Lucas

Capitulo 1

1 Al igual que muchos otros que se han dado ya el trabajo de redactar los hechos acerca de las cosas que creemos, 2 tal como nos las fueron dadas por aquellos que fueron testigos oculares desde los [tiempos] m‡s tempranos y por los portadores del mensaje, 3 [yo tambiŽn] tuve a bien investigar todo de forma prolija, desde el comienzo, y entonces, escribirla para ti en el orden en que ocurri—, poderoso Te—filo, 4 para que te sientas confiado en cuanto a las cosas que se te han ense–ado oralmente.

5 En los d’as del rey Herodes de Judea, hab’a un sacerdote de nombre Zacar’as, quien era de la divisi—n de Ab’as. El ten’a una esposa llamada Elisabet, quien era descendiente de Aar—n. 6 Ambos hab’an sido hallados justos por Dios, porque obedec’an todos los Mandamientos y requerimientos de Jehov‡. 7 No obstante, nunca hab’an tenido hijo, ambos estaban ya muy entrados en a–os, y Elisabet era estŽril.

8 Ahora, sucedi— que mientras estaba asignado como Sacerdote ante Dios en su divisi—n de sacerdotes 9 (siguiendo la costumbre de la orden sacerdotal) [Zacar’as fue escogido mediante suertespara ofrecer incienso al entrar al Lugar Santo de Jehov‡.] 10 [En aquel tiempo], hab’a una gran multitud orando afuera, durante la hora en que el incienso se estaba ofreciendo; 11Áy fue un mensajero de Jehov‡ quien se le apareci—!, a la derecha del altar de incienso.

12 Pues bien, Zacar’as se perturb— y asust— mucho por causa de lo que vio. 13 Sin embargo, el mensajero le dijo: ÒNo te atemorices, Zacar’as, porque las cosas que has pedido en oraci—n han sido escuchadas favorablemente. Tu esposa Elisabet te dar‡ a luz un hijo y deber‡s llamarlo Juan. 14 Estar‡s feliz y danzar‡s de jœbiloÉde hecho, mucha gente se alegrar‡ por su nacimiento; 15 porque Žl va a ser grande a los ojos de Jehov‡. El no tomar‡ vino ni ningœn licor en lo absoluto, y estar‡ lleno de Aliento Santo de Dios, aœn estando todav’a en la matriz de su madre. 16 El volver‡ hacia Jehov‡ su Diosa muchos de los hijos de Israel. 17 ƒl ir‡ delante de ƒl con el poder del esp’ritu de El’as. Y el preparar‡ gente para Jehov‡, volviendo los corazones de padres de Nuevo hacia sus hijos, y los [corazones] de aquellos que no obedecen, a un sentido bueno y justo.Ó

18 Pero Zacar’as pregunt— al mensajero: ÒÀC—mo puedo estar seguro de esto? DespuŽs de todo, soy viejo y mi esposa est‡ bien entrada en a–os.Ó

Entonces el mensajero respondi—: ÒYo soy Gabriel, aquel que se sienta frente a Dios. Yo fui enviadopara traerte estas buenas noticias. 20 Pero debido a que no cre’ste estas palabras, las cuales se realizar‡n justo a tiempo; (Ámira!) estar‡s en silencio, y no podr‡s hablar hasta el d’a en que sucedan estas cosas.Ó

21 Mientras tanto, la gente [afuera] estaba esperando por Zacar’as, y empezaron a preguntarse por quŽ se demoraba tanto en el Lugar Santo. 22 Mas cuando sali— no pod’a hablar, y ellos se dieron cuenta que acababa de ver algo inusual. El les hizo se–as, pero no pod’a expresarse verbalmente. 23 Entonces, despuŽs del per’odo asignado para su servicio en el [Templo], regres— a casa.

24 DespuŽs de esto, Elisabet su esposa qued— en cinta, y ella se escondi— por cinco meses, [porque] dec’a, 25 ÒEsta es la voluntad de Jehov‡, [no quiero] que la gente se r’a de mi.Ó

26 Fue durante su sexto mes, que el Mensajero Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad en Galilea llamada Nazaret, 27 a una virgen que estaba comprometida para casarse con JosŽ (de la casa del [Rey] David). El nombre de esta virgen era Mar’a. 28 Cuando Žl vino a ella, dijo: ÒRegoc’jate tœ, persona favorecida, porque Jehov‡ est‡ contigo.Ó

29 Estas palabras realmente la perturbaron, porque se preguntaba quŽ clase de saludo era este.

30 Entonces el mensajero le dijo: ÒNo temas, Mar’a, porque has hallado favor con Dios. 31{ÁMira!}Concebir‡s en tu matriz y dar‡s a luz un hijo, a quiŽn llamar‡s Jesœs. 32 El ser‡ grande y ser‡ llamado Hijo del Alt’simo, y Jehov‡ Dios le dar‡ el trono de David su antepasado. 33 El gobernar‡ sobre la casa de Jacob a travŽs de las edades, y su Reino no tendr‡ fin.Ó

34 Entonces Mar’a pregunt— al mensajero: ÒÀC—mo puede esto ser posible, dado que yo no he tenido sexo con ningœn hombre?Ó

35 Y el mensajero respondi—: ÒEl Aliento Santo de Dios vendr‡ sobre ti y el poder del Alt’simo ser‡ una sombra sobre ti, y as’, lo que nacer‡ ser‡ llamado SantoÉHijo de Dios. 36 {ÁMiren!} Tu parienta Elisabet tambiŽn est‡ encinta de un hijo a su avanzada edad. Y este es el sexto mes de esta llamada Òmujer estŽrilÓ, 37 porque nada es imposible a no ser que Dios as’ lo diga.Ó

38 Entonces Mar’a dijo: Ò{ÁMira!} ÁYo soy la esclava de Jehov‡! ÁQue lo que has dicho me ocurra!Ó Ante esto, el mensajero la dej—.

39 As’, Mar’a se levant— r‡pidamente y viaj— a una ciudad de Jud‡ en la parte monta–osa del pa’s, y entr— en la casa de Zacar’as, y salud— a Elisabet.

41 Pues bien, justo cuando Elisabet escuch— el saludo de Mar’a, el bebŽ en su matriz salt—. Entonces, Elisabet fue llenada [con el] Aliento Santo [de Dios], 42 y proclam— en voz alta: ÒÁTu eres una mujer bendita y bendito es el fruto de tu matriz!43 As’, Àc—mo es que la madre de mi Se–or viene a m’? 44 Miren, cuando escuchŽ el sonido de tu saludo, el bebŽ en mi matriz salt— de gozo. 45 La mujer que cree es bendita, porque todas las cosas dichas por Jehov‡ se realizar‡n.Ó

46 Entonces dijo Mar’a: ÒYo glorifico a Jehov‡ con mi vida, 47 y sobre Dios mi Salvador, mi cuerpo llora de gozo, 48 porque ƒl mir— hacia abajo a Su humilde esclava. {ÁMira!} Porque de hoy en adelante, serŽ llamada bendita, por todas las generaciones por venir, 49 porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por m’, y Su Nombre es Sant’simo. 50 Por generaciones ƒl ha mostrado misericordia a los que le temen, 51 pero con su brazo poderoso esparcir‡ a los que en su coraz—n se creen superiores. 52 ƒl ha removido emperadores de sus tronos, y ha puesto en su lugar a los humildes. 53 ƒl ha llenado a los hambrientos de cosas buenas, y ha despedido a los ricos sin nada. 54 ƒl vino en auxilio de Su siervo Israel, para recordarle de la necesidad de misericordia, 55 tal como se lo explic— a nuestros padresÉ a Abraham y a su semilla, durante la era.Ó

56 De modo que Mar’a se qued— con Elisabet por aproximadamente tres meses y entonces regres— a casa.

57 Pronto lleg— el tiempo en que Elisabet habr’a de dar a luz, y tuvo un hijo. 58 As’, cuando sus vecinos y parientes escucharon c—mo Jehov‡ le hab’a mostrado gran misericordia, ellos tambiŽn se alegraron.

59 Pues bien, cuando fueron a circuncidar al ni–o (en el octavo d’a), lo iban a llamar igual que su padre, Zacar’as. 60 Pero su madre dijo: ÒÁAbsolutamente no! El ser‡ llamado Juan.Ó

61 Sin embargo, [los vecinos] dijeron: ÒEste no es el nombre de ninguno de nuestros parientes.Ó Y se dirigieron al pap‡, preguntando c—mo Žl quer’a llamarlo.

63 ƒl entonces pidi— una tabla y escribi—: ÒSu nombre es Juan.Ó Y esto los admir— mucho. 64 Entonces, de un momento a otro, ƒl le abri— la boca, se desat— su lengua, y empez— a hablar, glorificando a Dios.

65 Esto atemoriz— a todos en el vecindario. Y de estas cosas se habl— por todas las Colinas de Judea. 66 Quienquiera que escuchaba de esto, dec’a en su coraz—n, pregunt‡ndose: ÒÀQuŽ es lo que este ni–o llegar‡ a ser cuando crezca? Porque la mano de Jehov‡ est‡ con Žl.

67 Entonces Zacar’as, el padre [del ni–o], fue llenado con el Aliento Santo [de Dios] y profetiz—: 68 ÒAlabado sea Jehov‡ el Dios de Israel, porque Žl vio hacia abajo y liber— a su pueblo. 69 ƒl levant— un cuerno de salvaci—n para nosotros, en la casa de David su siervo, 70 tal y como lo dijo a travŽs de la boca de sus Santos, en la era de los Profetas, 71 para salvarnos de todos nuestros enemigos, y de la mano de todos aquellos que nos odian. 72 Ha sido bueno con nuestros padres, y ha recordado el Santo Pacto [que implement—], 73 mediante el juramento que le hizo a Abraham, nuestro padre, [esto es], que sin temor, iba a salvarnos de las manos de nuestros enemigos, y a conducirnos a servirle de una forma santa, 75 al plantarnos frente a ƒl en lealtad y justicia, por todo [el resto] de nuestros d’as.

76 Pero en cuanto a ti, ni–ito, tœ ser‡s llamado profeta del Alt’simo. Tu ir‡s frente a Jehov‡, para preparar Sus caminos, 77 para dejar que su pueblo conozca c—mo [pueden] ser salvados, mediante el perd—n de sus pecados, 78 a travŽs de la misericordia de Dios, quiŽnnos cuidar‡ desde lo alto, como si se tratara de la alborada de un Nuevo D’a, 79 el cual brillar‡ sobre aquellos que se encuentran en la oscuridad, y aquellos que est‡n sentados en la sombra de la muerte, y para enderezar nuestros pies en los caminos de la paz.Ó

80 Pues bien, el ni–ito creci— y continu— haciŽndose fuerte con el Aliento [de Dios], y vivi— en el desierto hasta el d’a en que se mostr— a Israel.

Capitulo 2

1 En aquellos d’as, Tiberio CŽsar decret— que todos en la tierra fuesen registrados, 2 y esta primera registraci—n, se llev— a cabo cuando Quirino era gobernador de Siria. 3 De modo que, cada persona tuvo que retornar a su lugar de origen para ser registrada. 4 Como resultado, JosŽ tuvo que viajar de Nazaret de Galilea a la ciudad de David, BelŽn de Judea (porque era de la familia de David) 5 para ser registrado con Mar’a, con quiŽn se hab’a casado segœn su promesa y quiŽn [para entonces ya] estaba encinta 6 Y sucedi— que mientras ellos estaban all’, que lleg— el tiempo para que ella diera a luz. 7 Por tanto, ella dio a luz su primer hijo y lo envolvi— apretadamente en un manto; entonces lo acost— en un comedero [para ganado], (porque no hab’an cuartos disponibles para ellos en la posada).

8 En aquellos d’as, hab’an algunos pastores cuidando sus ovejas, por la noche, en los campos aleda–os. 9 Entonces, el mensajero de Jehov‡ apareci—, parado encima de ellos brillando en [su] gloria, alrededor de ellos, (lo cual los asust—). 10 Pero el mensajero les dijo: ÒNo se aterroricen. ÁMiren! Les traigo buenas nuevas alegres para todos. 11 Porque, un Salvador- el Se–or Elegido- les ha nacido en la ciudad de David. 12 Y esta es la se–al para que ustedes busquen: ÒEncontrar‡n un infante envuelto apretadamente en un manto y acostado en un comedero [para ganado].

13 Entonces, de repente, un gran ejŽrcito celestial apareci— junto al mensajero, alabando a Dios y diciendo: 14 ÒGloria a Dios en las alturas, y paz a los hombres en la tierra, [aquellos] que han probado ser buenos.Ó

 15 As’, despuŽs de que los mensajeros hubieron regresado al cielo, los pastores dijeron entre s’: ÒVayamos a BelŽn y veamos estas cosas que Jehov‡ nos ha revelado.Ó 16 Y con esto, fueron r‡pidamente y encontraron a Mar’a y a JosŽ, y al infante acostado en el comedero [para ganado]. 17 Entonces, cuando vieron esto, explicaron las cosas que se les hab’a dicho acerca del ni–ito.

18 Pues bien, todos aquellos que oyeron de esto se asombraban por lo que los pastores les contaron, 19 y Mar’a empez— a guardar todas estas palabras, sacando conclusiones en su coraz—n. 20 A continuaci—n, los pastores se fueron, glorificando y alabando a Dios, por todas las cosas que hab’an visto y o’do, [y relatando las cosas] justamente como se les hab’a dicho a ellos.

21 Ahora bien, despuŽs de ocho d’as, lleg— el tiempo para circuncidarlo. Fue entonces cuando se le dio el nombre Jesœs, el nombre que el mensajero {de Dios] dijo que deb’an ponerle, aœn antes que hubiese sido concebido en el vientre [de Mar’a].

22 Al final de los cuarenta d’as de purificaci—n requeridos por la ley de MoisŽs, ellos lo llevaron a JerusalŽn para presentarlo a Jehov‡, 23 exactamente como fue escrito en la Ley de Jehov‡: ÒCada var—n que abre matriz, debe ser llamado santo para Jehov‡.Ó 24 Entonces ellos ofrecieron el sacrificio que estaba especificado en la ley de Jehov‡: Òun par de t—rtolas o dos pichones.Ó

25 {ÁMiren!} Hab’a un hombre en JerusalŽn llamado Sime—n, una persona justa y devota, que hab’a estado esperando el Consolador de Israel; y el Aliento Santo [de Dios] estaba con Žl. 26 Le hab’a sido mostrado divinamente mediante el Aliento Santo que no morir’a sin antes haber visto al Ungido de Jehov‡. 27 Y fue debido a que el Aliento [de Dios] lo dirig’a, que entr— en el templo.

Mientras los padres tra’an al ni–o Jesœs para hacer lo que la Ley requer’a por costumbre, 28 [Sime—n] lo tom— en sus brazos y alabo a Dios al decir: 29 ÒAhora, Oh Soberano Se–or, ya puedes liberar a tu esclavo en paz, tal como lo dijiste, 30 ya que mis ojos han visto al que salva, 31 aquel que Tu prove’ste para que toda la gente vea; 32 una luz que revelar a las naciones, y una gloria para Israel, Tu gente.Õ

33 Pues bien, el padre y la madre de [Jesœs] se admiraban de las cosas que de Žl se dec’an.

34 Sime—n tambiŽn los alab—, pero le dijo a su madre Mar’a: ÒÁMira! Este va hacia una ca’da. Y se levantar‡ por los muchos en Israel, una se–al para ser calumniado. 35 Tu vida ser‡ apu–aleada por una espada larga, para revelar las cosas que muchos piensan en sus corazones.Ó

36 Hab’a tambiŽn una profetisa, Ana, una hija de la tribu de Aser. Esta mujer estaba ya muy entrada en a–os y solamente hab’a estado casada por siete a–os desde su virginidad. 37 Era ya una viuda de ochenta y cuatro a–os quien siempre estaba en el Templo, adorando d’a y noche, ayunando y orando. 38 Y a la misma hora, ella se levant— y dio gracias a Dios, y habl— acerca del [ni–o] a todos los que estaban esperando la liberaci—n por rescate en JerusalŽn. 39 Entonces, despuŽs de haber hecho todo cuanto requer’a [la ley de Jehov‡], se dirigieron de regreso a su hogar en Nazaret de Galilea. 40 As’, el peque–o creci— y se hizo fuerte, y estaba lleno de sabidur’a, y Dios le mostraba favor de continuo.

41 Cada a–o sus padres iban a JerusalŽn al festival de la Pascua. 42 Y cuando ten’a doce a–os de edad, ellos otra vez fueron al festival, segœn se acostumbraba. 43 Entonces, despuŽs que los d’as de fiesta hubieron terminado, y ellos estaban regresando a casa, el ni–o Jesœs se qued— rezagado en JerusalŽn, pero sus padres no se dieron cuenta. 44 As’, asumieron que estaba en algœn lado en la compa–’a de la gente que viajaba junta. Estaban ya a un d’a de camino, cuando finalmente empezaron a buscarlo entre sus parientes y amigos, 45 pero cuando no pudieron encontrarlo, retornaron a JerusalŽn para buscarlo.

46 Pues bien, despuŽs de tres d’as, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchando y haciŽndoles preguntas. 47 Su entendimiento y respuestas asombraban a cualquiera que lo escuchaba.

48 Ahora, cuando [JosŽ y Mar’a] lo vieron, se indignaron. Y su madre le pregunt—: ÒHijo, Àpor quŽ nos trataste de esta manera? Aqu’ tu padre y yo hemos estado muertos de preocupaci—n busc‡ndote.Ó

49 Pero Žl les respondi—: ÒÀPor quŽ tienen que buscarme? ÀNo saben ustedes que ten’a que estar en la casa de mi padre? 50 Sin embargo, ellos realmente no entend’an lo que les dec’a.

51 Entonces regreso a casa en Nazaret, junto con ellos, y Žl siempre les obedec’a; y mientras tanto su madre guardaba con cuidado todos estos dichos en su coraz—n. 52 As’, Jesœs continu— progresando en sabidur’a, desarrollo f’sico, y favor, tanto de parte de Dios como de los hombres.

Capitulo 3

1 En el quinceavo a–o del reinado de Tiberio CŽsar, cuando Poncio Pilatos era gobernador de Judea y Herodes era el gobernante del distrito de Galilea (pero Felipe su hermano era gobernante de distrito de la zona de Idumea y Traconites), y Lisanias era el gobernante del distrito de Abilene; 2 en los d’as de los sumo sacerdotes Anas y Caif‡s, las palabras de Dios vinieron a Juan, el hijo de Zacar’as, [mientras este se encontraba] en el desierto.

