era la misma manera en que los principales sacerdotes se burlaban de Žl, diciendo: ÒHa salvado a otros, Ápero no puede salvarse a s’ mismo! 32 ÁQue el Ungido, quien es el Rey de Israel, baje del poste, para que lo veamos y creamos!Ó
 
Hasta aquellos que colgaban con Žl, se burlaban de Žl.
 
33 Entonces, una oscuridad vino sobre todo el lugar, desde la sexta hasta la hora novena. 34 Y a la novena hora, Jesœs grit— en alta voz: ÒÁEl’, El’, lama sabachtan’! (que se traduce: ÒMi Dios, mi Dios, Àpor quŽ me has desamparado?)Ó
 
35 Y cuando algunos de los que estaban parados all’ lo escucharon, dijeron: ÒÁMiren! ÁEst‡ llamando a El’as!Ó
 
36 As’ pues, alguien corri— y llen— una esponja con vino agrio y lo puso en una vara y le dio algo de beber, y [otros] dijeron: ÒÁDŽjenlo solo! Veamos si El’as viene a bajarlo.Ó
 
37 Pero, Jesœs dio un fuerte grito y muri—.
 
38 Entonces, la cortina del templo [al compartimiento m‡s sagrado] se rasg—.
 

Capitulo 16

1 DespuŽs del S‡bado, Mar’a de Magdala, Mar’a la madre de Santiago, y SalomŽ, compraron ungŸentos con especias, para engrasar el cuerpo; 2 y se dirigieron a la tumba temprano por la ma–ana, despuŽs de la salida del sol. 3 Entonces se preguntaron entre ellas: ÒÀQuiŽn  har‡ rodar la piedra de la entrada de la tumba por nosotras? 4 Pero cuando alzaron a ver, se dieron cuenta que la inmensa piedra ya hab’a sido movida.
 
5 Por tanto, entraron a la tumba y vieron a un hombre joven, vestido de ropa blanca, sentado a la derecha;  y se sorprendieron [mucho]. 6 Pero Žl les dijo: ÒNo se asombren; ustedes est‡n buscando a Jesœs el Nazareno, quien fue empalado. El se despert—. El no est‡ aqu’. Miren, este es el lugar donde lo pusieron. 7 Vayan y digan a sus disc’pulos, y a Pedro, que se les ha adelantado a Galilea. Lo ver‡n all‡, tal como se los dijo.Ó
 
De modo que, cuando salieron, se alejaron corriendo, porque se estremec’an de emoci—n. Pero no dijeron nada a nadie, porque ten’an miedo.
 
NOTA: Las conclusiones alternativas a Marcos no se han incluido, porque su autenticidad es cuestionable.