3 As’, Žl viajo por toda la comarca alrededor del Jord‡n predicando un bautismo de arrepentimiento para perd—n de pecados, 4 justamente como estaba escrito acerca de Žl en el libro del profeta Isa’as: ÒPreparen el camino para Jehov‡. Hagan sus caminos rectos. 5 Rellenen cada bache, y nivelen cada monta–a y colina. Enderecen las curvas, suavicen las partes ‡speras, 6 para que toda carne entonces vea, lo que Dios ha provisto para salvarlos.Ó

7 Mientras ve’a que las muchedumbres ven’an para ser bautizadas por Žl, dijo: Òhijos de v’boras, ÀquiŽn los ha metido miedo para que escapen de la ira que viene? 8 Produzcan la clase de fruto que muestre que est‡n listos para el arrepentimiento. Y no digan para ustedes mismos: ÒAbraham es nuestro padre, porque, yo les digo, que Dios tiene el poder, para levantar hijos de Abraham de estas piedras. 9 Porque, el hacha se encuentra ahora tendida sobre las ra’ces de los ‡rboles, y cada ‡rbol que no produce buenos frutos, ser‡ cortado y arrojado en el fuego.Ó

10As’, las muchedumbres le preguntaron: ÒÀquŽ debemos hacer?

11 Y Žl respondi—: ÒUn hombre que tiene dos pares de interiores, debe compartir con aquel que no tiene ninguno; y aquellos que tienen algo de comer, deben hacer lo mismo. Ò

12 Porque, hasta los recaudadores de impuestos vienen para ser bautizados. Y ellos le preguntaban: ÒMaestro, Àque debemos hacer?

13 El respondi—: ÒSolo recauden un impuesto justo.Ó

14 Y cuando los que estaban en el servicio militar le preguntaban: ÒÀquŽ debemos hacer?Ó

El dijo: ÒNo acosen ni acusen falsamente a nadie. Solamente estŽn satisfechos con sus provisiones.Ó

15 Y porque la gente estaba buscando [al Mes’as], todo mundo se preguntaba en sus corazones, acerca de Juan: ÒÀpodr’a ser este Ôel UngidoÕ?

16 Pero Juan les respondi— a todos diciendo: ÒMi parte es bautizarlos con agua. Sin embargo, uno que es mayor que yo viene, y no soy digno de desatar sus sandalias. El los bautizar‡ con Òel Aliento SantoÓ y con fuego. 17 Su pala est‡ en su mano [y est‡ listo], para limpiar completamente su era, y para traer el trigo a sus silos. Pero Žl quemar‡ toda la paja, con un fuego que no se puede apagar.Ó

18 Si, Žl dijo muchas cosas esperanzadoras mientras predicaba las buenas nuevas a la gente.

19 Herodes (el gobernante del distrito) hab’a sido reprendido [por Juan], debido a Herod’as (la esposa de su hermano), y por todas las otras cosas malas que hab’a hecho. 20 Entonces, Herodes hizo m‡s grande su maldad al encerrar a Juan en prisi—n.

21 Entonces, fue despuŽs de toda la otra gente, que Jesœs tambiŽn fue bautizado. Y mientras oraba, los cielos se abrieron 22 y el Aliento Santo de Dios baj— a Žl en la forma de una paloma. Entonces una voz vino del cielo [y dijo]: ÔTu eres mi Hijo amado, yo te apruebo.Ó

23 Jesœs ten’a aproximadamente treinta a–os cuando vino en poder, siendo el hijo de JosŽ(segœn se opinaba) , de El’, 24 de Matat, de Lev’, de Melqu’, de Jana’, de JosŽ, 25 de Matat’as, de Am—s, de Nahœm, de Esli, de Nagai, 26 de Maat, de Matat’as, de Sime’, de Josec, de Joda,27 de Joan‡n, de Resa, de Zorobabel, de Sealtiel, de Ner’, 28 de Melqu’, de Ad’, de Cos‡n, de Elmad‡n, de Er, 29 de Jesœs, de Eliezer, de Joram, de Matat, de Lev’, 30 de Sime—n, de Judas, de JosŽ, de Joan‡n, de Eliaquim, 31 de melea, de Mena, de Matat‡, de Nat‡n, de David, de JesŽ, de Obed, de Obed, de Boaz, de Salm—n, de Nas—n, 33 de Aminadab, de Arni, de Hezr—n, de PŽrez, de Jud‡, de Jacob, de Isaac, de Abraham, de TarŽ, de Nacor, 35 de Serug, de Reu, de Peleg, de Eber, de Sel‡, 36 de Cainan, de Arpaksad, de Sem, de NoŽ, de Lamec, 37 de MatusalŽn, de Enoc, de Jared, de Mahalalel, de Cain‡n, 38 de En—s, de Set, de Ad‡n, de Dios.

Chapter 4

1 Pues bien, Jesœs fue llenado con el aliento Santo de Dios, por tanto dej— el Jord‡n, y el Aliento [de Dios] lo condujo al desierto, 2 donde fue tentado por el Calumniador por cuarenta d’as. Y no comi— nada durante todo ese per’odo, as’ es que al final estaba muy hambriento. 3 Entonces el Calumniador le dijo: ÒSi tu eres el Hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en panes.Ó

4 Pero Jesœs respondi—: ÒEst‡ escrito: ÔPan no es la œnica cosa que necesita el hombre para sobrevivirÕÓ

5 De manera que el Calumniador lo llevo alto y le mostr— todos los reinos de la tierra en un instante de tiempo, 6 y dijo: ÒTe darŽ poder sobre todas estas cosas y la gloria de ellas, porque estas me han sido dadas y yo puedo darlas a quien yo desee. 7 Todas ser‡n tuyas si tu solamente te inclinas ante m’.Ó

8 Pero Jesœs le respondi—: ÒEst‡ escrito, debes adorar a Jehov‡ tu Dios. El es el œnico a quien debes adorar.Ó

9 Entonces [el Calumniador] lo condujo a JerusalŽn y lo puso sobre una torre alta de batalla, en el templo. Y dijo, Òsi tu eres un hijo de Dios, salta abajo desde aqu’, 10 porque est‡ escrito: ÒEl ordenar‡ a sus mensajeros que te protejan, 11 y ellos te alzar‡n en sus manos, para que tu pie no tropiece en una piedra.Ó

12 Pero Jesœs respondi—: ÒEst‡ dicho: Ôno debes poner a prueba a Jehov‡ tu Dios.ÕÓ 13 As’, despuŽs que el Calumniador hubo terminado de tentarlo, Žl se retir— hasta un tiempo designado.

14 Entonces el poder del Aliento [de Dios] hizo que Jesœs regresara a Galilea, y su fama se esparci— por toda aquella zona. 15 El tambiŽn empez— a ense–ar en las sinagogas, donde todos lo honraban.

16 Cuando lleg— a Nazaret (donde hab’a sido criado), tal como era su costumbre en S‡bado, el fue a la sinagoga, se puso de pie y ley—. 17 All’ se le dio el rollo del profeta Isa’as. Por tanto, lo abri— y encontr— el lugar en que dec’a: ÒEl Aliento de Jehov‡ est‡ sobre m’, porque El me escogi— para declarar buenas nuevas a los pobres. El me envi— para predicar libertad a los prisioneros, el recobro de la vista a los ciegos, para remover todas las presiones de la gente, 19 y a predicar acerca del a–o que Jehov‡ ha escogido.Ó

20 Entonces, el enrollo el rollo, se lo devolvi— al asistente, y se sent—-mientras todo mundo en la sinagoga lo miraba. 21 y dijo: ÒHoy, esta escritura que acaban de escuchar, se ha cumplido.Ó

22 Entonces, todos empezaron a decir cosas buenas acerca de Žl y a maravillarse de las palabras llenas de gracia que sal’an de su boca. Y preguntaban: ÒÀNo es este el hijo de JosŽ?Ó

23 As’, el dijo: ÒUstedes, indudablemente quisieran aplicar estas palabras a m’: ÕDoctor, cœrate a ti mismo'. Haz todas las cosas que hemos escuchado que hiciste en Capernaœm cuando estuviste all’, aqu’ mismo, en tu pueblo.ÕÓ 25 entonces dijo ÒYo les digo la verdad, ningœn profeta es aceptado en su propio pueblo.25 ahora, es un hecho que hab’an muchas viudas en Israel, all‡ en los d’as de El’as, cuando los cielos fueron cerrados por tres a–os y medio, causando una terrible hambruna en el pa’s. 26 Pero El’as no fue enviado a ninguna de ellas, solamente a una viuda en el pa’s de Sid—n. 27 Y hab’an tambiŽn muchos leprosos en Israel en el tiempo del profeta Eliseo, pero el œnico que fue limpiado fue Naam‡n, un Sirio.Ó

28 Ahora bien, todos los que lo escucharon decir esto en la sinagoga se pusieron furiosos, 29 de modo que se levantaron y lo empujaron hacia fuera de la ciudad hasta el filo de una monta–a, donde se asentaba la ciudad, para arrojarlo cabeza abajo. 30 Pero Žl simplemente camino por en medio de ellos y continu— su camino.Ó

31 DespuŽs de eso, fue a Capernaœm, una ciudad en Galilea. All’ tambiŽn ense–— en el S‡bado, 32 y la [gente] se asombraba por su forma de ense–ar, porque hablaba con autoridad.

33 Ahora, hab’a un hombre en la sinagoga [quien estaba pose’do por] un demonio sucio. Y [el hombre] grit—, 34 ÒÁAh! ÀQuŽ negocio tenemos contigo, Jesœs, Nazareno? ÀHas venido a destruirnos? Yo sŽ exactamente quiŽn eres: Òtu eres el Santo de Dios.Ó

35 Pero Jesœs lo reprendi— diciendo: ÒC‡llate y sal de Žl,Ó As’, el demonio lo arroj— en medio de ellos, y entonces sali— sin hacerle da–o.

36 Ante eso, todos estaban asombrados y empezaron a hablar entre ellos y a preguntar: ÒÀQuŽ clase de habla es esta? Este da —rdenes a los esp’ritus sucios con autoridad y poder, Áy estos salen!Ó 37 As’, las noticias acerca de Žl se propagaron por todos lados, por toda aquella regi—n...

38 DespuŽs de dejar aquella sinagoga, fue a casa de Sim—n. All’, la suegra de Sim—n se encontraba enferma y le pidieron que la ayudase. 39 Por tanto. Se acerc— a ella, reprendi— a la fiebre, y esta la dej—. Entonces ella se levant— inmediatamente, y empez— a servirle.

40 Pues bien, al atardecer, todos aquellos que ten’an gente enferma con varias enfermedades, los trajeron a Žl. As’, Žl puso sus manos en cada uno [de ellos] y los cur—. 41 Los demonios tambiŽn sal’an de muchos de ellos, gritando: ÒTu eres el Hijo de DiosÓ Pero (porque ellos sab’an que Žl era el Ungido), los reprendi— y no dej— que dijeran nada.

42 Entonces, al siguiente d’a, sali— y camin— hacia un lugar solitario. Pero las muchedumbres empezaron a buscarlo y finalmente llegaron a donde se hallaba y trataron de impedirle que se marchara. 43 Pero les dijo: ÒTengo que predicar las buenas nuevas del Reino de Dios a otras ciudades, porque, para esto fui enviado.Ó

44 As’, predic— en las sinagogas de Judea.       

Capitulo 5

1 Hubo una ocasi—n cuando la gente se amontonaban junto a [Jesœs] mientras ellos escuchaban la Palabra de Dios, mientras estaba parado junto al lago de Genesaret. 2 De modo que not— que dos botes estaban anclados junto al lago, donde hab’an llegado los pescadores, quienes estaban lavando sus redes. 3 Pues bien, [Jesœs] entr— en uno de los botes (el cual pertenec’a a Sim—n) y le pidi— a este que se alejara un poco de la orilla. Entonces, se sent— y empez— a ense–ar a las muchedumbres desde el bote. 4 Y cuando hubo terminado de hablar, le dijo a Sim—n, ÒSal a lo hondo y tira las redes para que captures.Ó

5 Pero Sim—n respondi—: ÒInstructor, hemos trabajado toda la noche y no capturamos nada. Sin embargo, ya que tœ lo pides, voy a bajar las redes.Ó

6 Pues, lo hicieron, atraparon una gran cantidad de peces. De hecho, las redes empezaron a romperse. 7 [Por esta raz—n] llamaron a sus socios en otro bote para que viniesen a ayudarles. Y cuando llegaron, llenaron ambos botes hasta el punto que estaban a punto de hundirse.

8 Al ver esto, Sim—n Pedro cay— a las rodillas ante Jesœs y dijo: ÒVete de m’, porque soy un hombre pecador, Se–or.Ó 9 [ƒl dijo esto] porque, cuando atraparon tantos pescados, Sim—n y aquellos que estaban con Žl, quedaron asombrados y abrumados...10 al igual que sus socios Santiago y Juan (los hijos de Zebedeo).

Pero Jesœs le dijo a Sim—n: ÒDeja de tener miedo. Porque de ahora en adelante estar‡s atrapando hombres vivos.Ó 11 De manera que trajeron sus botes de regreso a tierra y lo dejaron todo atr‡s para seguirlo.

12 En otra ocasi—n, mientras Žl estaba en una de las ciudades, (Ámiren!) hab’a un hombre lleno de lepra. Cuando este vio a Jesœs, cay— sobre su cara y le rog—: ÒSe–or, si tu solo lo quieres, puedes limpiarme.Ó

13 Entonces, [Jesœs] extendi— su mano, lo toc—, y dijo: ÒYo quiero. Se limpio.Ó E inmediatamente la lepra lo dej—. 14 Entonces le orden— que no contase a nadie, diciendo: ÒAnda y muŽstrate a los sacerdotes y entrŽgales una ofrenda por tu limpieza, tal como lo mand— MoisŽs, como un testimonio para ellos.Ó

15 No obstante, la palabra acerca de Žl continuaba esparciŽndose, y grandes muchedumbres se reun’an para escuchar y ser sanadas de sus enfermedades. 16 As’, Žl se retir— a los desiertos para orar.

17 Mientras ense–aba (algunos d’as despuŽs), algunos fariseos y maestros de la ley estaban [sentados entre la muchedumbre]. Ahora bien, la gente hab’a venido desde cada aldea de Galilea y de Judea, as’ como de JerusalŽn. Y [Jesœs] estaba curando con el poder de Jehov‡. 18 Entonces {ÁMiren!} algunos hombres le trajeron un hombre paralizado, tendido en una camilla. Y buscaban la forma de llev‡rselo. 19 Pero, al no poder encontrar manera de abrirse paso entre la muchedumbre, subieron al techo, y bajaron la camilla por entre las tejas, [y lo pusieron] frente a Jesœs. 20 Cuando Žl vio su fe, dijo: ÒHombre, tus pecados te son perdonados.Ó

21 Ante esto, los escribas y fariseos empezaron a preguntarse entre ellos: ÒÀQuiŽn es este que tanto blasfema?Ó ÀQuiŽn sino Dios puede perdonar pecados?

22 Pero Jesœs reconoci— lo que pensaban y pregunt—: ÒÀA quŽ conclusiones est‡n llegando ustedes en sus corazones? 23 ÀQuŽ es m‡s f‡cil decir, tus pecados te son perdonados o lev‡ntate y anda?

24 Pero, solo para que sepan que se ha dado al Hijo del Hombre el poder de perdonar pecados en la tierra..., Žl entonces dijo al paral’tico: ÒYo te digo, Lev‡ntate, toma tu camilla y vete a tu casa.Ó

Entonces el hombre, inmediatamente se levant—, frente a todos ellos, tom— la [camilla] donde hab’a estado tendido, y regres— a su casa glorificando a Dios. 26 Pues bien, todos estaban encantados y glorificaban a Dios. Pero tambiŽn ten’an miedo, y dec’an: ÒÁHemos visto cosas extra–as hoy!Ó

27 DespuŽs de esto, [Jesœs] sali— y vio a un recaudador de impuestos llamado Lev’, sentado en la oficina de impuestos, y le dijo: ÒVen, sŽ mi seguidor.Ó 28 Pues bien, [Lev’] se levant—, dej— todo atr‡s, y empez— a seguirlo.

29 Entonces Lev’ dio una gran fiesta de recibimiento a [Jesœs], en su casa, y hab’a una gran multitud de recaudadores de impuestos y otros que se reclinaban con ellos para la comida. 30 Ante esto, los fariseos y sus escribas empezaron a quejarse a los disc’pulos, diciendo: ÒÀPor quŽ comen y beben con recaudadores de impuestos y pecadores?Ó

31 Jesœs respondi—: ÒAquellos que est‡n sanos no necesitan mŽdico, solamente los enfermos lo necesitan. 32 Yo vine a llamar a los pecadores a arrepentimiento, no a la gente justa.Ó

33M‡s tarde, ellos dijeron: ÒLos disc’pulos de Juan y aquellos que pertenecen a los fariseos ayunan frecuentemente para pedir cosas [a Dios]. Pero tus [disc’pulos] solo andan comiendo y bebiendo.Ó

34 Y Jesœs respondi—: ÒNo se puede esperar que los amigos del novio ayunen mientras este est‡ con ellos, [no es verdad}? 35 Pero de seguro vendr‡n d’as, cuando el novio sea apartado de ellos. En esos d’as ayunar‡n.Ó

36 Entonces les dio una ilustraci—n ÒNadie corta un parche de una prenda nueva y lo cose a una prenda vieja, porque si lo hace, el parche nuevo se romper‡...y, de todas maneras, el parche de la prenda vieja no va a igualarse con la vieja. 37 Tampoco nadie pone vino nuevo en pieles viejas. Si lo hacen, el vino nuevo romper‡ las pieles. 39 Cualquiera que ha probado el vino viejo no quiere el nuevo, de todas maneras, porque dicen, Ôel viejo es bueno.Õ

Capitulo 6

1 Ahora bien, sucede que mientras Jesœs atravesaba un campo de granos un S‡bado, sus disc’pulos recog’an grano en sus manos, sus disc’pulos lo sobaban y se lo com’an. 2 Pues bien, algunos de los fariseos preguntaron: ÔÀPor quŽ est‡n haciendo algo ilegal en S‡bado?Ó

3 Pero Jesœs dijo: ÒÀNo han le’do que David hizo la misma cosa cuando Žl y sus hombres llegaron a estar hambrientosÉ 4 como Žl entr— al templo de Dios y comi— el pan de la presentaci—n, y lo comparti— con algunos de sus hombresÉalgo que no es legal para nadie, salvo para los sacerdotes? 5 Entonces a–adi—: ÒÁEl Hijo del hombre es el Se–or del S‡bado!

6 En el siguiente S‡bado, nuevamente entr— en la sinagoga y empez— a ense–ar. Pues bien, un hombre que all’ se encontraba [ten’a] mano derecha tullida, 7 y los escribas y fariseos lo observaban de cerca para ver si lo curar’a en S‡bado, con el prop—sito de encontrar algo de que acusarlo.

8 No obsatante, [Jesœs] sab’a lo que estaban pensando, por tanto dijo al hombre con la mano tullida: ÒLev‡ntate y p‡rate en el centro.Ó As’ es que el [hombre] se par—. 9 Entonces, Jesœs dijo: ÒÀDŽjame preguntarte algo; es legal hacer lo bueno o lo malo, salvar o destruir una vida durante el S‡bado?Ó

10 Finalmente, despuŽs de mirar a todos en derredor, dijo al hombre: ÒExtiende tu mano (lo cual hizo), y su mano fue curada. 11 Pues bien, [los escribas y fariseos] se pusieron furiosos y empezaron a hablar entre ellos acerca de quŽ cosa pod’an hacerle a Jesœs.

12 Fue por ese mismo tiempo que subi— a una monta–a a orar, de modo que pas— toda la noche en oraci—n a Dios. 13 Entonces, al siguiente d’a, llam— a sus disc’pulos y escogi— de entre ellos a doce, a los cuales empez— a llamar ap—stoles. Esos fueron 14 Sim—n (a quiŽn tambiŽn llam— Pedro), AndrŽs su hermano, Santiago, Juan, Felipe, BartolomŽ (Natanael), 15 Mateo, Tom‡s, Santiago [el hijo] de Alfeo, Sim—n (quien es llamado el celoso), 16 Judas [el hijo] de Santiago ([Tadeo]), y Judas Iscariote (quien se volvi— traidor).

17 DespuŽs haber bajado de la [monta–a], encontr— un lugar plano donde un grupo grande de sus disc’pulos y una muchedumbre muy enorme procedente de Judea, JerusalŽn y de las inmediaciones de la playa de Tiro y Sid—n, vinieron a escucharle y a ser curados de sus enfermedades. 18 All’, gentes que hab’an estado siendo molestadas por esp’ritus sucios fueron curadas; 19 y toda la muchedumbre trataba de tocarlo (mientras poder emanaba de Žl), de modo que los cur— a todos.

20 Entonces mir— a sus disc’pulos y dijo: Ò[Ustedes] los pobres son benditos, porque el Reino de Dios es de ustedes. 21 [Ustedes] los que tienen hambre son benditos, porque ser‡n saciados. [Ustedes] los que est‡n llorando son benditos, porque pronto reir‡n.

22 Ustedes son benditos cuando sea que los hombres los odien, y no quieran m‡s estar con ustedes; o cuando ellos dicen cosas malas acerca de ustedes, y los llaman inicuos, por causa del Hijos del Hombre. 23 Cuando llegue Aquel d’a, alŽgrense y salten de gozo, porque {ÁMiren!} ustedes tienen una gran recompensa en los cielos. Porque, estas son las mismas cosas que sus padres sol’an hacerles a los profetas.Ó

24 ÒPero, infortunios para ustedes los que son ricos, porque ya tienen todo lo que quieren. 25 Infortunio para ustedes los que tienen [est—magos] llenos, porque llegar‡n a tener hambre. Infortunio para ustedes los que se est‡n riendo, porque llorar‡n y se lamentar‡n. 26 E infortunios para ustedes cuando todos dicen cosas bonitas acerca de ustedes, porque esto es lo que sus padres hicieron a los profetas falsos.Ó

27 ÔYo les digo a todos ustedes los que est‡n escuchando, amen a todos sus enemigos, y hagan el bien a aquellos que los odian. 28 Oren por todos los que los maldicen, y oren por aquellos que los insultan. 29 Si alguien los golpea en una mejilla, ofrŽzcanle la otra tambiŽn. Y si alguien les quita la ropa, ofrŽzcanle tambiŽn su ropa interior.Ó

30 ÒDen a todo el que pide, y no pidan de vuelta al que recibi—.

31 ÒSi aman solamente a quienes los aman a ustedes, ÀquŽ clase de favor est‡n haciendo? Los pecadores tambiŽn aman a quienes los aman. 33 Y si solamente hacen cosas buenas por quienes tambiŽn les hacen cosas buenas a ustedes, ÀquŽ clase de favor es este? Porque hasta los pecadores hacen la misma cosa. 34 Y si prestan sin interŽs a aquellos que esperan que les paguen, ÀquŽ clase de favor es este? Hasta los pecadores prestan sin interŽs cuando esperan que se les pague.

Por tanto, amen a sus enemigos, y hagan cosas buenas; den prestado sin esperar que se les devuelva, y recibir‡n un galard—n enormeÉser‡n hijos del Mas Alto. Porque, ƒl es bueno hasta con los malagradecidos y los inicuos, 36 por tanto sean misericordiosos as’ como su Padre es misericordioso.

37 ÒNo juzguen [a otros], y ustedes no ser‡n juzgados. No condenen [a otros], y ustedes no ser‡n condenados. Liberen [a otros] y ustedes ser‡n liberados. 38 Den, y la gente les dar‡. Ellos les dar‡n una porci—n generosa, apretada y rebosante. La cantidad que ustedes miden [para otros], es la que ellos medir‡n para ustedes.Ó

39 Entonces les dio algunas ilustraciones: ÒÀPuede un ciego guiar a otro ciego? ÀAmbos caer‡n en un pozo, verdad?

40 ÒUn disc’pulo no est‡ por encima de su maestro, pero todo aquel que aprende bien ser‡ como su maestro.Ó

41 ÒÀPor quŽ buscan una paja en el ojo de su hermano, cuando no son capaces de ver la viga en el suyo propio? 42 ÀC—mo pueden decirle a su hermano: ÕDŽjame sacarte esa [basurita] de tu ojo, cuando ustedes no pueden ver la viga en el suyo propio? ÁHip—crita! Primero remueve la viga de tu propio ojo, y entonces ver‡s claramente, c—mo remover la basurita del ojo de tu hermano.

43 ÒUn ‡rbol bueno no produce fruto podrido, y un ‡rbol podrido no produce fruto bueno. 44 Todos los ‡rboles son conocidos por su fruto. La gente no recoge higos de cardos, y no corta uvas de arbustos espinosos. 45 Un hombre bueno trae cosas buenas de las cosas buenas que ha atesorado en su coraz—n, pero un hombre malo, trae cosas malas de su maldad. Esto es porque su boca habla de las cosas que llenan su coraz—n.

46 ÒAs’ pues, Àporque me llaman diciendo: ÒSe–or, Se–or, cuando no hacen lo que les digo? 47 As’ de esa manera es aquel que viene a m’: escucha lo que digo y lo hace. 48 Es como un hombre que estaba construyendo una casa, y cav— hondo para poner su fundamento sobre la roca. As’, cuando una inundaci—n vino, y el r’o dio contra la casa, esta result— inamovible, porque estaba bien construida. 49 Pero aquel que oye pero no hace [lo que yo digo], es como un hombre que construye su casa en el terreno sin fundamento. El r’o dio contra esta e inmediatamente [la] derrib—, causando un enorme da–o.

Capitulo 7

1 Cuando hubo terminado de decir estas cosas hasta donde lo pod’an escuchar, entr— en Capernaœm. 2 Y [en esa ciudad] se encontraba un centuri—n quien ten’a un sirviente muy apreciado que estaba enfermo y cerca de morir.3 As’, cuando escuch— acerca de Jesœs, envi— algunos ancianos de Judea a pedirle que viniese y salvase la vida de su esclavo. 4 Entonces ellos r‡pidamente fuero a Jesœs y le rogaron diciendo: Ò[El centuri—n] merece que tœ hagas esto por Žl, 5 porque el ama a nuestra naci—n y construy— una sinagoga para nosotros.Ó

6 De modo que Jesœs se fue con ellos, pero no estaba ya muy lejos de la casa cuando el centuri—n envi— sus amigos a decirle: ÒSe–or, no te molestes [en venir], porque no soy digno de tenerte bajo mi techo. 7 Es por no considerarme a mi mismo merecedor que no fui a ti yo mismo. Solamente di la palabra y haz que mi siervo sea sanado. 8 Mira, yo soy un hombre con poder, [porque tengo] soldados bajo mi mando. Si yo digo a este: Òponte en caminoÓ, se pone en camino; y a otro: ÒVenÓ, viene; y a mi esclavo: ÒHaz esto.Ó, Žl lo hace.Ó

Pues bien, al o’r esto Jesœs se asombr—. Por tanto se volvi— hacia la muchedumbre que lo segu’a y dijo: ÒYo les digo, no he encontrado fe tan grande en Israel.Ó

10 Entonces, al retornar a la casa, [los ancianos] que hab’an sido enviados encontraron al esclavo en buena salud.

11 poco despuŽs de eso, Žl viaj— con sus disc’pulos y una gran muchedumbre a una ciudad llamada Na’n. 12 Y mientras se acercaba al port—n de la ciudad, {ÁMiren!} estaban sacando a un muerto. Era el œnico hijo que hab’a tenido su madre, y ella era una viuda. Una gran muchedumbre de la ciudad tambiŽn estaba con ella. 13 as’, cuando el Se–or la vio, se conmovi— y sinti— piedad y dijo: ÒDeja de llorar.Ó 14 Entonces subi— y toco el cofre, y los cargadores pararon. Y dijo: ÒJoven, yo te digo, Álev‡ntate!Ó

15 Pues ante esto, el hombre muerto se sent— recto y empez— a hablar. Entonces, [Jesœs] se lo entreg— a su madre. 16 No obstante, todos estaban atemorizados y empezaron a glorificar a Dios diciendo: ÒUn gran profeta se ha sido levantado entre nosotros.Ó y ÒDios ha empezado a prestar atenci—n a su pueblo.Ó

Y estas noticias acerca de Žl se esparcieron a lo largo de toda Judea y los campos aleda–os.

18 Ahora, los disc’pulos de Juan estaban report‡ndole todo lo que hab’a ocurrido. 19 As’, Juan llam— a dos de sus disc’pulos y los envi— al Se–or para preguntarle: ÒÀEres tu el que hab’a de venir, o debemos esperar otro? 20 Y cuando llegaron a Jesœs, los hombres dijeron: ÒJuan el Bautista nos envi— a preguntarte si eres el Ungido, o si debemos esperar a alguien m‡s.Ó

21 Pues, durante esa hora el curo a muchos que estaban enfermos, plagados y que ten’an esp’ritus inicuos, y concedi— el don de la vista a mucha gente ciega. 22 Entonces respondi—; ÒVayan por su camino y den un reporte a Juan de lo que vieron y escucharon. [D’ganle que] los ciegos est‡n viendo, los cojos est‡n caminando, los leprosos est‡n siendo curados, los sordos est‡n escuchando, los muertos est‡n siendo levantados, y los pobres est‡n siendo instruidos con las buenas nuevas. 23 Aquel que no tropieza por mi causa es bendecido.Ó 24 DespuŽs que los mensajeros de Juan su hubieron retirado, pregunt— a la muchedumbre acerca de Juan: ÒÀQuŽ fueron a ver al desierto, ca–as soplando en el viento? 25 Pues, ÀquŽ fueron a ver, un hombre vestido en ropa suave? Porque, aquellos que se visten bien y se miman a s’ mismos, son los que viven en palacios. 26 Pues ÀquŽ fueron a ver alla afueraÉun Profeta? Si, y yo les digo, Ámucho m‡s que un profeta! 27 Este es aquel acerca de quien se escribi—: {ÁMiren!} Estoy enviando adelante mi mensajero, quien preparar‡ el camino delante de ti.Ó 28 Yo les digo; de aquellos nacidos de mujer, ninguno es mayor que Juan, pero una persona que es la menor en el Reino de Dios, ser‡ mayor que Žl.

29 Pues bien, cuando la gente comœn y los recaudadores de impuestos escucharon esto, hablaron de la justicia de Dios, porque ellos hab’an sido bautizados en el bautismo de Juan. 30 Pero los fariseos y aquellos que hab’an sido entrenados en la Ley no tomaron en cuenta este consejo de parte de Dios, porque [Juan] no los hab’a bautizado.

31 [De modo que Jesœs dijo]: Òa quiŽn debo comparar a los hombres de esta generaci—nÉa quiŽn se parecen? 32 Ellos son como ni–itos que se sientan en el mercado, y se gritan entre ellos diciendo: ÒTocamos la flauta, pero ustedes no bailaron. Gemimos, pero ustedes no lloraron. Porque, cuando el Bautista vino, el no festej— o tom— vino, asi es que ustedes dijeron que ten’a demonio. 34 Pero el Hijo del hombre vino comiendo y bebiendo, y por eso ustedes dicen: {ÁMira! Este es un glot—n y tom mucho vinoÉy se relaciona con recaudadores de impuestos y pecadores! 35 Sin embargo, la sabidur’a es probada justa por sus resultados.Ó

36 Uno de los fariseos [llamado Sim—n] continu— pidiendo a Jesœs que cenase con Žl. Asi es que fue a la casa del fariseo y se reclin— a la mesa. 37 Y {Ámiren!} una mujer de la ciudad, una conocida pecadora, supo que el estaba reclin‡ndose para una comida en la casa del fariseo, as’ es que trajo una caja de alabastro con ungŸento perfumado. 38 entonces, sent‡ndose detr‡s de Žl, a sus pies, llor— y moj— sus pies con sus l‡grimas, entonces los sec— don su cabello. Ella tambiŽn le beso tiernamente los pies y los unt— con el ungŸento perfumado.

39 Pues, cuando el fariseo que lo hab’a invitado vio esto, pens— para s’ mismo: ÒSi este hombre fuera profeta sabr’a quiŽn, y quŽ clase de mujer es la que lo est‡ tocando. ÁElla es una pecadora!Ó

40 Entonces Jesœs dijo: ÒSim—n, tengo algo que decirte.Ó

Y [Sim—n] respondi—: ÒÁAdelante, d’melo Maestro!

41 Òdos hombres deb’an dinero a un cierto prestamista; uno estaba endeudado con quinientas monedas de plata y el otro con cincuenta. 42 Cuando no tuvieron nada para pagarle, este liberalmente los perdon— a los dos. As’, Àcu‡l lo amar‡ m‡s?Ó

43 Entonces Sim—n respondi—: Ceo que aquel a quien m‡s le perdon—.Ó Ante esto Jesœs dijo: ÒJuzgaste correctamente.Ó

44 As’, volviŽndose hacia la mujer pregunt— a Sim—n: ÀVes a esta mujer? Cuando vine a tu casa, no me diste agua para mis pies, pero esta mujer mojo mis pies con sus l‡grimas y los sec— con su pelo. 45 Tœ no me saludaste con un beso, pero desde el momento en que entrŽ, esta mujer ha estado besando tiernamente mis pies. 46 Tœ no has untado mi cabeza con aceite, pero esta mujer unt— mis pies con ungŸento perfumado. 47 Por eso te digo, aunque ella tiene muchos pecados, le son perdonados porque mostr— mucho amor. Pero quienquiera que no ha sido perdonado por mucho, tampoco ama mucho.Ó

48 entonces dijo a ella: ÒTus pecados son perdonados.Ó

49 Ante esto, los que estaban reclinados a la mesa con Žl empezaron a preguntarse: ÒÀQuiŽn mismo es este hombre, que hasta perdona pecados?Ó

50 Pero el dijo a la mujer: Òtu fe te ha salvado. Ve por tu propio camino en paz.Ó

Capitulo 8

1 Poco despuŽs de eso, {Jesœs} emprendi— su viaje de ciudad en ciudad y de aldea en aldea, junto a los doce; predicando y hablando acerca de las buenas noticias del Reino de Dios. 2 Ahora, [junto a Žl viajaban] algunas mujeres a quienes hab’a curado de esp’ritus sucios y enfermedades. Estaba Mar’a (quien es llamada Magdalena), de quiŽn hab’an salido siete demonios; 3 Juana, la esposa de Chuza (El ayudante principal de Herodes); Susana, y muchas otras, quienes atend’an las necesidades de ellos.

4 Cuando una gran muchedumbre se congreg— (junto con aquellos que viajaban con Žl de ciudad en ciudad), les habl— utilizando esta ilustraci—n: 5 "Un granjero sali— a plantar semillas. Y mientras plantaba, algunas cayeron junto al camino donde se encontraba, y entonces continu— caminando. [Luego] las aves del cielo vinieron y se las comieron. 6 Otras cayeron en las rocas, [y], porque no hab’a agua, se secaron despuŽs de haber germinado. 7 TambiŽn otras cayeron entre espinos. Los espinos crecieron y las ahogaron. 8 Mas otras cayeron en buen terreno, y, despuŽs de germinar, produjeron fruto, [m‡s] de a ciento por una.

Y, mientras les dec’a esto, grit—: ÁDejen que el que tiene o’dos para o’r escuche!

9 Pues bien, sus disc’pulos le preguntaron el significado de la ilustraci—n. 10 De modo que les dijo: ÒA ustedes se les ha permitido entender el misterio del Reino de Dios. Pero en cuanto al resto, [todo lo que oyen] son ilustraciones. As’, cuando miran, miran en vano, y aunque oyen, no entienden.Ó

11 ÒAhora, la ilustraci—n significa esto: ÒLa semilla es la Palabra de Dios. 12 Aquella al lado del camino son los que oyen, pero el Calumniador viene y se lleva la Palabra de sus corazones, para impedirles creer y ser salvados.Ó

13 ÒAquellas que cayeron en las rocas, son los que oyen y dan la bienvenida a la Palabra con gozo, pero debido a que no tienen ra’ces, ellos solamente creen por una temporada. Y cuando llega el tiempo de pruebas, se apartan.

14 Mientras que aquellas que cayeron entre los espinos, estas son aquellos que han o’do, pero debido a las inquietudes diarias (las riquezas y los placeres del vivir), son ahogados y no llegan a producir.Ó

15 ÒPero [aquellas que caen en buen terreno], tienen un coraz—n bueno y puro; y, despuŽs de escuchar la Palabra, la recuerdan y a continuaci—n comienzan a producir fruto.

16 ÒNadie que enciende una l‡mpara, la cubre con una olla o la esconde bajo la cama, m‡s bien la ponen en alto, en un pedestal, para que los que entran puedan ver la luz. 17 As’, no hay nada escondido que no vaya a ser descubierto, ni nada cubierto que no vaya a ser expuesto a la luz. 18 Por esto, presten atenci—n a c—mo escuchan, porque, a quien quiera que tenga, m‡s le ser‡ dado. Pero, a aquellos que no tienen, hasta lo que se imaginan tener, les ser‡ quitado.Ó

19 Ahora, la mam‡ y los hermanos [de Jesœs] vinieron a verlo, pero no pudieron llegar a Žl debido a la muchedumbre. 20 Sin embargo, alguien le dijo a Žl: ÒTu madre y hermanos est‡n parados afuera. [Ellos] quieren verte.Ó

21 Pero Žl respondi—: ÒMi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la obedecen.Ó

22 Algunos d’as m‡s tarde, [Jesœs] y sus disc’pulos entraron en un bote y Žl les dijo: ÒCrucemos al otro lado del lago.Ó Por tanto partieron, 23 y mientras navegaban, Žl se durmi—. Ahora bien, una violenta tempestad de viento vino sobre el lago y el bote empez— a [llenarse] de agua, de modo que llegaron a estar en una situaci—n peligrosa. 24 Entonces [los disc’pulos] vinieron y lo despertaron, diciendo: ÒÁMaestro, maestro! ÁEstamos a punto de ahogarnos!Ó

Y cuando se despert—, reprendi— al viento y el agua agitada, y estos se calmaron, volviŽndose muy pac’ficos. 25 Y Žl pregunt—: ÒÀD—nde est‡ su fe?Ó

Pero ellos estaban tan asustados e impresionados que se preguntaban el uno al otro: ÒÀQuiŽn realmente es este? Porque hasta da —rdenes al viento y las olas, Áy estos le obedecen!Ó

26 Entonces ellos navegaron hasta el pa’s de los genesarenos, el cu‡l se encuentra en la orilla opuesta a Galilea. 27 Pero al salir a tierra, un hombre endemoniado de la ciudad, vino para encontrarse con Žl. Este no hab’a usado ropa por algœn tiempo, y no viv’a en una casa, sino que viv’a entre las tumbas.

28 Pues bien, cuando vio a Jesœs, grit— y cay— enfrente de Žl; y luego dijo en voz alta: ÒÀQuŽ negocio tengo contigo Jesœs, Hijo del M‡s Alto? Te ruego que no me atormentes.Ó 29 ([Dijo esto, porque Jesœs] hab’a ordenado al esp’ritu sucio salir del hombre.)

[Este hombre hab’a sido] arrestado repetidamente, encadenado, asegurado por las piernas con hierros, y puesto bajo guardia. Pero romp’a las cadenas; adem‡s los demonios lo forzaban a vivir en estos sitios aislados.

30 Por lo tanto, Jesœs le pregunt—: ÒÀCu‡l es tu nombre?Ó

Y Žl respondi—: ÒLegi—nÓ (porque muchos demonios hab’an entrado en Žl). 31 Y ellos continuaron rog‡ndole que no les ordenase irse al abismo.

32 Ahora bien, una gran piara de cerdos estaba comiendo en una monta–a, de modo que [los demonios] le rogaron que les permitiese entrar en [los cerdos], y Žl les dio permiso. 33 Entonces los demonios salieron del hombre y entraron en los cerdos, y la piara entera corri— hacia un risco, y, cayendo en el lago, se ahog—.

34 Pues, cuando los cuidadores vieron lo que hab’a ocurrido, corrieron y dieron el reporte en la ciudad y en los campos aleda–os. 35 Entonces la gente vino a ver lo que hab’a pasado, y cuando vinieron a Jesœs, encontraron al hombre (del cual los demonios hab’an salido), vestido y en su sano juicio, sentado junto a los pies de Jesœs, de modo que se atemorizaron. 36 Aquellos que vieron lo que hab’a ocurrido, les relataron la manera en que el endemoniado hab’a sido curado.37 As’, un gran nœmero [de personas] que vinieron de las ‡reas circundantes le pidieron que los abandonara, pues ten’an mucho miedo. Entonces se subi— al bote para regresar.

38 Ante esto, el hombre de quien los demonios salieron, empez— a rogar ir con Jesœs. Pero Žl lo despidi— diciendo: 39 ÒRegresa a tu casa y cuenta las cosas que Dios hizo por ti.Ó De modo que se fue y proclam— por toda la ciudad, las cosas que Jesœs hab’a hecho.

40 Una muchedumbre estaba esperando a Jesœs cuando lleg— de regreso, ya que todos ellos lo estaban esperando. 41 Pero {Ámira!} un hombre llamado Jairo (quien era el presidente de la sinagoga) vino hacia Žl y cay— a sus pies, rog‡ndole que entrara en su casa. 42 [Esto fue] porque ten’a una hija œnica (de unos doce a–os de edad) que se estaba muriendo.

Pues bien, mientras Žl entraba, la gente se arremolinaba a su alrededor. 43 Y una mujer que [hab’a estado sufriendo] de un flujo de sangre por doce a–os (y a quiŽn nadie hab’a sido capaz de curar), 44 vino desde atr‡s y toc— el fleco de su vestidura; y el flujo de sangre ces— instant‡neamente.

45 Entonces Jesœs pregunt—: ÒÀQuiŽn me toc—?Ó

Pues bien, todos lo negaban. Y Pedro dijo: ÒMaestro, las muchedumbres est‡n todas alrededor tuyo empuj‡ndote.Ó

46 Pero Jesœs dijo: ÒAlguien me toc—, porque sent’ poder saliendo de m’.Ó

47 As’, viendo que [lo que hizo] no hab’a pasado desapercibido, la mujer se acerc— temblando, cay— frente a Žl, y explic— a todos la raz—n porque lo hab’a tocado, y c—mo hab’a sido curada instant‡neamente. 48 Entonces Žl le dijo a ella: ÒHija, tu fe te ha salvado. Sigue tu camino en paz.Ó

49 Bien pues, mientras todav’a hablaba, alguien se acerc— al lado del presidente de la sinagoga y le dijo: ÒTu hija ha muerto, no molestes m‡s al maestro.Ó

50 Pero cuando escuch— esto, Jesœs le dijo: ÒNo temas, solo ten fe y ella se salvar‡.Ó

51 Cuando el entr— en la casa, no dej— a nadie entrar con Žl, excepto Pedro, Juan y Santiago, y el pap‡ y la mam‡ de la ni–a. 52 Toda la gente estaba llorando y golpe‡ndose de dolor sobre ella, as’ es que dijo: ÒÁParen de llorar! Ella no muri—, solo est‡ durmiendo.Ó

53 Ante esto, todos empezaron a re’rse de Žl, porque sab’an que ella estaba muerta. 54 Pero Žl la tom— de la mano y la llam— diciendo: ÒÁMuchacha, lev‡ntate!Ó 55 Entonces su aliento regres— y se incorpor— inmediatamente. Y Žl les dijo que le dieran algo de comer.

56 Pues bien, sus padres estaban muy emocionados, pero Žl les dio instrucciones de no contar a nadie lo que hab’a ocurrido.

Capitulo 9

1 ƒl llam— a los doce y les dio el poder y la autoridad sobre los demonios, y para curar enfermedades. 2 Entonces los envi— a predicar el Reino de Dios y a curar. 3 Les dijo: ÒNo lleven nada consigo; ni b‡culo ni bolsa de comida, o pan, o plata, ni siquiera dos mudas de interiores. 5 Y, donde sea que entren en una casa, hospŽdense all’ y salgan a predicar. 5 Y, cuando sea que la gente no los reciba bien, sacœdanse el polvo de sus sandalias, al salir de la ciudad, a manera de testimonio en su contra.Ó

As’, se fueron y viajaron por todas la aldeas, proclamando las buenas nuevas y curando a la gente en todo lado.

7 Ahora bien Herodes, (el gobernante del distrito) oy— acerca de todo lo que estaba sucediendo, y se fue perturbado por las dudas, [por cuanto] algunos dec’an que Juan hab’a sido levantado de entre los muertos. 8 Aœn otros dec’an que uno de los antiguos profetas se hab’a levantado.

9 Herodes dijo: ÒYo decapitŽ a Juan. As’ que, ÀquiŽn exactamente es este de quien oigo cosas semejantes?Ó Y buscaba una oportunidad para ver a [Jesœs].

10 Pues bien, cuando los ap—stoles regresaron, ellos le contaron [a Jesœs] todo los que hab’an hecho. Entonces los llev— a un lugar privado cerca de la ciudad, llamado Betsaida. 11 Pero las muchedumbres se enteraron y lo siguieron. As’, Žl les dio una cari–osa bienvenida, y empez— a hablarles acerca del Reino de Dios, y cur— a aquellos que lo necesitaban.

12 Pues bien, el d’a estaba por terminar, y los doce vinieron y le dijeron: ÒDespacha a las muchedumbres para que puedan ir a las aldeas y lugares aleda–os a buscar provisiones y un sitio para descansar, ya que estamos en un lugar aislado.Ó

13 Pero Žl les dijo: ÒDenle ustedes algo de comer.Ó

Y ellos respondieron: ÒNo tenemos nada a m‡s de cinco panes y dos pescadosÉa menos que vayamos y compremos comida para toda esta gente.Ó 14 (Pues bien, la muchedumbre era de unos cinco mil hombres.)

Pero Žl le dijo a sus disc’pulos: ÒHagan que se reclinen para comer, en filas de unos cincuenta.Ó

15 As’, [los ap—stoles] hicieron esto e hicieron que todos se reclinaran en el piso. 16 Entonces el tom— las cinco [hogazas de] pan y los dos pescados, mir— al cielo y dijo una bendici—n sobre estos, entonces los parti— y se los dio a los disc’pulos para que los pusieran frente a la muchedumbre. 17 De esta manera, cada uno comi— y qued— satisfecho; adem‡s, [despuŽs de eso] recogieron doce canastas de desperdicios.

18 M‡s tarde, mientras se encontraba orando en un lugar tranquilo, sus disc’pulos vinieron a Žl y le preguntaron: ÒÀQuiŽn dicen las muchedumbres que soy?

19 Ellos respondieron: ÒJuan el Bautizante, o El’as, mientras otros dicen que eres uno de los antiguos profetas que ha sido levantado.Ó

20 Entonces Žl pregunt—: Ustedes, sin embargo; ÀquiŽn dicen que soy?

Y Pedro respondi—: Ò[Tœ eres] el Ungido de Dios.Ó

21 Ante esto, Žl los instruy— con firmeza que no contaran esto a nadie, 22 y dijo: ÒEl Hijo del Hombre tendr‡ que sufrir muchas cosas. Ser‡ rechazado por los ancianos, sacerdotes principales y escribas, y entonces ser‡ asesinado. Pero en el tercer d’a ser‡ despertado.Ó

23 Desde ese momento, le dec’a a todos: ÒSi alguien quiere seguirme, que rechace todas las cosas que desea, entonces tome su poste de empalamiento de d’a en d’a, y continœe siguiŽndome. 24 Porque, aquellos que quieran conservar sus vidas, las perder‡n, pero aquellos que pierdan sus vidas por mi causa, las salvar‡n.

25 As’, ÀquŽ bien le hace a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida o queda lisiado?

26 ÒSi cualquiera se avergŸenza de m’ y de lo que digo, el Hijo del Hombre se avergonzar‡ de Žl, cuando venga en su gloria, y la del Padre, y la de sus santos ‡ngeles. 27 Pero yo les digo la verdad, algunos que est‡n aqu’ parados no gustar‡n la muerte antes de ver el Reino de Dios.Ó

28 Y sucedi— justamente como Žl dijo. Aproximadamente 8 d’as m‡s tarde tom— a Pedro, Juan junto con Santiago, y subi— a la monta–a a orar. 29 Entonces sucedi— que mientras oraba, su cara cambi— y sus ropas se empezaron a brillar. 30 TambiŽn, {Ámiren!} hab’a dos hombres hablando con ŽlÉ ÁMoisŽs y El’as! 31 ÁEllos se pod’an reconocer! Y empezaron a hablar de la partida que [Jesœs] estaba a punto de cumplir en JerusalŽn.

32 Ahora, Pedro y los otros ten’an mucho sue–o. Pero cuando vieron su gloria y la de los otros dos hombres parados con Žl, se despertaron completamente. 33 Y a travŽs de la separaci—n que hab’a entre ellos, Pedro dijo a Jesœs: ÒInstructor, es bueno que estemos aqu’. Armemos tres tiendas; una para ti, una para MoisŽs, y otra para El’as.Ó (Pero Žl realmente no sab’a lo que estaba diciendo.)Ó

34 Y justo mientras dec’a esto, una nube se form— y los cubri—. Entonces [MoisŽs y El’as] desaparecieron en la nube, esto asust— [a los ap—stoles]. 35 Adem‡s una voz sali— de la nube y dijo: ÒEste es mi Hijo, el que ha sido escogido. ÁEscœchenle!Ó

36 Y mientras la voz [se escuchaba], [vieron] a Jesœs solo. Pero ellos no dijeron nadaÉen aquel entonces, no contaron a nadie las cosas que vieron.

37 Al d’a siguiente, despuŽs de bajar de la monta–a, una enorme muchedumbre vino a su encuentro. 38 Y {Ámiren!}, un hombre grit— de entre la muchedumbre: ÒMaestro, te ruego que veas a mi hijo, porque Žl es el œnico que tengo. 39 {ÁMiren!} Un esp’ritu viene sobre Žl y Žl grita. Entonces lo hace convulsionarse y bota espuma [por la boca]. DespuŽs de eso para, pero lo deja rasmillado. 40 Yo les roguŽ a tus disc’pulos que lo expulsaran, pero no pudieron.Ó

41 Entonces Jesœs dijo: ÒÁOh generaci—n sin fe y torcida, por cu‡nto tiempo m‡s tengo que quedarme con ustedes y soportarlos? Trae a tu hijo ac‡.Ó 42 Nobstante, justo mientras el hijo se acercaba, el demonio lo arroj— al suelo y lo forz— a una violenta convulsi—n.

Entonces, Jesœs reprendi— al esp’ritu sucio, cur— al ni–o, y se lo devolvi— a su padreÉ y todos quedaron asombrados del Poder Majestuoso de Dios.

43 Ahora bien, cada uno de ellos estaba estupefacto por las cosas que Žl hac’a, pero [Jesœs] dijo a sus disc’pulos: 41 ÒHagan que estas palabras vivan en sus o’dos: El Hijo del Hombre est‡ a punto de ser traicionado y entregado a manos de hombres.Ó 45 No obstante, ellos todav’a no entend’an lo que quer’a decir. De hecho, [el significado] estaba escondido de ellos, para que no pudieran entender, adem‡s ten’an miedo de preguntarle m‡s.

46 Entonces ellos empezaron a preguntarse cu‡l de ellos ser’a el mayor. 47 Pero Jesœs sab’a lo que ellos estaban pensando en sus corazones, de modo que tom— al peque–o y lo sent— junto a Žl mismo. 48 A continuaci—n les dijo: ÒCualquiera que da la bienvenida a este jovencito en mi nombre, me esta dando la bienvenida a m’. Y cualquiera que me da la bienvenida a m’, da tambiŽn la bienvenida Aquel que me envi—, porque quien actœa como uno de los menores entre ustedes, es el mayor.Ó

49 Entonces Juan dijo: ÒInstructor, hemos visto a un hombre expulsando demonios mediante el uso de tu nombre, y hemos tratado de imped’rselo, porque no es uno de nosotros.Ó

50 Pero Jesœs le dijo: ÒNo traten de imped’rselo, porque aquellos que no est‡n contra ustedes, est‡n a su favor.Ó

51 Ahora bien, dado que el nœmero de d’as (hasta cuando iba a ser tomado) casi se hab’an cumplido, se resolvi— a ir a JerusalŽn.

52 Entonces, envi— mensajeros por adelantado, y estos entraron en una aldea samaritana, para preparar [su arribo]. 53 Pero no se le dio la bienvenida all’, porque se dirig’a a JerusalŽn. 54 Y cuando los disc’pulos Santiago y Juan [oyeron] acerca de esto, preguntaron: ÒSe–or, Àquieres que pidamos que baje fuego del cielo y los barra completamente? 55 Pero Žl se volvi— hacia [ellos] y los reprendi—. 56 Luego viajaron a otra aldea.

57 Y sucedi— que mientras viajaban por el camino, que alguien le dijo: ÒÁYo te seguirŽ dondequiera que vayas!Ó

58 Y Jesœs respondi—: ÒLas zorras tienen sus cuevas, y los p‡jaros en el cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza.Ó

59 Entonces le dijo a alguien m‡s: ÒSŽ mi seguidor.Ó Pero el hombre respondi—: ÒPrimero dŽjame ir y enterrar a mi padre.Ó

60 Y [Jesœs] le dijo: ÒÁDejen que los muertos entierren a sus muertos! Tœ, sal y predica el Reino de Dios.Ó

61 Entonces aœn otro dijo: ÒYo te seguirŽ Se–or. Pero primero deja que me despida de los que est‡n en mi casa.Ó

62 Y Jesœs respondi—: ÒNingœn hombre que pone sus manos en un arado y mira hacia atr‡s, es muy apto para el Reino de Dios.Ó

Capitulo 10

1 DespuŽs de eso, el Se–or nombr— a otros setenta, a quienes envi— delante de Žl en pares (de dos en dos), a cada ciudad y lugar al que Žl estaba a punto de dirigirse. 2 Y les dijo: ÒHay una cosecha muy grande, pero no hay suficientes trabajadores. Por tanto, rueguen al Amo de la cosecha que env’e m‡s trabajadores para que cosechen. 3 ÁCaminen! {ÁMiren!} Los env’o como ovejas en medio de lobos.Ó

4 ÒNo lleven bolsa de dinero, lonchera ni sandalias. Y no [paren para] saludar a la gente en el camino. 5 Cuando entren en una casa deben decir: ÕQue esta casa tenga paz.Õ 6 Y si un hijo de la paz se encuentra all’, la paz de ustedes descansar‡ sobre Žl; pero si no, esta volver‡ a ustedes. 7 Por tanto, quŽdense en aquella casa y coman y beban las cosas que ellos les provean, porque un trabajador merece su recompensa. No se muevan continuamente de una casa a otra.Ó

8 ÒCuando sea que entren en una ciudad y ellos los reciban bien, coman lo cualquier cosa que pongan frente a ustedes. 9 Luego, curen a los enfermos entre ellos y d’ganles: ÔEl Reino de Dios est‡ cerca.Õ 10 Pero dondequiera que entren en una ciudad y ellos no les den la bienvenida, vayan a sus calles principales y digan: 11 ÔNos estamos sacudiendo el polvo que se ha quedado en nuestros pies, en esta ciudad, y se lo devolvemos todo a ustedes.Õ

ÒÁRecuerden esto: el Reino de Dios est‡ cerca!Ó

13 ÒAflicciones para ti Coraz’n, y aflicciones para ti Betsaida, porque si los milagros que han sucedido en ustedes tambiŽn hubiesen ocurrido en Tiro y Sid—n, ellos se hubiesen arrepentido y estar’an sentados [y] vestidos de luto y cenizas hace ya mucho tiempo. 14 As’ pues, les ser‡ m‡s f‡cil a Tiro y a Sid—n resistir el Juicio que a ustedes.Ó

15 ÒY tœ Capernaœm, ÀSer‡s elevada a los cielos? [ÁNo!] ÁUstedes ir‡n abajo a su tumba!

16 ÒQuien sea que los escuche a ustedes, tambiŽn me escucha a m’, pero cualquiera que los ignora, tambiŽn me ignora a m’É y cualquiera que me ignora a m’, tambiŽn ignora a Aquel, que me envi—.Ó

17 Cuando los setenta que fueron enviados en pares retornaron, con alegr’a dijeron: ÒSe–or, hasta los demonios nos obedec’an cuando utiliz‡bamos tu nombre.Ó

18 Entonces Žl les dijo: ÒYo vi al Opositor cayendo del firmamento como un rayo. 19 ÁMiren! Les he dado autoridad para que se paren en serpientes y escorpiones, y sobre el poder del enemigo. Nada les causar‡ da–o. 20 Sin embargo, no se alegren debido a que los esp’ritus malos les obedecieron; alŽgrense porque sus nombres han sido inscritos en los cielos.Ó

21 Y en ese momento, el Aliento Santo [de Dios] hizo que gritara de Jœbilo: ÒTe honro pœblicamente Padre, Se–or del cielo y la tierra, porque tu escondiste estas cosas de los sabios y los entendidos, pero Tœ las has revelado a los que son como ni–os. S’ Padre; es por eso que aprobaste este razonamiento claro.Ó

22 ÒMi Padre me ha dado todo, y nadie sabe quiŽn es el Hijo, sino el Padre, o quiŽn es el Padre sino el Hijo (y aquellos a quienes el Hijo desea mostr‡rselo).Ó

23 Con esto, el regres— a sus disc’pulos y dijo privadamente: ÒLos ojos que ven estas cosas que ustedes ven son benditos, 24 porque, les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver las cosas que ustedes est‡n viendo y no las vieronÉy escuchar las cosas que ustedes est‡n escuchando, pero no las oyeron.

25 Entonces {ÁMiren!} un hombre que conoc’a muy bien la ley se levant—, y para probar [a Jesœs], le pregunt—: ÒMaestro, quŽ debo hacer para heredar la vida en la era?Ó

26 De modo que [Jesœs] respondi—: ÒÀQuŽ es lo que est‡ escrito en la Ley? ÀQuŽ has le’do?Ó

27 A continuaci—n, el respondi—: ÒDebes amar a Jehov‡ tu Dios con todo tu coraz—n, vida, fuerza, y mente, y a tu vecino como a ti mismo.Ó

28 Y [Jesœs] respondi—: ÒEsa es la respuesta correcta. Sigue haciendo eso y vivir‡s.Ó

29 Pero el hombre quer’a mostrar lo justo que era, y por eso pregunt— a Jesœs: ÒEntonces, ÀquiŽn es mi vecino?.Ó

30 Entonces Jesœs dijo: ÒUn hombre estaba viajando de JerusalŽn a Jeric—, cuando se encontr— con unos ladrones. Ellos lo despojaron, lo golpearon y lo dejaron por muerto. 31 Pero, por coincidencia, un sacerdote estaba viajando por la misma ruta. Y cuando vio [al hombre golpeado], se pas— al lado opuesto.

33 ÒPero cuando un Samaritano se acerc— y lo vio, le dio lastima. 34Asi, se inclin—, y derram— aceite y vino en sus heridas y las vend—. Entonces lo puso sobre su animal, lo condujo a una posada y lo cuid—. 35 Al d’a siguiente, tom— dos monedas de plata; se las dio al encargado y dijo: ÔCuida de Žl y cuando regrese por este camino, te pagarŽ por todo lo que tu gastes a m‡s de esto.Õ

36 Ahora, ÀCu‡l de los tres les parece se hizo pr—jimo al hombre que asaltaron los ladrones?Ó

37 El [hombre joven] respondi—: ÒAquel que le mostr— misericordia.Ó

Entonces Jesœs dijo: ÒVe por tu camino y haz lo mismo.Ó

38 Ahora, mientras estaban viajando, entraron en cierta aldea, y all’ hab’a una mujer llamada Marta, quien lo recibi— en su casa. 39 Esta mujer ten’a una hermana llamada Mar’a, quien se sent— a los pies del Se–or y se puso a escuchar lo que dec’a. 40 Pero Marta, estaba distra’da, porque estaba ocupada preparando [una comida]. De modo que ella vino a Žl, y pregunt—: ÒSe–or, Àno te molesta que mi hermana me haya dejado para que yo haga sola todos los preparativos? Dile que me dŽ una mano.Ó

41 Pero el Se–or respondi—: ÒMarta, Marta, tu estas preocupada y molesta por [ estar preparando] muchas cosas. Todo lo que necesitamos son unas cuantas cosas, o quiz‡s solo una. Mar’a escogi— la parte buena y no le ser‡ quitada.Ó

Capitulo 11

1 Ahora, Žl se encontraba en cierto lugar orando; y cuando hubo terminado, uno de sus disc’pulos le dijo: ÒSe–or, ensŽ–anos a orarÉtal como Juan ense–— a sus disc’pulos.Ó

2 Entonces dijo: ÒCuando oren digan: Padre, que tu Nombre sea hecho santo, y que tu Reino venga. 3 Danos el pan que necesitamos para hoy, y perd—nanos nuestros pecados, del mismo modo que nosotros perdonamos a los que nos deben, y no nos lleves a la tentaci—n.Ó

5 Entonces pregunt—: ÒÀCu‡l de ustedes tiene un amigo a quien ustedes pueden ir a media noche y decirle: ÔAmigo, prŽstame tres lonjas [de pan], 6 porque otro de mis amigos ha recorrido un largo camino y no tengo con quŽ [alimentarlo]? 7 Porque el responder‡ desde adentro: ÔNo me causes molestias. La puerta ya est‡ con seguro, y mis hijos est‡n en la cama conmigo, as’ es que no puedo levantarme para darte nada. ÕÕ

8 Les digo que, aunque no se levantar‡ a darle nada por ser su amigo, s’ se levantar‡ y le dar‡ las cosas que necesita, si [su amigo] continœa molest‡ndolo. 9 Por tanto, continœen pidiendo y se les dar‡, sigan buscando y encontrar‡n. Sigan tocando y se les abrir‡. 10 Porque, todo el que pide recibe, y todo el que sigue buscando encontrar‡, y a todo el que toca se le abrir‡.

11 ÀQuŽ padre entre ustedes le dar‡ a su hijo una culebra, cuando este le pide un pescado? 12 O si pide un huevo, Àle dar’an un escorpi—n? 13 Ahora, si ustedes en su maldad, saben dar cosas buenas a sus hijos, Ácu‡nto m‡s lo har‡ el Padre en el cielo. [El] dar‡ su Aliento Santo a todo el que se lo pide!Ó

14 En cierta ocasi—n Jesœs expuls— un demonio que imped’a que un hombre hablara. Y cuando el demonio sali—, el hombre habl—, lo cual asombr— a las multitudes. 15 Pero algunos de ellos dec’an: ÒEste expulsa demonios con la ayuda de Belcebœ, el gobernante de los demonios.Ó

16 Entonces, otros trataron de tentarlo pidiŽndole una se–al del cielo. 17 Sabiendo lo que se imaginaban, dijo: Todos los reinos que est‡n divididos son destruidos, y una casa que est‡ [dividida] caer‡. 18 Por tanto, si el Opositor est‡ dividido contra s’ mismo, Àc—mo se mantendr‡ su reino?

Ahora ustedes dicen que yo expulso demonios, con el poder de Belcebœ, entonces, Àa quiŽn utilizan ustedes cuando los expulsan? Por esta raz—n ellos los juzgar‡n. 20 Porque, si yo expulso demonios por el dedo de Dios, el Reino de Dios los ha rebasado.

21 Cuando un hombre fuerte y bien armado cuida su mansi—n, todas sus cosas estar‡n seguras. 22 Pero si alguien m‡s fuerte llega, lo vence y le quita las armas en que confiaba, [los intrusos] luego se dividir‡n todo el bot’n.

23 Ahora, cualquiera que no est‡ conmigo est‡ en mi contra, y el que no viene a mi ser‡ esparcido.

24 Cuando un esp’ritu sucio sale de un hombre, viaja por muchos lugares desŽrticos, buscando un sitio donde descansar. Y cuando no encuentra ninguno, dice: ÔVolverŽ a la casa de donde me mudŽ.Õ 25 Y cuando encuentra [la casa] barrida, limpia y decorada, 26 entra y trae consigo otros siete esp’ritu, que son m‡s malos que Žl mismo. Entonces, despuŽs de entrar, ellos continœan viviendo all’. De manera que el resultado final para este hombre es peor que su condici—n inicial.Õ

27 Ahora bien, mientras dec’a estas cosas, una mujer de entre la muchedumbre grit—: ÔÁFeliz sea el vientre que te carg— y los pechos que mamaste!Õ

28 Pero Žl contest—: ÁNo! ÁFelices son aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la obedecen!Ó

29 Y mientras una muchedumbre se empezaba a formar, el dijo: ÒEsta es una generaci—n inicua porque busca una se–al. Sin embargo, ninguna se–al les ser‡ dada excepto la se–al de Jon‡s. 30 Porque como Jon‡s result— ser una se–al para la gente de N’nive, de la misma forma el Hijo del Hombre ser‡ una se–al para esta generaci—n.

31 La Reina del Sur se levantar‡ en el Juicio, junto con los hombres de esta generaci—n y los condenar‡, porque ella vino de los confines de la tierra, para escuchar la Sabidur’a de Salom—n. Pero miren, algo m‡s que Salom—n est‡ aqu’.

32 Los hombres de N’nive ser‡n resucitados en el Juicio, junto con esta generaci—n y la condenar‡n, porque se arrepintieron ante las cosas que Jon‡s predic—. Pero {ÁMiren!} algo m‡s que Jon‡s est‡ aqu’.

33 Nadie enciende una l‡mpara y entonces la esconde, o la pone bajo una canasta. [M‡s bien] la pone en un pedestal, para que la gente pueda ver por d—nde va.34 La l‡mpara de nuestro cuerpo es el ojo, y cuando tu ojo es simple, entonces todo tu cuerpo es brillante. Pero cuando [tu ojo] es inicuo, todo tu cuerpo es oscuro. 35 Por lo tanto, cuiden que la luz dentro de ustedes no [llegue a ser] oscuridad.

36 Porque, si todo tu cuerpo es brillante (sin tener partes oscuras), ser‡ una l‡mpara brillante que ilumina tu camino.

37 DespuŽs que hubo dicho aquello, un fariseo le pidi— que comiera con Žl, de modo que fue y se reclin— a la mesa. 38 Pues bien, el Fariseo estaba sorprendido al ver que no se lav— antes de cenar. 39 Pero el Se–or le dijo: ÒUstedes fariseos gustan de lavar la parte externa de los platos y las cucharas, pero por dentro est‡n llenos de maldad y cosas robadas. 40 Gente irrazonable, Aquel que hizo el exterior, hizo el interior, Àno es as’? 41 Pero si ustedes dan regalos a los necesitados, entonces {Ámiren!} todo lo que poseen es limpioÉno solamente lo que son por fuera.

41 Sin embargo, ay de ustedes fariseos, porque les gusta los asientos delanteros en las sinagogas, y todos los saludos en los mercados. 44 Si, ay de ustedes, porque son como tumbas escondidas, sobre las cuales los hombres caminan sin querer.Ó

45 En respuesta, uno que hab’a sido entrenado en la Ley, dijo: ÒMaestro, al decir cosas como estas nos est‡s insultando.Ó

46 Entonces Jesœs dijo: ÒAy tambiŽn de ustedes los que han sido entrenados en la Ley, porque amontonan cargas sobre los hombres; tan altas que no se pueden llevar; Ápero ustedes mismos no las tocar’an ni con uno de sus dedos!

47 Ay de ustedes, porque construyen tumbas para los profetas, Áaunque fueron sus padres los que los asesinaron! 48 Ustedes realmente son testigos [contra si mismos], porque aprueban lo que hicieron sus ancestros, cuando asesinaron a los mismos profetas cuyas tumbas ustedes construyen.

49 Es por esta raz—n que la Sabidur’a de Dios dijo: ÔLes enviarŽ profetas y ap—stoles, no obstante, ellos perseguir‡n a algunos y asesinar‡n a otros, 50 para que toda la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundaci—n del mundo, sea puesta sobre esta generaci—n- 51de la sangre de Abel hasta la sangre de Zacar’as, quien fue asesinado entre el altar y el [templo]. S’, yo les digo: todo esto le ser‡ reclamado de esta generaci—n.

52 Ay de ustedes los que han sido entrenados en la Ley, porque han recibido la llave del conocimiento, pero han fallado en entrar [por la puerta]; Áy despuŽs bloquean el camino a los que desean entrar!

53 Luego se fue de aquel lugar.

Y los escribas y fariseos se esforzaron mucho por entramparlo, pregunt‡ndole constantemente acerca de cosas, 54 agazap‡ndose y tratando de atraparlo en algo que pudiera haber dicho.

Chapter 12

1 Una muchedumbre se hab’a reunido, y hab’an tantos miles all’, que literalmente se pisaban entre s’. Entonces [Jesœs advirti— a sus disc’pulos]: ÒCœidense de la levadura de los fariseos, la cual es hipocres’a. 2 No hay nada escondido que no haya de ser revelado, y nada secreto que no llegue a ser conocido. 3 Por tanto, las cosas que ustedes dicen en la oscuridad, ser‡n escuchadas en la luz; y lo que ustedes murmuran en los cuartos privados, ser‡ predicado en las terrazas.

4Yo les digo esto, mis amigos, no se atemoricen de aquellos que matan el cuerpo, pero no pueden hacer nada m‡s que eso. 5 DŽjenme mostrarles a quiŽn deben ustedes temer: Teman a Aquel, quien despuŽs de matar, tiene autoridad para tirarlos en el botadero de la basura. Teman a ƒl! Cualquiera que niegue conocerme ante los hombres, ser‡ tambiŽn negado [por m’] ante los mensajeros e Dios.

6 Cinco gorriones se venden por tan solo dos monedas peque–as, Àno es as’? Sin embargo, a los ojos de Dios, nunca se olvidan. 7 Porque, hasta los pelos de sus cabezas est‡n contados. As’ pues, no se atemoricen; porque ustedes son m‡s valiosos que muchos gorriones.

8 Yo les digo esto: Para todo el que admita ante los hombres, que est‡ en uni—n conmigo, El Hijo del Hombre tambiŽn admitir‡ unidad con este ante los mensajeros de Dios. 9 Pero, cualquiera que niegue conocerme ante los hombres, ser‡ a su vez negado ante los mensajeros de Dios. 10 Es m‡s, todo aquel que habla una palabra contra el Hijo del Hombre ser‡ perdonado, pero aquellos que blasfemen el Aliento Santo [de Dios]Éestos no ser‡n perdonados.

11 Cuando los lleven ante las sinagogas, o los gobernantes oficiales o autoridades, no se preocupen en cuanto a quŽ han de hacer; c—mo defenderse, o quŽ dir‡n, 12 porque el Aliento Santo [de Dios] les ense–ar‡ quŽ decir en aquel momento.Ó

13 Entonces, alguien entre la muchedumbre dijo: ÒMaestro, di a mi hermano que comparta su herencia conmigo.Ó

14 Y [Jesœs] pregunt—: ÒHombre, ÀquiŽn me nombr— juez o ‡rbitro en la causa entre ustedes dos?Ó 15 Entonces el dijo: ÒMantengan sus ojos abiertos y gu‡rdense de la codicia, porque la vida no proviene de poseer muchas cosas.Ó

16 Y les dio esta ilustraci—n: ÒLos campos de cierto hombre rico produjeron [una buena cosecha]. 17 as’ que empez— a pensar para s’ mismo, ÒÀquŽ harŽ, por cuanto no hay suficiente espacio ahora en la tienda para mis cosechas? 18 Y Žl dijo: HarŽ esto: ÔDerribarŽ los graneros y construirŽ unos m‡s grandes. All’ es donde pondrŽ todo mi trigo, y mis otras cosas buenas. 19 Entonces me dirŽ a mi mismo: Tienes muchas cosas guardadas para muchos a–os. De modo que ahora puedes descansarÉ come, bebe, y disfruta.

20 Pero Dios dijo, hombre tonto, esta noche, te van a pedir tu vida; Àa quiŽn entonces pertenecer‡n todas estas cosas?

21 Esto es lo que le sucede a un hombre, que guarda tesoros para s’ mismo, pero falla en no ganar riquezas con Dios.Ó

22 Entonces les dijo a sus disc’pulos: Esta es la raz—n por la cuales digo que no se preocupen por sus vidasÉ en cuanto a quŽ comer‡n, o por sus cuerpos, en cuanto a quŽ se pondr‡n. 23 Porque, su vida vale m‡s que la comida, y su cuerpo es [m‡s] valioso que la ropa. 24 Los cuervos no plantan ninguna semilla, ni tampoco cosechan, y ellos no tienen graneros o silos de almacenaje. Es as’ porque Dios los alimenta. YÉ Àcu‡nto m‡s valiosos son ustedes que simples p‡jaros?

25 ÀQuiŽn puede a–adir una pizca a la duraci—n de su vida mediante preocuparse? 26 As’, si [el preocuparse] no puede arreglar cosas peque–as, entonces por quŽ preocuparse por nada m‡s?

27 F’jense en c—mo las lilas crecen. Ellas no trabajan o hacen ropa, pero yo les digo que ni siquiera Salom—n en su gloria, fue vestido [tan bien como] una de estas. 28 Por tanto, si Dios viste tan bien a la vegetaci—n que hoy est‡ aqu’ y es echada al horno al d’a siguiente, Ácu‡nto m‡s los vestir‡ Žl a ustedes de fe peque–a!

29 De modo que dejen de buscar quŽ comer o quŽ beber, y no se preocupen en cuanto a quŽ har‡n, 30 porque estas cosas son las que las naciones persiguen. Porque su Padre sabe que ustedes necesitan estas cosas. 31 Por tanto, continœen buscando su Reino y ustedes recibir‡n el resto.

31 No se atemoricen, reba–o peque–o, porque su Padre ha accedido darles el Reino. 33 As’, vendan todas las cosas que poseen, y dŽnselas a los que las necesitan. H‡ganse maletas que no se gastanÉ tesoros en el cielo que nunca fallan, donde no hay ladrones o moho que los consuman. 34 Porque, donde est‡n sus tesoros, all’ es donde estar‡n sus corazones tambiŽn.

35 Por tanto, Áp—nganse su ropa de trabajo, enciendan sus l‡mparas 36 y actœen como hombres que esperan el retorno de su amo para su casamiento!; [y] as’, cuando el llegue y toque, puedan abrir [las puertas] enseguida. 37 Porque aquellos esclavos a quienes se encuentre vigilando cuando su amo llegue, ser‡n bendecidos. 39 Noten esto: Si el amo de la casa, hubiera sabido cu‡ndo el ladr—n iba a llegar, hubiese estado vigilando y no hubiese permitido que su casa fuera violada. 40 Ustedes tambiŽn, ÁmantŽnganse listos! Porque el Hijo del Hombre vendr‡ a una hora que ustedes consideren poco probable.Ó

40 Entonces Pedro pregunt—: ÒSe–or, ÀEst‡s dando esta ilustraci—n solo para nosotros, o para todos?Ó

42 Y el Se–or dijo: ÒÀQuiŽn realmente es el fiel mayordomo de la casa, el sabio a quien su amo puso sobre sus amigos fieles, para proveer toda su comida en el tiempo apropiado? 43 Este esclavo es bendito si se lo encuentra haciendo esto, Ácuando su amo llegue! 44 Les digo la verdad; ÁŽl lo pondr‡ a cargo de todo lo que Žl posee! 45 Pero si este esclavo alguna vez dijera en su coraz—n: ÔMi amo ha demorado su retornoÕ, y comenzara a golpear a los sirvientes, machos y hembras; [y] entonces hace fiestas, bebe y se emborracha, 46 el amo de este esclavo llegar‡ en un d’a y una hora en que no se lo espera, y lo azotar‡ y lo enviar‡ con los infieles.

47 El esclavo que sabe lo que su amo espera, y no prepara la comida que este quiere, ser‡ azotado con un l‡tigo muchas veces. 48 Pero aquellos que no entienden, y hacen cosas por las cuales merecen ser azoados, estos ser‡ azotados con pocos [golpes]. Porque, de aquellos a quienes se ha puesto a cargo de mucho, se les exigir‡ tambiŽn mucho.

49 Yo vine a comenzar un fuego en la tierra, de modo que, ÀquŽ m‡s puedo esperar sino que ya se haya encendido? 50Yo tengo un bautismo que debo aguantar, y yo estoy siendo presionado hasta el momento en que se complete.

51 ÀPensaron ustedes que vine a traer paz a la tierra? ÁYo les digo que no!

M‡s bien, Áhe venido a traer divisi—n! 52 Porque de hoy en adelante habr‡n cinco en una casa, que estar‡n divididos contra [otros] dos, y dos contra tres. 53 Un padre estar‡ dividido contra su hijo, y un hijo [estar‡] contra su padre; una madre [estar‡] contra su hija, y una hija contra su madre; suegra contra nuera, y nuera contra suegra.Ó

54 Entonces dijo a la muchedumbre: ÒCuando ustedes ven una nube subiendo en el oeste, dicen que una tormenta se aproximaÉ y eso mismo sucede. 55 Entonces, cuando el viento sopla desde el sur, ustedes dicen que habr‡ una ola de calorÉ y sucede. 56 ÁHip—critas! Ustedes saben leer la tierra y el cielo, entoncesÉ Àpor quŽ no pueden tambiŽn leer los tiempos?

57 TambiŽn, Àporque no juzgan lo que es justo por ustedes mismos? 8 Por ejemplo, cuando llevan un caso ante un gobernante, traten de resolverlo mientras est‡n en camino, ÀquiŽn entonces los entregar‡ al comisario, y quiŽn entonces los meter‡ en la c‡rcel? 59 Yo les digo, ustedes no saldr‡n, a menos que hayan pagado hasta el œltimo centavo.Ó

Capitulo 13

1 Para ese tiempo, algunos que all’ estaban le relataron acerca de ciertos galileos cuya sangre Pilatos hab’a mezclado con los sacrificios de ellos [mismos]. 2 Entonces Jesœs pregunt—: ÒÀCreen ustedes que aquellos galileos eran peores pecadores que todos los otros galileos, [solamente] porque sufrieron estas cosas? 3 ÁNo! Yo les digo que si no se arrepienten, todos ustedes tambiŽn ser‡n destruidos. 4 O aquellos dieciocho sobre quienes cay— la torre de Siloam y los mat—, Àcreen ustedes que estos eran peores pecadores que el resto de gente que vive en JerusalŽn? 5 ÁNo! Yo les digo que, si ustedes no se arrepienten, todos ustedes ser‡n destruidos de la misma manera.

6 Un hombre ten’a un ‡rbol de higo en su vi–edo; y cuando vino a este en busca de fruto, no pudo encontrar ninguno. 7 Entonces dijo a la persona que cuidaba el vi–edo: ÔPor tres a–os he venido en busca de fruto de este ‡rbol, y todav’a no he encontrado ninguno, por tanto, Ác—rtenlo! ÀPor quŽ raz—n ha de ocupar tanto espacio?Õ

8 Sin embargo, [el cuidador del vi–edo] respondi—: ÔAmo, dŽjalo por solamente un a–o m‡s, para que lo cultive y le ponga fertilizante. 9 Entonces, si produce fruto en el futuroÉ pero si no, debes cortarlo.Õ

9 Ahora bien, Žl estaba ense–ando en una de las sinagogas en S‡bado, 11donde {Ámiren!} hab’a una mujer que hab’a estado muy dŽbil por dieciocho a–os. Ella estaba doblada y no pod’a enderezarse. 12 Y cuando Jesœs vio esto, Jesœs la llam— y le dijo: ÒMujer, has sido librada de esta en debilidad.Ó 13 Entonces puso sus manos sobre ella y esta se enderez— al instante y empez— a glorificar a Dios.

14 Pero el presidente de la sinagoga se resinti— por esto, porque Jesœs hizo esta curaci—n en s‡bado. De modo que dijo a la muchedumbre: Hay seis d’as, [que es cuando] el trabajo se debe hacer. Vengan y sean curados durante esos d’as, no en el s‡bado.

15 Sin embargo, el Se–or respondi—: ÒHip—critas, Àno sacan ustedes a sus bueyes o asnos de sus establos y los conducen para que beban, en s‡bado? 16 Porque esta es una hija de Abraham, y el Opositor la ha mantenido atada {Ámiren!} ÁPor unos dieciocho a–os! ÀNo era apropiado para ella el haber sido desatada de este tipo de amarre en s‡bado?Ó

17 Pues, despuŽs que hubo dicho esto, todos los que se le opon’an se avergonzaron, mientras la muchedumbre empez— a regocijarse sobre las cosa gloriosas que hizo.

18 Entonces dijo a continuaci—n: ÒÀC—mo ser‡ el Reino de Dios? ÀA quŽ se puede comparar? 19 Es como una semilla de mostaza, que un hombre plant— en su jard’n, la cual creci— hasta parecerse a un ‡rbol, donde los p‡jaros del cielo anidaban en sus ramas.Ó

20 Y de nuevo, dijo: ÒÀA quŽ debo comparar el Reino de Dios? 21 Es como levadura que una mujer escondi— dentro de tres grandes medidas de harina, hasta que la masa subi— y toda ella estaba llena de levadura.Ó

22 Pues, Žl viaj— de ciudad en ciudad y de aldea en aldea, ense–ando, mientras continuaba su camino a JerusalŽn.

23 Entonces alguien pregunt—: ÒÀSe–or, se salvar‡n solo unos pocos?Ó

24 Y Žl les dijo: ÒLuchen para entrar por la puerta angosta, porque yo les digo que muchos tratar‡n de entrar, pero, simplemente no tendr‡n la fuerza suficiente. 25 DespuŽs que el Amo de la casa se levante y asegure la puerta, si aœn est‡n parados afuera, golpeando y gritando: ÔSe–or ‡brenosÕ, Žl dir‡, ÔYo no sŽ de d—nde eres.Õ

26 Entonces ustedes dir‡n: ÔPero si comimos y bebimos contigo, y nos ense–aste todas las calles principales.Õ

27 ÔPero el responder‡, yo no sŽ de d—nde son. V‡yanse de m’ ustedes obradores de injusticia!

28 Aqu’ es donde ser‡n el llanto y el sonar de los dientes: cuando vean a Abraham, Isaac, Jacob, y todos los profetas en el Reino de Dios, pero ustedes sean arrojados afuera. 29 Ellos vendr‡n desde el este, oeste, norte, y del sur, y ser reclinar‡n a la mesa en el Reino de Dios. 30 {ÁMiren!} Sin embargo, aquellos que son los œltimos, ser‡n los primeros, y aquellos que son los primeros, ser‡n los œltimos.Ó

31 En esa misma hora, algunos fariseos vinieron y le dijeron: ÒMejor ser‡ que te vayas, porque Herodes quiere matarte.Ó

33 Pero Žl respondi—: ÒVayan y d’ganle a ese zorro {ÁMiren!} estoy expulsando demonios y curando hoy y ma–ana, y que terminarŽ en el d’a siguiente, porque no est‡ permitido destruir un profeta fuera de JerusalŽn.

34 Oh JerusalŽn, JerusalŽn, asesina de profetas, y apedreadora de aquellos a quienes se envi— a ti; ÁCu‡ntas veces quise reunir a tus hijos, tal como la gallina reœne a sus politos bajo sus alasÉpero eso no es lo que tu quisiste. 35 ÁMiren! Tu casa te ha sido arrebatada! Y yo te digo que definitivamente no me ver‡s nuevamente, hasta que digas, ÁAlabado sea el que come en el nombre de Jehov‡!Ó

Capitulo 14

1 En cierta ocasi—n cuando [Jesœs] asisti— a una comida en la casa de uno de los gobernantes de los fariseos, en un s‡badoÉ y todos lo examinaban muy de cerca; 2 entonces, {Ámiren!} un hombre que ten’a hidropes’a vino hacia Žl. 3 De modo que Jesœs le pregunt— a los estudiados en la Ley (y a los fariseos): ÒÀEs legal curar en un s‡bado o no? 4 Pero ellos no quer’an responder.

Por tanto se encarg— del hombre, lo cur—, y lo despach—. 5 DespuŽs de esto pregunt—: ÒSi tu hijo o tu toro llegan a caer en un pozo durante un s‡bado, ÀquiŽn de ustedes no lo sacar’a inmediatamente?

6 Y no les fue posible responderle.

7 Luego, despuŽs de notar c—mo los invitados escog’an los mejores lugares a la mesa, les dio esta ilustraci—n: 8 ÒCuando alguien los invite a un banquete de bodas, no se reclinen en los lugares m‡s prominentes. Porque, si alguien m‡s ilustre que ustedes ha sido invitado, 9 el anfitri—n entonces vendr‡ y les dir‡: ÔDeja que ese hombre se siente en ese puesto.Õ 10 As’, cuando ustedes estŽn invitados, vayan y recl’nense en el œltimo lugar. Y cuando el hombre que los invit— llegue dir‡: ÔAmigo, escoge un mejor asientoÕ. Entonces ser‡s honrado ante todos los invitados. 11 As’, cualquiera que se promueve a s’ mismo ser‡ humillado, y aquellos que son humildes ser‡n ensalzados.

12 Entonces el dijo al hombre que lo hab’a invitado: ÒCuando ofreces una cena o una merienda, no llames a tus amigos o tus hermanos, o tus parientes y vecinos ricos, porque ellos te pagar‡n si te invitan de vuelta. 13 Pero, cuando sea que des un banquete, invita a los pobres y a los lisiados, lo mismo que a los cojos y a los ciegos. 14 Entonces ser‡s bendecido, porque ellos no tienen nada con quŽ pagarte, y a ti se te pagar‡ en la resurrecci—n de los justos.

15 Pues, cuando uno de los invitados escuch— esto dijo a [Jesœs]: ÒAquellos que comen pan en el Reino de Dios son benditos.Ó

16 Y [Jesœs] respondi—: ÒHubo una vez un hombre que prepar— una gran merienda, e invit— a muchos a comŽrsela. 17 De modo que envi— a su esclavo afuera - cuando la merienda estuvo lista- a avisar a aquellos que estaban invitados: ÒÁVengan, porque todo est‡ listo ya!Ó 18 Pero, entonces todos empezaron a excusarse. El primero dijo: ÒTengo que ir a cuidar el campo que comprŽ. Por favor excœsame.Ó 19 Otro dijo: ÒAcabo de comprar cinco pares de bueyes, y debo ir a examinarlos. Por favor excœsame.Ó 20 Aœn otro dijo: ÒAcabo de casarme, y por eso no puedo ir ahora.Ó

21 Pues bien, cuando el esclavo regres— y report— estas cosas a su amo, el amo de la casa se enoj— much’simo, y le dijo a su esclavo: ÒVe, r‡pidamente, a las calles principales de la ciudad y sus alrededores, y trae a los pobres y los lisiados, lo mismo que a los ciegos y los lisiados.Ó

22 Y luego, el esclavo dijo a su amo: ÒHe hecho todo lo que ordenaste, pero todav’a hay mucho espacio.Ó

23 De modo que el amo le dijo: ÒÁVe a los caminos y a los patios, y haz que vengan para que mi casa estŽ llena! 24 Yo te digo que ninguno de aquellos a quienes invitŽ van a probar mi merienda.Ó

25 Ahora bien, hab’a una gran muchedumbre viajando con Žl. De modo que Žl se volvi— y les dijo: 26 ÒA menos que a los que vienen a m’, no les importen sus padres, madres, esposas, hijos, hermanos y hermanas - s’, hasta sus propias vidas- no pueden llegar a ser mis disc’pulos, 27 tampoco pueden serlo aquellos que no me siguen. Deben [tambiŽn] llevar sus postes de empalamiento.

28 ÒÀQuiŽn de ustedes que quiere construir una torre, no se sienta y calcula los costos, para poder tener lo suficiente para terminar el trabajo? 29 Porque puede ser que solamente ponga las bases, y entonces no pueda completarlo; entonces quien lo vea se burlar‡ de Žl, 30 diciendo: ÔEste hombre empez— el trabajo, pero simplemente no pudo completarlo.Õ

31 O, ÀquŽ rey, cuando est‡ marchando a la guerra contra otro, no se sienta primero y pregunta a sus consejeros, si sus diez mil tropas pueden vencer a aquel que viene con veinte mil? 32 Y si no puede hacer eso, cuando [su enemigo] todav’a est‡ lejos, manda embajadores para procurar la paz.

33 As’ que, Ádenlo por seguro! Nadie que se niega a abandonar todo lo que posee, puede [calificar] para ser mi disc’pulo.

34 La sal es buena; pero si la sal pierde su sabor, ÀquŽ valor tendr‡ como sazonador? 35 No ser‡ buena ni para tierra ni abono, de modo que la gente la tirar‡. ÁQue el que tenga o’dos escuche!Ó

Capitulo 15

1 Pues bien, todos los recaudadores de impuestos y pecadores continuaban viniendo a [Jesœs] para escucharle. 2 Como resultado, los fariseos y los escribas murmuraban: ÒEste hombre da la bienvenida a pecadores y come con ellos.Ó

3 De modo que les dio esta ilustraci—n: 4: QuiŽn de ustedes, teniendo cien ovejas, y llega a perder solamente una, dejar’a a las noventa y nueve en el campo abierto, para buscar a la perdida hasta que la encuentra? 5 Y cuando la encuentra, la levanta y la lleva en su hombro y se regocija. 6 Entonces cuando llega a casa, llama a todos sus amigos y vecinos y dice: ÔAlŽgrense junto a m’, porque he encontrado a mi oveja, la que se hab’a perdido.Õ

7 Por eso yo les digo, que hay m‡s alegr’a en el cielo, por tan solo un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no tienen necesidad de arrepentirse.

8 O cuando una mujer con diez monedas de plata, se da cuenta que ha perdido una. Ella enciende una l‡mpara, y cuidadosamente barre toda la casaÉ [y la] busca hasta encontrarla. 9 Y cuando la encuentra, llama a todos sus amigos y vecinos, y les dice: ÔAlŽgrense conmigo, porque he encontrado la moneda de plata que hab’a perdido.Õ

10 De modo que yo les digo que hay alegr’a entre los mensajeros de Dios, por cada pecador que se arrepiente.Ó

11 Entonces dijo: ÒHab’a un hombre que ten’a dos hijos. 12 El m‡s joven de los dos le dijo a su padre: ÔPadre, dame la porci—n que me corresponde como herencia.Õ Por tanto, Žl dividi— lo que ten’a con Žl. 13 Y no muchos d’as despuŽs que hubo recaudado lo suyo, se fue a un pa’s muy lejano, y all’ despilfarr— todo lo que ten’a.

14 Pues bien, despuŽs que hubo gastado [toda su plata], una hambruna vino al pa’s, y su situaci—n se volvi— desesperada. 15 Por tanto, se fue a trabajar para un ciudadano de aquel pa’s, quien lo envi— a sus campos a cuidar cerdos. 16 [Y] Ôel hasta quer’a comerse las vainas de algarrobo, con que alimentaba a aquellos cerdos, porque nadie le quer’a dar nada.

17 Entonces, finalmente recobr— el sentido, y se pregunt—: ÔÁCu‡ntos de los asalariados de mi padre tienen suficiente pan, mientras aqu’ estoy yo casi muriŽndome por la hambruna! 18 Me levantarŽ e irŽ donde mi padre y le dirŽ: Padre he pecado contra el cielo y contra ti. 19 No soy ya m‡s digno de ser llamado tu hijo, as’ es que hazme uno de tus asalariados.

20 Entonces se levant— y regres— a su padre.

Pero mientras todav’a estaba lejos, su padre lo vio y sinti— piedad [por Žl]. Entonces corri— y se abraz— a su cuello, y lo bes— tiernamente. 21 Y el hijo dijo: ÔPadre, he pecado contra el cielo y contra ti, No soy ya m‡s digno de ser llamado hijo tuyo, as’ es que hazme uno de tus asalariados.

22 Pero el padre dijo a sus esclavos, ÁR‡pido! Traigan una vestidura y p—nganselaÉ a este, Áque bendito es! Y pongan un anillo en su mano y sandalias en sus pies. 23 Entonces traigan un ternero alimentado con trigo y m‡tenlo, Ápara que comamos y nos alegremos juntos! 24 ÁPorque mi hijo que estaba muerto vive otra vezÉ el que estaba perdido ha sido encontrado!

Entonces empezaron a celebrar.

25 Ahora bien, el hijo mayor estaba fuera en los campos, y estaba regresando y escuch— [los sonidos] de una banda y [gente] bailando. 26 As’ es que llam— a uno de los sirvientes y le pregunt—: ÀQuŽ es lo que est‡ pasando?

27 Y Žl contest—: ÔTu hermano ha regresado, y tu padre mat— un ternero alimentado con trigo, porque retorn— con salud.Õ

28 Entonces el hijo se molest— y se neg— a entrar. Finalmente el padre sali— a rogarle. 29 Pero Žl dijo a su padre: ÔTe he servido como esclavo todos estos a–os, y ni una sola vez he roto tus reglas. Sin embargo, tœ nunca me diste nada m‡s que una cabra joven, para que la disfrute con mis amigos. 30 Y ahora, tan pronto llega tu hijo, quien se gast— todo lo que ten’a en prostitutas, Ámatas un ternero alimentado con trigo para Žl!

31 Pero [el padre] dijo: ÔHijo, tu siempre has estado conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. 32 Pero, ten’amos que celebrar y alegrarnos, porque tu hermano que estaba muerto, Áha vuelto a la vida! Á{El que] perdido ahora lo hemos encontrado!

Capitulo 16

1 Entonces [Jesœs} dijo a sus disc’pulos: Hab’a un hombre rico, que ten’a un mayordomo, a quien hab’an acusado falsamente de mal manejo de sus cosas. 2 De modo que, [el hombre rico] lo llam— y pregunt—: ÔÀquŽ son estas cosas que estoy oyendo acerca de ti? Entrega tus cosas, Átœ ya no eres el mayordomo [de mi] casa!

3 Entonces el [hombre] pens— para s’ mismo: ÔAhora, ÀquŽ he de hacer, dado que mi amo me est‡ quitando mi posici—n? No tengo fuerzas para excavar, y me da mucha vergŸenza pedir. 4 Yo sŽ lo que voy a hacer cuando pierda mi trabajoÉÁharŽ algo que haga que la gente me dŽ la bienvenida en sus casas!

5 Por tanto, llam— a todos los que le deb’an a su amo, y entonces pregunt— al primero: ÔÀCu‡nto le debes a mi amo?Õ

6 El respondi—: ÔNovecientos galones de aceite de oliva.Õ

Entonces le dijo: ÔAqu’, toma tu contrato; siŽntate y, r‡pidamente escribe cuatrocientos cincuenta.Õ

7 El tambiŽn pregunt— al siguiente: ÔÀY cu‡nto debes tœ?

Y respondi—: ÔTreinta y seis mil cuartos de trigo.Õ

Entonces le dijo: ÔToma tu contrato; escribe veintinueve mil.Õ

8 Pues bien, aunque era injusto, su amo lo alab—, porque actu— con buen sentido. Como ven, los hijos de esta era tienen m‡s sentido, cuando se trata de asuntos de esta generaci—n, que los hijos de la luz. 9 As’, les digo a todos ustedes que se hagan amigos para s’ mismo con las riquezas injustas [de este mundo], para que cuando todo lo dem‡s falle, ellos te den la bienvenida en sus tiendas a travŽs de las edades.

10 ÔAquel que es fiel en las cosas peque–as, lo es tambiŽn en lo mucho, mientras que quien es injusto en las cosas peque–as, lo es tambiŽn en lo mucho. 11 as’, si ustedes no han probado ser fieles con las riquezas injustas [de este mundo], ÀquiŽn les confiar‡ a lo que es verdadero? 12 Y si ustedes no han probado ser fieles con cosas que pertenecen a otros, Àcu‡l de nosotros les dar‡ lo que es nuestro?

13 Ningœn sirviente de la casa puede servir como esclavo a dos amos; porque no le va a gustar uno y amar‡ al otro, o se apegar‡ a este y despreciar‡ a aquel. As’ mismo, ustedes no pueden servir como esclavos a Dios y a la riqueza.Õ

14 ahora, los fariseos (a quienes les encantaba la plata) estaban escuchando estas cosas y buscaban alguna forma de discutir. 15 Por eso Žl les dijo: Ôustedes son los que afirman ser justos ante los hombres, pero Dios sabe [lo que est‡] en sus corazones. Cosas que son importantes a los hombres, son repugnantes a los ojos de Dios.

16 Hasta Juan estaban la Ley y los Profetas. Pero desde entonces, el Reino de Dios son buenas noticias, y todos est‡n tratando de entrar. 17 Pero es m‡s f‡cil que el cielo y la tierra se acaben, a que un pedazo de una letra de la Ley, quede sin cumplirse. 18 As’, aquel que se divorcie de su esposa, y se case con otra, comete adulterio.

19 Hab’a un hombre rico que se vest’a en pœrpura y lino, y que [adem‡s] se deleitaba en lujos cada d’a. 20 Y hab’a [tambiŽn] un hombre pobre llamado L‡zaro que sol’a sentarse en su puerta. El estaba cubierto de llagas, 21 y quer’a comer las cosas que se ca’an de la mesa del hombre rico, y los perros ven’an a lamerle todas su heridas.

22 ÔCon el tiempo, el hombre pobre muri—, y los mensajeros de Dios se lo llevaron, a la posici—n favorecida de Abraham. Entones el hombre rico muri— y fue sepultado. 23 Y de su tumba alz— los ojos, y fue atormentado porque vio a Abraham a la distancia, y a L‡zaro acostado junto a Žl. 24 Por tanto, [el hombre rico] exclam— y dijo: ÔPadre Abraham, ten misericordia e m’, y env’a a L‡zaro para que moje la punta de su dedo en agua, y enfr’e mi lengua, Porque estoy en dolor entre estas llamas.Õ

25 Pero Abraham replic—: ÔHijo, recuerda que tœ recibiste todas las cosas buenas durante tu vida, pero L‡zaro [recibi— œnicamente] cosas malas. Ahora el est‡ siendo confortado aqu’, mientras tœ est‡s all‡, en un [gran] dolor. 26 TambiŽn, un abismo ha sido colocado entre los dos, para que aquellos que est‡n aqu’ y quien ir all‡, no puedan. Ni tampoco pueden cruzar de all‡ a donde nosotros.

27 As’, Žl dijo: ÔEntonces, te pido por favor padre, que lo mandes a la casa de mi padre, 28 porque todav’a tengo cinco hermanos. Que dŽ un testimonio cabal a estos, para que no terminen en este lugar de tormento.

29 Pero Abraham dijo: ÔEllos tiene a MoisŽs y los profetas. [Tus hermanos] deben obedecerle s ellos.Õ

30 Entonces Žl dijo: ÔNo por supuesto, padre Abraham; porque si alguien es levantado de entre los muertos se arrepentir‡n.

31 Pero respondi—: ÔSi no quieren escuchar MoisŽs ni a los Profetas, tampoco ser‡n persuadidos si viene alguien levantado de entre los muertos.Õ

Capitulo 17

1 Entonces les dijo a sus disc’pulos: ÒEs inevitable que se pongan trampas. Sin embargo, ay de aquellos que las ponen! 2 Hubiera sido mejor que una piedra de molino hubiese sido colgada en su cuello, y haber sido arrojado al mar, que haber hecho tropezar a uno de estos peque–os. 3 As’ es que, presten atenci—n a s’ mismos.

Si alguna vez tu hermano comete un pecado [contra ti], ve donde Žl y discœtelo, entonces, si se arrepiente, perd—nalo. 4 Y aœn si pecara siete veces cada d’a; si regresa y dice: ÔEstoy arrepentidoÕ, debes perdonarlo.

5 Ante esto los Ap—stoles dijeron al Se–or: ÒDanos m‡s fe.Ó

6 Y el Se–or contest—: ÒSi tuvieran una fe del tama–o de una semilla de mostaza, podr’an decir a este moral, sal de la tierra y pl‡ntate en el mar [y este] les obedecer’a.

7 ÀQuiŽn de ustedes tiene un esclavo, quiŽn despuŽs de arar y atender el reba–o, le dir’ al regresar [este]: ÔVen enseguida y recl’nate a la mesaÕ? 8 Es m‡s seguro que ustedes le dir’an: ÔPrepara mi merienda, luego, ponte un delantal y s’rveme, hasta que haya terminado de comer y beber, entonces puedes buscarte algo de comer y beber [para ti].Õ

9 Ustedes no se sentir’an agradecidos al esclavo por haber hecho las cosas que le estaban asignadas, Ào s’? 10 As’ mismo ustedes, despuŽs de haber hecho lo que se les ha asignado digan: ÔSolo somos esclavos inservibles. Hemos hecho œnicamente lo que ten’amos que hacer.Ó

11 Pues bien, mientras [Jesœs] estaba en camino a JerusalŽn, viaj— a travŽs de las inmediaciones de Samaria y luego Galilea. 12 Y, mientras entraba a cierta aldea, diez hombres con lepra se pusieron de pie a cierta distancia. 13 y gritaron: ÒÁJesœs, Maestro! ÁTen misericordia de nosotros!ÓÕ

14 Y cuando Jesœs los vio, dijo: ÒVayan y presŽntense a los sacerdotes.Ó

Entonces, mientras iban, fueron limpiados. 15 Sin embargo, uno de ellos, al darse cuenta que hab’a sido curado, regres— glorificando a Dios en voz alta. 16 Entonces, cay— sobre su cara, [ante] los pies de [Jesœs], agradeciŽndole. (Este era un samaritano.)

17 De modo que Jesœs pregunt—: ÒÀNo fueron diez los [hombres] que fueron limpiados? Pues, Àd—nde est‡n los otros nueve? 18 ÀFue este hombre de otra raza el œnico que regres—, a glorificar a Dios?Ó 19 Entonces le dijo: ÒLev‡ntate y vete. Tu fe te ha salvado.Ó

20 Entonces, los fariseos le preguntaron a [Jesœs] cuando el Reino de Dios habr’a de venir. Y Žl respondi—: ÒLa venida del Reino de Dios, no ser‡ f‡cilmente observada. 21 La gente no estar‡ diciendo Ámira! Esta aqu’ o all‡, pero f’jense, Áel Reino de Dios est‡ en medio de ustedes!Ó

22 Entonces dijo a sus disc’pulos: ÒViene el tiempo que ustedes desear’an poder ver, solo uno de esos d’as del Hijo del Hombre, pero no podr‡n verlo. 23 La gente dir‡, miren ac‡, vean hacia all‡. Sin embargo, no los sigan, 24 porque el Hijo del Hombre ser‡ como un rayo, que resplandece de una parte del cielo a la otra. 25 Pero [primero] debe sufrir muchas cosas, y ser rechazado por esta generaci—n.

26 Porque, de la misma manera que ocurri— en los d’as de NoŽ, es como ser‡ en los d’as del Hijo del Hombre. 27 Ellos estaban comiendo, bebiendo, cas‡ndose y siendo desposados, hasta el d’a en que NoŽ entr— en el arca, y el diluvio vino, trayendo destrucci—n a todos. 28 Y es igual a lo que pas— en los d’as de Lot. Ellos estaban comiendo, bebiendo, comprando, vendiendo, plantando y construyendo, 29 hasta el d’a en que Lot [se fue de] Sodoma. Entonces fuego y azufre llovieron desde el cielo, trayendo destrucci—n a todos. 30 As’ es como ser‡ el d’a en que el Hijo del Hombre es revelado.

31 ÒEn aquel d’a, el hombre que estŽ en su terraza no debe bajar a su casa, para recoger sus posesiones. Y el hombre que est‡ en el campo no debe regresar por las cosas que dej— atr‡s. 32 Porque, recuerden [lo que le pas—] a la esposa de Lot.

33 Aquellos que salven sus vidas las perder‡n, pero aquellos que la entreguen volver‡n a vivir. 34 Yo les digo, que en aquella misma noche, dos estar‡n en la cama: uno [de ellos] ser‡ tomado y el otro abandonado. 35 Dos estar‡n moliendo en un solo molino: uno [de ellos] ser‡ tomado y el otro abandonado.Ó 36—

37 Por tanto le preguntaron: ÒÀD—nde suceder‡ esto Se–or?Ó

Y Žl respondi—: ÒLos buitres se reunir‡n junto al cad‡ver.Ó

Capitulo 18

1 Entonces les dio una ilustraci—n para mostrar por quŽ deb’an continuar orando y no rendirse. 2 ƒl dijo: ÒHab’a un juez en una ciudad, que no tem’a a Dios, y no se avergonzaba por causa de los hombres.3 Pero una viuda en aquella ciudad continuaba viniendo a Žl y le dec’a: ÔQuiero justicia de parte de la persona a quien he demandado en la corte.Õ

4 Pues bien, al principio Žl no hizo nada en absoluto, pero despuŽs empez— a pensar: ÔAunque no tengo temor a Dios, ni [me importa lo que diga] ningœn hombre, 5 debido a que esta viuda sigue viniendo a m’ a darme m‡s trabajo, me asegurarŽ de que se le haga justicia, para que no me moleste hasta la muerte.ÕÓ

6 Entonces el Se–or concluy—: ÒÁ[F’jense] en lo que el juez injusto dijo! 7ÀSiendo Dios paciente [como es], Àno les har‡ justicia a sus elegidos que lo llaman d’a y noche? 8 Yo les digo, Áƒl les har‡ justicia con prontitud! Sin embargo, cuando el Hijo del Hombre llegue, Àencontrar‡ fe en la tierra?Ó

9 Entonces les dio esta ilustraci—n a algunos que eran ensimismados, y que cre’an que ellos eran muy justos y que todos los dem‡s no eran nada: 10 ÒDos hombres fueron al Templo a orar; un fariseo y un recaudador de impuestos.

11 El fariseo se puso de pie y empez— a decir acerca de s’ mismo: ÔOh Dios, te agradezco, porque soy un hombre distinto a los dem‡s, los cuales son ladrones, injustos y adœlterosÉo como ese recaudador. 12 Yo ayuno dos veces cada semana, y contribuyo un dŽcimo de todo lo que recibo.Õ

13 Pero el recaudador (quiŽn estaba parado a alguna distancia), no era capaz de dirigir sus ojos hacia el cielo. Y continuaba golpe‡ndose al decir: ÔOh Dios, no te enojes conmigo [porque soy] pecador.Õ

Yo les digo, este hombre volvi— a su casa m‡s justo, porque aquellos que se ensalzan ser‡n humillados, pero aquellos que se humillan ser‡n ensalzados.Ó

15 Ahora bien, la gente empez— a traerle a los ni–itos para que Jesœs los tocase. Pero cuando los disc’pulos lo vieron, los reprendieron. 16 Sin embargo, Jesœs llam— [a los ni–os] y dijo: ÒDejen que los ni–os vengan a m’. ÁNo traten de detenerlos! Porque el Reino de Dios es para gente como ellos. 17 Yo les digo la verdad, cualquiera que no recibe el Reino de Dios como un ni–ito, no entrar‡ en Žl del todo.Ó

18 Entonces cierto gobernante le pregunt—: ÒBuen maestro, ÀquŽ debo hacer para heredar la vida en la era [que viene]?Ó

19 Y Jesœs respondi—: ÀPor quŽ me llaman bueno? Nadie es bueno excepto UnoÉDios. 20 Ustedes saben los mandamientos: ÔNo cometan adulterio, no asesinen, no roben, no den falso testimonio, honren a su padre y a su madre.Õ

21 Entonces [el gobernante] dijo: Òhe guardado estas [cosas] desde que era joven.Ó

22 Ante eso, Jesœs dijo: ÒPero todav’a hay una cosa que te falta. Vende todo lo que tienes y d‡selo a los pobres, y tendr‡s tesoros en el cielo. Entonces, ven y se mi seguidor.Ó

23 Ante esto, cuando lo escuch—, [el gobernante] se puso muy triste, porque era sumamente rico.

24 As’, Jesœs lo mir— y le dijo: ÒÁCu‡n dif’cil ser‡ para aquellos que tienen dinero, encontrar el camino al Reino de Dios! De hecho, ser’a m‡s dif’cil para un camello pasar a travŽs del ojo de una aguja, que para un hombre rico entrar en el Reino de Dios.Ó

26Entonces aquellos que lo escucharon preguntaron: ÒEntonces, ÀquiŽn puede salvarse?Ó

27 Y Žl respondi—: ÒCosas imposibles para los hombres, son posibles para Dios.Ó

28 Pero Pedro dijo: ÒMira, hemos dejado todo y te hemos seguido.Ó

29 Y Jesœs les dijo: ÒYo les dio la verdad; nadie ha dejado una casa, o una esposa, o hermanos, o padres o hijos, por causa del Reino de Dios, 30 que no reciba muchas veces m‡s en este tiempo, y vida en la era que viene.Ó

31 Entonces llev— aparte a los doce y les dijo: ÒMiren, vamos a JerusalŽn y todo lo que los profetas escribieron acerca del Hijo del Hombre se cumplir‡ ahora mismo. 32 ƒl ser‡ entregado a las naciones y se burlar‡n de Žl; ser‡ tratado de manera vergonzosa y se le escupir‡. 33 Y despuŽs de azotarlo con un l‡tigo, lo asesinar‡n. Pero entonces, al tercer d’a, ser‡ resucitado.Ó

34 Sin embargo, ellos [simplemente] no entendieron el significado de ninguna de estas cosas, porque lo que dec’a estaba escondido de ellos para que no pudieran entender.

35 Ahora, mientras se aproximaba a Jeric—, hab’a un hombre ciego sentado a un lado del camino, mendigando. 36 Y mientras escuchaba pasar la muchedumbre, pregunt— quŽ suced’a. 37 Y ellos respondieron: ÒÁJesœs el Nazareno est‡ viniendo!Ó

38 Pues bien, ante eso grit—: ÒÁJesœs, Hijo de David, ten misericordia de mi!

39 Y aquellos que caminaban adelante, le advirtieron que se mantuviera callado. Pero el grit— aœn m‡s fuerte: ÒÁHijo de David, ten misericordia de mi!Ó

40 Entonces Jesœs se detuvo orden— que lo trajeran. Y cuando lleg—, [Jesœs] pregunt—: 41 ÒÀQuŽ quieres que haga por ti?Ó

El respondi—: ÒSe–or, Áhaz que vea otra vez!Ó

42 A continuaci—n Jesœs dijo: ÒEntonces, que veas otra vezÉporque tu fe te ha salvado.Ó 43 E instant‡neamente su visi—n retorn— y Žl empez— a seguir a [Jesœs], glorificando a Dios. La gente al ver estas cosas, tambiŽn alab— a Dios.

Capitulo 19

1 DespuŽs de eso, [Jesœs] empez— a viajar a travŽs de Jeric—. 2 Y {Ámiren!} hab’a all’ un hombre rico llamado Zaqueo, quien era el jefe de los recaudadores de impuestos, 3 y quer’a ver quiŽn era este Jesœs, pero no pod’a hacerlo a causa de la muchedumbre, porque era corto de estatura. 4 De modo quecorri— y subi— a un ‡rbol de higo para verlo, porque por esa direcci—n iba Jesœs.

5 Ahora, cuando Jesœs lleg— a aquel sitio, mir— hacia arriba y dijo: ÒZaqueo, apœrate y baja del ‡rbol, porque hoy me quedo en tu casa.Ó

6 Ante esto, Žl se apur— en bajar, muy feliz de poderlo recibir como huŽsped. 7 Pero cuando [las muchedumbres] vieron esto, todos empezaron a murmurar: ÒÁVa a pasar la noche en casa de un hombre que es un pecador!Ó

8 Pero Zaqueo se incorpor— y dijo al Se–or: ÒSe–or, yo darŽ la mitad de mis pertenencias a los pobres; y cualquier cosa que haya obtenido de alguien mediante extorsi—n y acusaciones falsas, lo repagarŽ cuatro veces.Ó

9 Entonces Jesœs dijo: ÒHoy la salvaci—n ha venido a esta casa.Ó [Ustedes ven], Žl tambiŽn es un hijo de Abraham. 10 Porque el hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido.Ó

Mientras escuchaban estas cosas, les dijo otra ilustraci—n, porque estaba acerc‡ndose a JerusalŽn, y ellos pensaban que el Reino de Dios estaba a punto de ocurrir, instant‡neamente. 12 De modo que dijo: ÒCierto hombre, de noble nacimiento, viaj— a un pa’s muy lejano, para ser nombrado rey, y luego regres—. 13 Entonces llam— a diez de sus esclavos, y les dio a cada uno una moneda grande, de plata, y les dijo: ÒNegocien [con esto] hasta mi regreso. 14 No obstante, [algunos] de sus sœbditos lo odiaban, y enviaron un grupo de embajadores a decir: ÒÁNo queremos que Žl gobierne sobre nosotros!Ó

15 Pues bien, cuando regres— despuŽs de haber sido nombrado rey, convoc— a sus esclavos para preguntarles a quiŽn le hab’an dado la plata, y cu‡nto hab’an ganado en la negociaci—n. 16 entonces, el primer vino y dijo: ÒSe–or, tu moneda ha ganado diez monedas de plata.Ó

17 As’, Žl dijo: ÔÁBien hecho buen esclavo! Y ya que te has probado fiel en cosas peque–as, te nombr— sobre diez ciudades.Õ

18 Entonces el segundo [esclavo] vino y dijo: ÔSe–or, tu moneda gan— cinco monedas de plata.Õ

19 Entonces le dijo a este: ÔTu estar‡s sobre cinco ciudades.Õ

20 Pero otro vino y dijo: ÔSe–or aqu’ est‡ la moneda de plata [que tœ me diste]; yo la envolv’ en un pa–uelo. Tuve miedo, porque tœ eres hombre rudo, que recoge lo que no ha sembrado, y cosecha donde no planta.Õ

22 Entonces el amo respondi—: ÔOh esclavo inicuo, [por las palabras que salen] de tu boca, yo te juzgo. Ya que sab’as que soy hombre rudo, que recojo lo que no sembrŽ y cosecho donde no plantŽ. 23 Entonces, Àpor quŽ no pusiste mi moneda en el banco, para que a mi regreso pudiese cobrar interŽs?Õ

24 Ante esto dijo a aquellos que estaban parados junto a Žl: ÔÁTomen la moneda y dŽnsela al que tiene diez!

25 Entonces dijeron: ÔPero, Se–or, ÁŽl ya tiene diez monedas!

26 ÔYo les digo esto: a aquellos que tienen, m‡s les ser‡ dado; pero lo quetienen, les ser‡ quitado a aquellos que no tienen. 27 Ahora, tr‡iganme a mis enemigos, que no me quieren como rey, y degŸŽllenlos en mi delante.ÕÓ

28 As’, despuŽs que hubo dicho estas cosas, se puso en camino hacia JerusalŽn. 29 Y cuando se acerc— a BetfaguŽ y Betania, [cerca de] la colina llamada monte de los Olivos, envi— adelante a dos de sus disc’pulos, 30 y les dijo: ÒVayan a la aldea de enfrente, y cuando entren [en ella], van a encontrar un burro joven amarrado que nunca ha sido montado. Des‡tenlo y tr‡iganlo. 31 Y si alguien pregunta por quŽ lo est‡n desatando, solo d’ganles que el Se–or lo necesita.Ó

32 [Y sucedi— que] los que fueron enviados encontraron las cosas justamente como Žl dijo. 33 Y mientras ellos desataban el burro, los due–os preguntaron: ÒÀPor quŽ est‡n desatando el burro?

34 Y ellos respondieron: ÒEl Se–or lo necesita.Ó 35 Entonces ellos lo llevaron a Jesœs, pusieron sus mantos sobre el burro, he hicieron que Jesœs se sentara [sobre ellos]. 36 Y mientras viajaban, de continuo pon’an mantas en el camino. 37 Entonces, tan pronto como se acerc— al camino que baja del Monte de los Olivos [entrando a JerusalŽn], enormes muchedumbres de disc’pulos empezaron a regocijarse y a alabar a Dios, gritando a voz en cuello todos los actos poderosos que hab’an visto, 38 diciendo: ÒÁAlabado sea el que viene como Rey en el nombre de Jehov‡! ÁPaz en el cielo y gloria en los lugares m‡s elevados!

39 Sin embargo, algunos de los fariseos entre la muchedumbre vinieron y dijeron: ÒÁMaestro, reprende a tus disc’pulos!Ó

40 Pero Žl les respondi—: ÒYo les digo que si ellos se quedasen callados, Álas piedras estar’an gritando!

41 Y cuando se acerc—, mir— a la ciudad y llor— por ella, 42 diciendo: ÒSi supieras las cosas que llevan a la pazÉ pero ahora estas han sido escondidas de tus ojos. 43 Porque, los d’as llegar‡n cuando tus enemigos vengan, y edifiquen un fuerte con estacas puntiagudas a tu alrededor, y te rodear‡n completamenteÉ entonces ellos vendr‡n a ti a la fuerza por todos lados. 44 Ellos van a arrasarte junto con tus hijos, y no dejar‡n piedra sobre piedra, porque no reconociste el tiempo de tu inspecci—n.Ó

45 Entonces entr— al templo y empez— a expulsar a los vendedores, 46 diciŽndoles: ÒEst‡ escrito: ÔMi casa ser‡ una casa de oraci—n, Ápero ustedes la han convertido en un refugio de ladrones!Ó

47 [Y despuŽs de esto], ense–o en el templo todos los d’as. Pero los sacerdotes principales, escribas y gente prominente buscaban destruirlo. 48 Sin embargo no encontraban manera, porque toda la gente se quedaba a escucharle.

Capitulo 20

1 Un d’a, mientras Žl estaba ense–ando a la gente en el templo y predicando las buenas nuevas, los sacerdotes principales, los escribas y los ancianos, se le acercaron y preguntaron: ÒDinos, Àde d—nde obtuviste la autoridad para hacer estas cosas, y quiŽn te dio esa autoridad?Ó

De manera que Žl respondi—: ÒDŽjenme hacerles una pregunta y ustedes me dir‡n. 4 ÀEra el bautismo de Juan proveniente del cielo o de los hombres?Ó

5 Entonces ellos se juntaron y razonaron entre ellos, diciendo: ÒSi decimos que del cielo, nos preguntar‡: ÔEntonces, Àpor quŽ no le creyeron?Õ 6 Pero si decimos, de los hombres, toda la gente nos apedrear‡; porque ellos creen que Juan era un profeta.Ó 7 Por tanto respondieron que no sab’an de d—nde proven’a.

8 Y Jesœs dijo: ÒEntonces yo no les digo de d—nde obtuve la autoridad para hacer estas cosas.Ó

9 Luego de esto, les dio esta ilustraci—n: ÒEn cierta ocasi—n, un hombre plant— una vi–a, y la encarg— por contrato a unos labradores, y viaj— al extranjero por largo tiempo. 10 Entonces cuando lleg— el tiempo de [la cosecha], envi— un esclavo a los labradores, para pedirles algo del fruto de la vi–a. Pero los labradores lo hicieron azotar y los enviaron con las manos vac’as.

11 DespuŽs de esto, [el hombre] hizo lo mismo otra vez, pero envi— un esclavo diferente. Pues tambiŽn flagelaron y deshonraron a este tambiŽn, y lo enviaron con las manos vac’as.

12 Entonces les envi— un tercero, al cual [tambiŽn] maltrataron y expulsaron.

13 Ante esto, el due–o de la vi–a dijo: ÒÀQuŽ harŽ? Yo le enviarŽ a mi hijo [a quiŽn] amo tiernamente. Estoy seguro que a Žl lo respetar‡n.Ó

14 Pues bien, cuando los labradores lo vieron, lo discutieron [entre ellos] y decidieron: ÒEste es el heredero. MatŽmoslo para que la herencia sea nuestra. 15 Con esto, lo lanzaron afuera y lo asesinaron.

 16 Bueno pues, ÀquŽ piensan ustedes que el due–o de la vi–a har‡? 16 ÁEl vendr‡ y destruir‡ a aquellos labradores, y encargar‡ la vi–a a otros!Ó

Pues, cuando ellos oyeron esto, dijeron: ÒÁQue nunca ocurra esto!Ó

17 Pero Žl los mir— y dijo: ÒEntonces, Àcu‡l es el significado del dicho que se escribi—: Ôla piedra que los edificadores rechazaron, lleg— a ser la piedra angular [principal], 18 y quien caiga sobre esta piedra ser‡ despedazado, y lo que sea sobre lo que esta cae, ser‡ aplastado?Ó

19 Pues bien, entonces los escribas y sacerdotes principales buscaban formas de atraparlo, pero tem’an a la gente. Esto es porque reconoc’an que la ilustraci—n [que Žl utiliz—] era acerca de ellos.

20 Mientras lo vigilaban de cerca, enviaron hombres que pretend’an ser justos para inducirlo con astucia a decir algo que pudiera darles una raz—n para entregarlo al gobierno y al poder del gobernador. 21 De modo que le preguntaron: ÒMaestro, sabemos que lo que dices y lo que ense–as es correcto. Y que no te dejas enga–ar por la apariencia de ningœn hombre. Tœ ense–as con verdad el camino de Dios. 22 Por tanto, ÀHemos de pagar los impuestos al Cesar o no?Ó

23 Pues bien, d‡ndose cuenta lo que pretend’an, dijo: 24 ÒMuŽstrame una moneda. ÀLa imagen de quiŽn y la inscripci—n de quiŽn est‡ en ella?

Entonces dijeron: ÒDe Cesar.Ó

25 Entonces respondi—: ÒPues entonces, paguen de vuelta a Cesar, las cosas de Cesar, pero a Dios las cosas de Dios.Ó

26 De modo que ellos no pod’an atraparlo en nada que dec’a a la gente. Solamente [pod’an] asombrarse por sus respuestas; y no dec’an nada.

27 Sin embargo, algunos de los Saduceos (quienes dicen que no hay resurrecci—n) se acercaron y preguntaron, 28 ÒMaestro, MoisŽs escribi— que si el hermano de un hombre muere dejando a su esposa sin hijos, su hermano debe tomar la esposa de su hermano, y levantar descendencia para Žl. 29 Ahora, digamos que hab’an siete hermanos. El primero tom— una esposa y muri— sin hijos. 30 Luego, el segundo, y 31 entonces el tercero la tom—, y lo mismo pas— a los siete. Todos ellos murieron sin hijos. 32 Finalmente, la mujer tambiŽn muri—. 33 Entonces, Àla esposa de quiŽn ser‡ ella en la resurrecci—n, ya que los siete la tuvieron como esposa?

34 Jesœs respondi—: ÒLos hijos de esta era se casan y se dan en matrimonio, 35 pero aquellos que han sido encontrados dignos de aquella [nueva] era, y de la resurrecci—n de los muertos no se casan, ni se dan en matrimonio. 36 Y ellos no pueden morir ya m‡s, porque son iguales que los mensajeros [de Dios], y ellos son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrecci—n.

37 Porque, hasta MoisŽs mostr— que los muertos ser‡n levantados. Porque cuando [estaba] frente al espinal, llam— a Jehov‡ el Dios de Abraham, Isaac, y de Jacob. 38 Por tanto, ƒl no es un Dios de los muertos, pero de los vivos, porque para ƒl, todos viven.

39 Entonces uno de los escribas dijo: ÒMaestro, esa fue una buena respuesta.Ó 40 DespuŽs de eso, no tuvieron el coraje de preguntarle nada m‡s.

41 Entonces [Jesœs] les pregunt—: ÒÀPor quŽ dicen ellos que ÒEl UngidoÓ es hijo de David? 42 Porque David mismo dice en el libro de los Salmos: ÒJehov‡ dijo a mi Se–or: ÒSiŽntate a mi derecha 43 hasta que ponga a tus enemigos como banquillo para tus pies.Ó 44 Por tanto, si David lo llama Se–or, Àc—mo puede este ser su hijo?Ó

45 Y mientras toda la gente escuchaba, dijo a sus disc’pulos: ÒCœidense de los escribas, a quienes les gusta pasearse en ropajes para ser saludados en los mercados, [as’ como] tener los asientos principales en las sinagogas [y] los primeros lugares en las cenas. 47 DespuŽs se tragan las casas de las viudas y esconden sus intenciones mediante ofrecer largas oraciones. Ellos recibir‡n un juicio m‡s severo.Ó

Capitulo 21

1 Ahora, mientras observaba, mir— a los ricos dejando sus regalos en las ‡nforas [del Templo]. 2 Entonces vio a una pobre viuda depositar dos monedas peque–as. 3 Y Žl dijo: ÒYo les digo la verdad, aunque esta viuda es pobre, ella deposit— m‡s que todos ellos. 4 Porque, ellos dieron regalos de lo que les sobra, pero esta persona en necesidad, don— todo su medio de vida.Ó

5 Entonces, mientras algunos discut’an sobre el Templo- cu‡n fino es su trabajo en piedra y la forma hermosa en que est‡ adornado-6 dijo: ÒÀVen ustedes todas estas cosas? Los d’as vendr‡n cuando no habr‡ piedra sobre piedra que no sea derribada.Ó

7 Entonces le preguntaron: ÒMaestro, cu‡ndo suceder‡n estas cosas, y ÀquŽ se–al estar‡ all’ cuando estas cosas estŽn a punto de ocurrir?Ó

8 El dijo: ÒCuidado que no sean extraviados, porque muchos vendr‡n en mi nombre y dir‡n: ÔYo soy aquelÕ, y Ôel tiempo ha llegadoÕ. Pero no los sigan. 9 Cuando ustedes oigan de guerras y des—rdenes, no se atemoricen. Es necesario que estas cosas sucedan primero, pero el fin no viene inmediatamente.Ó

10 Entonces les dijo: ÒNaci—n se levantar‡ contra naci—n y reino contra reino 11 y habr‡n muchos desastres naturales [y] muy grandes. Habr‡ tambiŽn plagas y escaseces de alimentos en muchos lugares, adem‡s de escenas horrorizantes y grandes se–ales en el cielo.

12 Pero antes que esto ocurra, la gente los agarrar‡y los perseguir‡, entonces los entregar‡n a las sinagogas y a las prisiones, y los arrastrar‡n ante reyes y gobernadorespor causa de mi nombre. 13 Esto ser‡ su se–al.

14 EstŽn determinados a no planear su defensa de antemano, 15 porque yo les darŽ una boca y sabidur’a que nadie que miente sobre ustedes podr‡ resistir y contradecir.

16 Pero hasta sus padres, hermanos, parientes y amigos los traicionar‡n, y a algunos de ustedes los matar‡n. 17 Todos los repudiar‡n por causa de mi nombre. 18 No obstante, ni un pelo de de sus cabezas ser‡ destruido, 19 porque por su aguante ganar‡n sus vidas.

20 ÒCuando vean ejŽrcitos acampados alrededor de JerusalŽn, sepan que la destrucci—n est‡ cerca. 21 Entonces, aquellos en Judea deben escapar a las monta–as; aquellos dentro de ella deben salir; y aquellos en el campo no deben entrar, 22 porque aquellos ser‡n los d’as de la venganza y del cumplimiento de todas las cosas que fueron escritas.

23 Hay de aquellas que estŽn en cinta y de aquellas que estŽn amamantando bebŽs en aquellos d’as, porque habr‡n muchas escaseces en el pa’s, mientras la ira de Dios se muestra a estas personas. 24 Ellos ser‡n degollados con espadas o ser‡n exiliados a las naciones como cautivos. Y JerusalŽn ser‡ pisoteada por las naciones hasta que se cumplan los tiempos de las naciones.

25 Habr‡ se–ales en el sol, luna y estrellas. Y en la tierra, las naciones estar‡n agobiadas y confundidas a causa de la agitaci—n y el rugido del mar, 26 mientras los hombres se desmayan por el temor y la expectaci—npor las cosas que suceder‡n en la tierra. Porque, los poderes de los cielos ser‡n sacudidos; 27 y entonces ver‡n al Hijo del Hombre viniendo en una nube con poder y gran gloria. 28 Pero mientras estas cosas comienzan a suceder, yŽrganse y levanten sus cabezas, porque su salvaci—n se est‡ acercando.Ó 29 Entonces les dio esta ilustraci—n: ÒObserven al ‡rbol de higo y a todos los otros Ôarboles. 30 Cuando empiezan a echar capullos, ustedes pueden por ustedes mismos que el verano est‡ cerca. 31 Del mismo modo, cuando ustedes vean suceder estas cosas, sepan que el Reino de Dios est‡ cerca. 32 Yo les digo la verdad; este per’odo de tiempo no pasar‡, antes que todas estas cosas se cumplan. 33 La tierra y el cielo dejar‡n de ser, pero mis palabras no dejar‡n de ser.

34 Presten atenci—n a ustedes mismos, para que sus corazones no llegue a estar pesados por la glotoner’a, [o con] beber en demas’a y las preocupaciones de la vida; y que aquel d’a no los atrape instant‡neamente 35 como un lazo; porque vendr‡ sobre la superficie de toda la tierra. 36 Por tanto, mantŽnganse despiertos durante todo tiempo, rogando ser suficientemente fuertes para escapar de todas las cosas que est‡n a punto de suceder, y [poder] estar de pie ante el Hijo del Hombre.Ó

37 [Jesœs] ense–aba en el templo durante el d’a, y por la noche sal’a a las afueras y acampaba en una colina llamada Monte de los Olivos. 38 Entonces toda la gente ven’a al templo temprano por la ma–ana para o’rle.

 

 

 

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